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Semanario Comunidad Cristiana


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1º de Mayo Nº 335, Centro, Morelia, Mich.


OREJA

“Y si la verdad se ha de decir, necesario es que así se diga. Que untar el casco y quebrar el ojo o... disimular lo malo y callar la verdad, yo no sé si es de prudentes y discretos.
Pero cierto sé que no es de mi condición ni cosa que callando yo, haya de disimular, aprobar ni consentir, mientras a hablar me obligue el cargo”.
(Vasco de Quiroga en su parecer contra la esclavitud).

Poder conocer a un personaje a través de sus escritos es sin duda una gran experiencia, y más lo será conocer a Don Vasco a través de sí mismo, es decir, directamente de sus escritos, ya que es muy diferente conocerlo a través de quienes lo interpretan o creen interpretarlo, y conozco varios casos de quienes lo malinterpretan.
¿Cómo podríamos definir en pocas palabras la recia personalidad y el arduo quehacer de don Vasco de Quiroga?
Don Vasco fue un hombre excepcional por su tenacidad y valor; por su honestidad, fortaleza, caridad, por su gran fe. Tesonero humanista; incansable batallador por la justicia; diplomático; oidor; educador; legislador; innovador en arquitectura eclesial y en urbanismo; arquitecto; fundador de ciudades, y de pueblos-hospitales; letrado; evangelizador; promotor social; visionario; sacerdote; primer Obispo de Michoacán; decidido pastor favorecedor de su grey y acérrimo defensor del derecho de los pueblos originarios a tener un trato digno e igualitario, entre otros aspectos que de él se pueden recordar.
No es posible entender la actuación del Quiroga jurista sin conocer su entorno y las circunstancias que se dieron a su alrededor y las que originaron su actuación y proceder.
De profundas raíces gallegas, cuyos orígenes se pierden en el remoto y tenue amanecer del alto Medievo, la connotada familia Keiroga había tomado con orgullo su apellido de la pequeña pero importante villa situada cerca del transitado camino de Santiago, en la actual Provincia de Lugo. Sus umbrosos bosques y quebrados montes ocultaban los restos de añejos castillos que ostentaban en sus labras las heroicas historias de cruentas batallas, que a trozos contaban las hazañas de sus valerosos antepasados, ilustres caballeros de las órdenes de Santiago y San Juan de Jerusalén.
En las grandes reuniones familiares, el pequeño Vasco de Keiroga y Alonso de la Cárcel escuchaba con asombro de los labios de su padre, don Vasco de Queiroga, Gobernador del Priorazgo de San Juan, las andanzas de sus heroicos ancestros.
No menos interesantes le parecían a los tres hijos escuchar a su madre, doña María Alonso de la Cárcel, cómo en la Villa de Arévalo, donde ella naciera, que sus tíos y abuelos también escenificaron rudas peleas para defender el castillo de los moros.
Ahí en Madrigal, luego apellidada de las Altas Torres, en medio de la extensa y larga llanura castellana denominada La Moraña, vio la luz primera Vasco de Quiroga en un año que unos decires ponen en 1470 –como es nuestra opinión–, otros en 1480 y otros algo más tarde. Años más, años menos que no inciden en una vida tan longeva como plena de acción.

