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Alberto Calderón Ramírez

San Nicolás Obispo, antiguamente llamado Parángareo, que en purépecha significa “lugar del fogón elevado”, es un pequeño pueblo con más de 450 años de antigüedad, que se localiza a unos 20 kms al poniente de Morelia. Fue evangelizado por los Frailes Franciscanos, quienes, también, según la tradición, edificaron la iglesia de esta comunidad y colaboraron para el desarrollo humano y económico de la misma.

Actualmente, San Nicolás Obispo es una de las 14 Tenencias que integran el Municipio de Morelia. cuenta con todos los servicios básicos, así como con caminos pavimentados que conectan con la ciudad de Morelia. Con más de 5 mil habitantes, este pueblo de raíces indígenas subsiste del comercio, la agricultura, la ganadería, de las remesas que envían los numerosos emigrados que radican en los Estados Unidos, y de los más de 70 talleres donde se labra la piedra para elaborar enseres domésticos, como los molcajetes y los metates.

De una piedra, a una figura artesanal

Desde tiempos inmemoriales, este pueblo se ha distinguido por su reconocida técnica artesanal llamada “lapidaria”, que consiste en darle forma a una simple piedra para crear los tradicionales molcajetes, metates y diversas figuras artesanales, que son comercializadas tanto en la comunidad como en otros estados del país y también en los Estados Unidos.

Actualmente, más de 70 talleres, instalados en los patios de los hogares –en donde familias completas se dedican a la fabricación sobre todo de enseres para la cocina– son testimonio de una tradición antiquísima, que se fue trasmitiendo de padres a hijos, tal vez –según los artesanos– desde los primeros pobladores de esta comunidad.

Para estos artesanos, la jornada empieza muy temprano cada mañana, todos van al Cerro del Remolino, frente al pueblo, para excavar y sacar las piedras idóneas con las que pueden elaborar sus artesanías; cargan los animales y regresan a los talleres para poder empezar a trabajar. Por todo el pueblo se puede escuchar durante todo el día el golpeteo del marro, el cincel y las herramientas modernas que ya se utilizan para el acabado de las figuras que se elaboran en cada taller.

De dos a tres horas le lleva a cada artesano elaborar una figura, ya sea un molcajete, un metate o alguna otra artesanía de piedra, como lapiceras, tequileros, vasos para mezcal y artículos de ornato, todas de una sola pieza; por eso se dice que los auténticos molcajetes hechos a mano, de una sola piedra, los hacen en San Nicolás Obispo.

Según los artesanos, cada taller elabora de cuatro a cinco figurar por día, sobre todo molcajetes, los cuales se comercializan en la comunidad, pero también en otros Estado del país y ya también en los Estados Unidos, con precios que van desde los 150 hasta los 2,500 pesos, dependiendo del tamaño y la forma de la figura.

Cabe destacar que, desde hace cuatro años, en el mes de diciembre, se ha venido realizando la “Feria del Molcajete” en esta comunidad, con el apoyo de las autoridades municipales y estatales, con la finalidad de ampliar la exposición y la venta de estas artesanías; el año pasado, los artesanos de la comunidad se unieron para crear el molcajete más grande del mundo, de tres toneladas, de tres metros de diámetro y un metro de altura, que fue colocado en la plaza principal del pueblo, en donde para esa ocasión también se preparó un guacamole que se compartió con los visitantes.

Estos utensilios son testimonio de una tradición de muchos años, que se fue heredando de generación en generación, sin muchos detalles ornamentales en las figuras. Los artesanos, de manos callosas por el cincel y el marro, ponen todo su conocimiento y su corazón para realizar estupendos objetos que son utilizados en los hogares de miles de familias.

Templo de San Nicolás Obispo, herencia de los Frailes Franciscanos

Uno de los emblemas de esta comunidad es sin duda el templo dedicado al Patrono, San Nicolás Obispo, que en sus orígenes fuera doctrina de los Franciscanos, y que actualmente está inscrito pastoralmente a la Parroquia de San Isidro Iztícuaro. Su fachada; aunque está rematada por cornisa y remates barrocos, deja sentir la fuerza del plateresco en sus jambas, que se adornan con flores.

Sobre el arco de acceso, en un sillar de cantera se encuentra la siguiente inscripción: “Se hizo esta casa de San Nicolás Obispo a expensas del Sr. Doctor y Cura Bachiller don Antonio Gil de Hoyos, año de 1722”. Mientras que en el portón, se lee la fecha de 1774.

La nave está cubierta por un techo a dos aguas y el interior por viguería y tablones de los que penden restos de un sencillo alfarje de herencia mudéjar.

Al norte de la nave, se aprecia el campanario, elaborado con piedra y adobe cubierto con madera y teja a cuatro aguas, en el que se lee la fecha 1730. En el interior, cuenta con un retablo de madera estufada en oro con sus columnas salomónicas, y al centro la imagen de San Nicolás Obispo. En el altar, también se encuentra un antiquísimo Cristo que, según la tradición, está elaborado de pasta de caña de maíz.

El templo conserva buena parte del atrio, en el que se encuentra una extraordinaria cruz atrial, formada por un monolito de cantera, decorada con relieves y esgrafiados que aluden a la Orden Franciscana y a la Pasión de Cristo, llamando la atención las llagas de los brazos, que más parecen motivos vegetales.