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P. Pegueros: “Joseph Ratzinger hablaba de San Pedro Damián. ¿Qué nos enseñó el Papa Emérito Benedicto XVI sobre este santo?... ¿Por qué lo considera una de las personalidades más significativas del siglo XI?... Dios bendiga su ministerio…”

Damián Ayala Chagolla (Quiroga, Mich.).

El pasado jueves 28 de febrero se cumplieron 6 años de la renuncia del Papa Benedicto al gobierno de la Iglesia Católica. Había manifestado su voluntad de retirarse el 11 de febrero de 2012, a partir del último día de febrero.

Esta decisión la tomó el Papa porque “Dios me pidió dedicarme a la oración y a la meditación”, según sus propias palabras. Algo tan poco usual en la Iglesia trajo consigo diversas reacciones. El Cardenal Angelo Sodano declaró: ”Fue como un trueno en un cielo sereno”. Y para el cardenal Herranz: “Un acto de humildad porque desprenderse del poder no es moneda de todos los días”.

Ciertamente se trató de un acto del Papa sabio, prudente, valeroso, humilde y realista como ha podido comprobarse a lo largo de estos 6 años.

El miércoles 9 de septiembre de 2009, en la audiencia general, Benedicto habló de San Pedro Damián como una de las grandes figuras en la historia de la Iglesia, siendo un ejemplo para todo bautizado, pero de manera especial para el mismo Papa, ya que ambos tienen muchos puntos en común.

Pedro nació en Ravena, Italia el 1007 de familia noble, pero pobre. Se quedó huérfano al morir sus padres y su infancia se llenó de sufrimientos a pesar de que hermana Rosalinda se esforzó en desempeñarse como madre. Su hermano mayor, Damián, lo adoptó, por lo cual, en adelante él se firmó como Pedro Damián. Estudió en Faenza y luego en Parma. Ya a los 25 años lo encontramos como maestro famoso de Parma, especialista en el arte de escribir y gran latinista.

A los 27 años la contemplación de lo absoluto de Dios lo llevó a renunciar a todo para entrar al convento camaldulense de Fonte Avellana. Hombre sabio, tenía planes de pasar su vida en el estudio, la oración y el silencio. Pero su preparación y sus virtudes lo fueron empujando a muchas actividades, fue elegido como Superior de su convento, reformó la Orden Camaldulense, hizo nuevas fundaciones, y aquel hombre con vocación de ermitaño se vio convertido, por orden del Papa, en Cardenal-Obispo de Ostia y legado suyo.

A dos días de su elección, Benedicto fue a visitar a sus amigos y colaboradores de la Congregación para la Doctrina de la Fe y les confesó: “Cuando lo votos se repetían y sentí que la guillotina se aproximaba, dije ‘¡Señor, no me hagas esto’...” El hombre sabio y con vocación a escribir y estudiar tiene que ceder al llamado de Dios para gobernar su barca.

San Pedro Damián fue principalmente hombre de oración, pero también un gran teólogo. Expone con claridad la doctrina sobre la vida trinitaria de Dios y sobre Cristo, siempre con aplicaciones a la vida cristiana. Regresa al Convento, lo mismo hizo Benedicto al elegir su vida actual de oración y contemplación.