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Siendo aún joven, pidió ingresar como postulante a la Orden Militar de San Juan de Jerusalén, sabiendo de antemano los rigores que debería sufrir. Pasó un año de noviciado y preparación que por lo general se hacía en la Isla de Rodas.
Firmemente grabada quedó por siempre en su memoria el venturoso día de su profesión como Caballero, jurando guardar los tres votos esenciales: la obediencia, la pobreza y la castidad. De rodillas sobre un cojín de terciopelo carmesí, vestido todo de blanco y llevando en la mano un cirio encendido, escuchó con devoción la Misa; cerca de él, en una mesa se encontraban las resplandecientes espuelas doradas, la espada envainada y el misal cerrado. Sus ojos brillaron intensamente cuando se le dijo: “Caballero, tomad esta espada. Por su filo está inflamada por la Fe, por la punta la Esperanza y por la guarnición la Caridad, ¿Juras usarla para defender por siempre y a costa de tu vida a los pobres injustamente oprimidos, a las viudas y a los huérfanos y a defender por siempre la Fe Católica?” El “¡Sí juro!” resonó por toda la iglesia y quedó grabado firmemente en su corazón. Su destino estaba escrito.
Ya Caballero, decidió continuar sus estudios, primero como bachiller y luego los superiores, recorriendo seguramente el viejo y famoso camino que une a su villa natal de Madrigal con la señorial y universitaria Salamanca, la reina de las universidades hispanas, donde renombrados maestros impartían las mejores cátedras de su tiempo, las que cursó con gran dedicación y empeño; sea donde hubiere estudiado no hay duda de que tuvo excelentes maestros que le dejaron profunda huella en sus actuaciones judiciales. ¡Y vaya que le sirvieron como eficaces herramientas en su largo desempeño como impartidor de justicia y jurista! ¡Hombre modelo para aprender, para enseñar y para actuar!
La presencia del joven abogado en la Corte fue constante, como comisionado en importantes negocios, uno de ellos le llevó a la recién conquistada Orán, en África, a finales de 1524, como Juez de Residencia, y más tarde como parte de la embajada que firmará el tratado de paz entre el rey de Tremecén y el Emperador Carlos V, quien lo confirmó en la ciudad de Granada, donde se encontraba también Don Vasco. Estos ires y venires le permitieron a Quiroga conocer de cerca los trabajos que en la cercana Santa Fe se realizaban para convertir a los musulmanes infieles al cristianismo. Pronto tendrá oportunidad de seguir el ejemplo.
Para el año de 1529 lo encontramos en Murcia en alguna real comisión y ahí recibió el llamado urgente de la Reina Gobernadora, doña Isabel de Portugal, para que marchara inmediatamente a Madrid con el objeto de tratar con él “...algunas cosas de nuestro real servicio...”. Don Vasco acató la orden y se presentó ante la Reina, que le ofreció la delicada misión de marchar a la Nueva España como Oidor de la Real Audiencia.
Llegado a la Nueva España al finalizar 1530, se dedicó de inmediato y de tiempo completo a la resolución de todos los problemas grandes y pequeños junto con sus compañeros oidores de la Real Audiencia.
No podemos entender la magnitud de sus trabajos sin antes recordar la desastrosa actuación de la Primera Audiencia encabezada por Nuño Beltrán de Guzmán. Toda la Colonia se encontraba en efervescencia. Por eso se necesitaba que los nuevos oidores e impartidores del derecho fueran de tal capacidad, honestidad y firmeza, que lograran apaciguar los ánimos con imparcialidad y justicia. Los naturales clamaban por ella y pedían la devolución de sus propiedades, el respeto a sus pueblos y familias; el regreso de sus hermanos de sangre arrancados de sus casas y comunidades y obligados a trabajar en largas y extenuantes jornadas. En el centro de esa vorágine se encontraban Quiroga y los otros oidores de la Audiencia, trabajando incansablemente en agotadores días, resolviendo con gran dedicación y entusiasmo caso por caso, y teniendo siempre presente, como primer principio, la justicia. La Audiencia tenía múltiples funciones: ejecutivas, legislativas, judiciales, administrativas, fiscales, militares y una intensa gama de encargos.
Y a su llegada se encontró con recios personajes que disputaban fuertemente su influencia e insistían en imponer a como fuera su voluntad y a sus subordinados para obtener la mayor cantidad de riquezas a costa de los naturales, entre estos personajes encontramos a Hernán Cortés, a Nuño de Guzmán, al Cabildo de la Ciudad de México, etc. y todos los encomenderos (como varios de ellos que fueron sometidos por los oidores al orden: Juan Infante, Gonzalo Ruiz, Jerónimo López, etc., ocasionarán posteriormente grandes procesos contra Don Vasco, ya siendo obispo.)
Escuchemos lo que Quiroga decía al respecto a través de su misma palabra escrita, cuando se refiere a la férrea defensa de los pueblos originarios y su manifiesta oposición a la despiadada esclavitud, a pesar de que en ocasiones los mismos naturales aceptaban ser esclavizados y herrados:
