14y15 10 Alberto Calderón Ramírez

“He venido para agradecer a Dios junto a ustedes sus alegrías y esperanzas, y poner en manos de Dios sus fatigas y compromisos, sus ideales y aspiraciones que han experimentado como Misioneras Trabajadoras Sociales de la Iglesia a lo largo de 50 años”, expresó el Sr. Arzobispo Don Carlos Garfias Merlos en la Eucaristía que tuvo lugar en iglesia Catedral el sábado 14 de septiembre, con motivo de las Bodas de Oro de la fundación del Instituto de las Misioneras Trabajadoras Sociales de la Iglesia.

Más de treinta sacerdotes, así como el Sr. Cardenal D. Alberto Suárez Inda, el Arzobispo de Acapulco Mons. Leopoldo González, el Obispo Emérito Mons. Octavio Villegas, el Obispo de Cd. Lázaro Cárdenas D. Armado Antonio Ortiz Aguirre, y Mons. Joseph J. Tyson, de Yakima, Washington (EE UU), acompañaron a las hermanas religiosas de este Instituto, quienes con profunda alegría dieron gracias a Dios por este aniversario en la Eucaristía solemne de mediodía.

En la Santa Misa, D. Carlos, ante todo, reconoció la labor apostólica de este instituto en la Iglesia a lo largo de 50 años: “Queridas hermanas, Trabajadoras Sociales de la Iglesia, su Instituto de Vida Consagrada a lo largo de 50 años ha dado muchos frutos en la Iglesia, se ha visto enriquecida con vocaciones… en sus distintos servicios en la pastoral han confiado en Cristo, ustedes han sido roca para muchas personas, en su contacto con las personas en sus distintos apostolados han dejado ver el rostro del amor y la misericordia de Dios, sobre todo en aquellos que más necesitan de cariño, de atención, de amor, de ternura… gracias porque con su entrega apostólica han sido piedras que construyen…”, les dijo.

Las exhortó a seguir colaborando en la Iglesia con testimonio y compromiso de servir a los demás: “Como Instituto de Vida Consagrada, celebren juntas las maravillas que el Señor ha realizado en cada una de ustedes, descubran con una mirada más clara los rayos de la divina belleza derramados por el Espíritu en sus vidas y en su Instituto, para hacer más viva la conciencia de su insustituible misión en la Iglesia y en el mundo. Vivimos en un mundo agitado y distraído, lleno de violencias y de sufrimiento… que ustedes y todos los consagrados, comprometidos a veces en trabajos difíciles, volvamos a la fuente de nuestra vocación, a hacer un balance de la vida y a renovar el compromiso de nuestra propia consagración. Den con alegría testimonio a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo de que Dios es el Amor, capaz de colmar el corazón de la persona humana en las diversas situaciones de la vida, en Cristo su Hijo, nuestra Paz”, expresó don Carlos.

El Pastor Diocesano concluyó agradeciendo a las Hermanas que han integrado este Instituto religioso por sus entrega al servicio de la Iglesia, “en esta acción de gracias quiero decirles: gracias por su entrega generosa, por su servicio social a la Iglesia, gracias por su vida consagrada que llena de alegría, da sabor al mundo y es una presencia viva del amor de Dios en medio de nuestras comunidades”.

Historia y caminar del Instituto Religioso.

El Instituto de «Misioneras Trabajadoras Sociales de la Iglesia» es un Instituto religioso de derecho diocesano, que nació al impulso del Espíritu Santo el 14 de septiembre de 1969, en la Parroquia de Santiago Apóstol, en Contepec, Mich.

El 13 de diciembre de 1972 fue reconocida como Pía Unión, con el nombre de Misioneras Trabajadoras Sociales de la Iglesia. Su fundador es el Muy Ilustre Señor Canónigo Don José Mariano Pascual Ramón Oseguera Cano. Recibieron la aprobación como Instituto religioso de derecho diocesano el día 6 de mayo de 1982 por el Excmo. Sr. Arzobispo de Morelia D. Estanislao Alcaraz Figueroa.

La R.M. Argelia Fernández Fernández, de las Siervas del Sagrado Corazón y Hermanas de los Pobres, colaboró en el inicio de la obra. Posteriormente, el 19 de abril de 1971, se incorpora la R.M. Mª Elena Villicaña Rangel, de las Misioneras Eucarísticas de la Santísima Trinidad, quien pide un permiso especial a su Congregación para apoyar en la obra recién iniciada, y quien se incorpora definitivamente al Instituto el día 6 de mayo de 1982.

Cuando el P. Ramón Oseguera Cano (del Presbiterio de Morelia) llega a la Parroquia de Santiago Contepec en julio de 1955, se encuentra con una realidad que lo interpela. La situación del pueblo no es fácil, existía marginación, pobreza y falta de oportunidades. Carecían de servicios básicos, como agua potable, electricidad y drenaje. El alcoholismo y el maltrato a las mujeres –a causa del machismo– estaba muy presente.

Por este tiempo, la construcción del templo parroquial estaba inconclusa, además no había casa sacerdotal. El analfabetismo era un factor determinante. Además, el miedo coartaba la libertad de expresión.

Ante esta realidad tan compleja, el P. Ramón Oseguera se encomendó a Dios y, como buen promotor social, empezó a trabajar a brazo partido, a pesar de los obstáculos que encontraba en el camino. Como padre celoso de las almas a él encomendadas, se le veía atravesar los barrancos pedregosos a caballo para cumplir su ministerio sacerdotal.

Tomando como base el texto de Mt 25, 40b: “Lo que hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, Conmigo lo hicieron”, realizó varias obras sociales, entre ellas la construcción de la casa sacerdotal, la casa social y el Colegio “Tata Vasco”, también realizó los trámites necesarios para obtener la introducción del agua potable, la energía eléctrica y el teléfono; a su vez, concluyó la construcción del templo parroquial.

Mientras más trabajaba, más quería trabajar para la gloria de Dios y en beneficio de los demás, así que por ese entonces pensó en formar a un grupo de jóvenes como trabajadoras sociales, para que éstas fueran un brazo fuerte en la parroquia, y es así como en 1965 funda la Escuela de Trabajo Social, mejor conocida como “Casa Social”.

Sin embargo, su anhelo va más allá, y después de mucho orar, reflexionar y pedir consejo a su confesor, el M.I. Sr. Arzobispo D. Manuel Martín del Campo, descubre que Dios, en su bondad y misericordia, lo llama a una misión especial: fundar una Congregación de Religiosas que se dediquen a promover al ser humano de manera integral.

Es así como inicia el caminar de este Instituto religioso, cuyo fin es la honra y gloria de la Santísima Trinidad. El apostolado específico que realizan es el servicio a Dios en los hermanos, tratando de conseguir su bienestar material para poder llegar más fácilmente al espiritual.

Ejercen su servicio por medio de la evangelización, la catequesis y la intensa promoción humana, favoreciendo la transformación del ambiente.