“...No es justo que nadie se enriquezca con pérdida ajena... (y si los naturales hubieren estado de acuerdo en ser esclavos)... ningún pacto particular ni por servicio ni transcurso de tiempo (...puede el natural) perder su condición de hombre libre, pues es y ha sido libre.” ¿Qué es menos mal: perder la vida o caer en manos de este hierro?, porque el herrado ha de ir necesariamente a parar a la sepultura de las minas, donde no solamente morirá una vez, y esta sería muy breve, sino que el tiempo que viviera, morirá viviendo como en el mismo infierno... (Y en cuanto que abandonan los pueblos y se huyen). Lo que hacen estos pobres naturales es huirse a los montes y breñas, porque con tantas crueldades que les hacemos los tenemos espantadizos e indómitos, huyéndose y escondiéndose en los resquicios de las peñas, de toda gente española, como de la misma muerte y pestilencia, que parece que por doquiera que van los españoles los sigue, pero no se rebelan como nosotros impropiamente decimos, sino toman el huir, como la liebre, como defensa natural, y así huyen las ovejas delante de los lobos y escóndense tristes de miedo y temor. Cierto que muy grande y cargosa ceguedad es ésta...”
En Michoacán, la provincia se encontraba también muy revuelta, tanto por el cobarde asesinato del Gran Cazonzi como por los maltratos y despojos a los michoacanos, muy particularmente por los encomenderos y corregidores. A ella vino Quiroga y logró también apaciguar los ánimos y castigar a quienes infringían la ley y daban malos tratos a los indios.
De estos años (1532-1533) datan las fundaciones de los Pueblos-Hospitales de Santa Fe tanto de México como de la Laguna, verdaderos oasis para los mexicas y tarascos. Su principal objetivo era lograr reunir en un lugar a los naturales para que se les enseñara a trabajar la tierra con nuevas técnicas, los oficios, artes y la religión sin que fueran oprimidos y vejados, para que aprendieran dentro de un nuevo orden y respeto tanto entre ellos mismos como para con los demás. El producto de su trabajo sería repartido según sus necesidades, se agruparían en familia y en largas casas así denominadas, y una vez cristianizados y educados se les regresaría a sus lugares de origen como catequistas para continuar su misión:
Por las lecturas de sus escritos, hemos visto que Don Vasco no es un simple imitador de la Utopía de Moro, lo que sería negarle a Don Vasco su creatividad, pues es sin duda un gran innovador que se apoya en elementos hispanos, y en general europeos, que entremezcla con los nativos.
La intención de crear pueblos nuevos ya la expresa en 1531, a los tres meses de su arribo. Con buenas obras, decía Quiroga, era como se debería de pacificar a los indios: En su “Información en Derecho”, Don Vasco decía:
“...estos naturales no eran ni son enemigos nuestros, pues no nos molestaban... ni tampoco enemigos del nombre cristiano, sino solamente infieles, que nunca habían tenido noticia del cristianismo y que no merecen, por ser sólo infieles, ser guerreados por fuerza de armas ni violencias, sino que con buenos ejemplos de obras, y persuasiones y predicación de palabras... (ellos) de ver esta bondad (en nosotros) se admirasen, y admirándose, creyesen, y creyendo se convirtiesen y edificasen... Ni siquiera en el Antiguo Testamento, cuando había que tomar con mano armada la tierra de infieles, en ninguna parte leo que se haya declarado la guerra a alguien por el simple hecho de no ser creyente...”
De su actuación como jurista, es decir, como quien se dedica al estudio del Derecho y lo ejerce como profesión, considero, con los documentos de que tenemos noticia (8 mil hojas) al menos, cuatro etapas por ahora:
1. La primera, que irá desde la terminación de su carrera como “abogado” y el ejercicio de su profesión como litigante en un lapso que podría estimarse desde 1490 a 1523. (De esta etapa no tenemos por ahora ninguna documentación).
2. 1524-1530. Como Juez de residencia (y diplomático) en el Norte de África, concretamente en la nueva colonia hispana de Orán, tan sólo se han podido documentar por ahora dos expedientes (debe haber varios más): el de Glaudio Bundilión, genovés... y sus consortes... contra el licenciado Alonso Páez de Ribera, corregidor que fue de Orán sobre ciertos fardeles de bordates, en 1525 (bultos de tela, eran 85 que tomó aquél y no pagó: y otro en 1526 como demandado por el licenciado Liminiana por haber anulado una sentencia que como juez de residencia dio Quiroga. anulando una sentencia de aquél, ambos ya publicados.
3. 1531-1538 (1531-36, oidor, aunque fue oidor-obispo) nombrado, electo, consagrado, y tomando posesión de su obispado. Es una fundamental etapa, de la cual desafortunadamente se ha estudiado muy poco sobre su excepcional quehacer. Una parte significativa de este periodo se resume en el Juicio de Residencia (recientemente publicado) y que se realizó a los oidores de la Segunda Audiencia, en la que tuvo una muy destacada actuación Don Vasco.
4. Obispo-Litigante (de 1536-38 hasta su fallecimiento en 1565). Es la etapa de la que se tiene abundante documentación y la que nos permite conocer a Don Vasco ejerciendo activamente su profesión como jurista y su cargo episcopal.
De la misma destacan los siguientes procesos:
• Con Juan Infante por los pueblos de la Laguna, uno de ellos consta de 2,328 páginas. Las fechas van de 1539 hasta 1575.
• Con el Obispo Zumárraga por límites y Diezmos, de sus Obispados (1539-1554), son dos muy interesantes expedientes, en el que abundan valiosos escritos entre estos dos célebres personajes. Colateral a éste viene un larguísimo expediente, en el cual el Obispado de Michoacán y Arzobispado de México reclaman la pertenencia de Querétaro y sus diezmos, consta de 3,254 páginas (se extiende hasta 1584).
• Otro interesante caso fue el de las fuertes diferencias entre el Obispado de la Nueva Galicia y el de Michoacán por diezmos y limites (hay cinco expedientes) (1550-1570).
• Sobre el Hospital de Santa Fe de México hay otros dos importantes procesos:
a) EI que se dio entre el Marqués del Valle, Martín Cortés, y Quiroga en 1547 por querer aquél tomar posesión del Hospital, diciendo que sus tierras le pertenecían.
b) Entre Gonzalo Ruiz, regidor de México, y Quiroga, por el que el primero pide que los naturales de Santa Fe paguen tributo (han sido exentos de ellos por Real Acuerdo) (hay otros dos más que se darán a la muerte de Don Vasco).
• Sobre la construcción de la magna Catedral del Obispado en la Ciudad de Michoacán-Pátzcuaro, hay cuatro valiosos expedientes.
• Sobre la fundación de la Ciudad de Michoacán. (Son las diferencias entre los encomenderos que se rehúsan a vivir en Pátzcuaro y exigen que se haga la capital provincial y sede episcopal en la Ciudad de Michoacán-Guayangareo [1541-1552]).
• Otros de gran importancia se dieron con los Agustinos y Franciscanos por jurisdicción. Hay otros cortos pero significativos que omitimos.
• La Información en Derecho de 1535, valioso documento en el cual Quiroga da su parecer contra el mandato real de poder hacer nuevamente esclavos de guerra en 1534.
Dos sólidas columnas fortalecieron siempre a Don Vasco: su gran fe y religiosidad y su pasión por la recta aplicación de la justicia y el derecho. Él es congruente entre el pensar y el hacer como hombre honesto, responsable y recto, un hombre de gran misericordia a quien la gran fe es la que lo animará siempre.
La intención que tenemos de rescatar este tipo de documentos no es por un valor arqueológico-documental ni traer al presente historias antiguas por mera curiosidad, ya que en estos escritos hemos visto cómo Don Vasco fue pionero en muchos aspectos jurídicos: en los juicios orales, reglamentación de las horas de trabajo, distribución agraria, igualdad de derechos, derecho a la educación, entre otros; y, en esencia: de los derechos humanos.
El decidido actuar de Don Vasco tiene ahora el enorme valor de ser una reflexión, un modelo y una aplicación práctica para la solución de muchos de nuestros problemas actuales, problemas a veces ocasionados por una aguda crisis no sólo económica sino política, social y jurídica. ¿Qué es entonces lo que hizo Don Vasco para que, a través de los siglos, coincidan todas las generaciones en alabar su grandeza?
A 485 años de su arribo y 451 de su muerte, reflexionando sobre tan importante humanista, concluimos que fue el fundador de la michoacanidad nueva, basada en un mestizaje, en la unión no solamente física sino intelectual de dos de los grandes y heterogéneos mosaicos culturales que resumen lo mejor de ambos mundos, de lo mejor de su tiempo y de su espacio, y que podemos dejar como ejemplo a nuestras generaciones y con gran orgullo la herencia de este defensor acérrimo de la Justicia. Don Vasco es sin lugar a dudas el mejor sinónimo del hombre justo, de quien quiso siempre educar en la verdad, del hombre todo servicio, del hombre de la fe viva, hombre derecho y de derecho y el hombre que siempre tuvo la grande e inquebrantable fe en el hombre mismo...
Terminemos recordando dos comentarios, de los muchos que sobre la actuación jurista de Don Vasco se dijeron, ambos en el Juicio de Residencia: Hernando de Herrera: “...que todos los oidores lo hacían muy bien, pero de ellos lo hacía mejor el licenciado Quiroga:..”
Y Fray Juan de Zumárraga expresó: Que “se maravillaba cómo podían sufrir (tanto trabajo) y que sabe que algunos llegaron a punto de morir de puro trabajo especial y corporal que hacían... mirando siempre el bien común de la tierra, y haciendo a todos justicia por igual y deseándola hacer y acertar en ella, sin parcialidad ni aceptaciones de personas particulares, sin cohechos, sobornos, ni tratos en granjerías, siempre con mucha limpieza y como muy buenos jueces y rectos y limpios y teniendo [todo aquello que] los buenos jueces deben tener”.
¡Sin duda, México y Michoacán tienen una gran deuda con él...!

* Ponencia del autor en el acto de entrega de la Presea “Vasco de Quiroga” al Lic. José Antonio Estrada Sámano, por la Barra Michoacana-Colegio de Abogados, A.C..

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