14y15 1de1 Quiroga 11Juan Luis Valdovinos/Francisco Hernández

La fiesta de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor fue instituida en 1849 por el Papa Pío IX. En el año 1960, dispuso Juan XXIII introducir en las letanías de la Bendición eucarística la alabanza: “Bendita sea su Preciosísima Sangre”.

La extraordinaria importancia de la Sangre salvadora ha hecho que su memoria tenga un lugar central y esencial en la celebración del misterio del culto. Ante todo, en el centro mismo de la Asamblea Eucarística, en la que la Iglesia eleva a Dios Padre, en acción de gracias, el “cáliz de la bendición” (1 Cor 10,16) y lo ofrece a los fieles como sacramento de verdadera y real “comunión con la Sangre de Cristo” (1 Cor 10,16), y también en el curso del Año Litúrgico.

La Iglesia conmemora el misterio de la Sangre, no sólo en la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Señor, en el jueves siguiente a la solemnidad de la Santísima Trinidad, sino también en otras muchas celebraciones, de manera que la memoria cultual de la Sangre que nos ha rescatado (1 Pe 1,18) está presente durante todo el Año. Así, en el Tiempo de Navidad, en las Vísperas, la Iglesia, dirigiéndose a Cristo canta: “Nosotros los redimidos por tu sangre, en el día de tu nacimiento te cantamos un himno nuevo”. Y en el Triduo Pascual, el valor y la eficacia redentora de la Sangre de Cristo son conmemoradas y adoradas constantemente. El Viernes Santo, durante la adoración de la Cruz, resuena el canto: “Traspasado el Cuerpo manso, de donde brotó la Sangre que lavó la tierra, el mar y los astros”.

El culto de latría (adoración) a la Sangre de Cristo

Jesús, en la Última Cena, le atribuye a su Preciosa Sangre el mismo poder dador de vida que corresponde a su Carne. Los Apóstoles, San Pedro (1 Ped. 1,2.19), San Juan (1 Jn. 1.7; Ap. 1,5 etc.), y sobre todo San Pablo ( Rom. 3,25; Ef. 1,7; Heb. 9,10) la consideran como sinónimo de Pasión y Muerte de Jesús, la fuente de redención.

La Preciosa Sangre es por tanto una parte de la sagrada humanidad y está hipostáticamente unida a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Vista como una parte de la Sacra Humanidad hipostáticamente unida al Verbo, la Preciosa Sangre merece culto de latría o adoración. Puede también, como el Corazón o las Llagas de las cuales fluyó, ser singularizada para honor especial.

En el transcurso del tiempo, la Iglesia dio forma y sanción a la devoción, mediante la aprobación de sociedades como los Misioneros de la Preciosa Sangre; enriqueciendo confraternidades como la de San Nicolás in Carcere, en Roma, y la del Oratorio de Londres.

Atribuyendo indulgencias a oraciones y escapularios en honor de la Preciosa Sangre; y estableciendo fiestas conmemorativas de la Preciosa Sangre: el viernes siguiente al cuarto domingo de Cuaresma y, desde Pio IX, el primer domingo de julio.

Instauración de la fiesta

Al principio, el Oficio se concedió sólo a la Congregación de la Preciosísima Sangre. Más tarde, como uno de los oficios de los viernes de Cuaresma, fue asignado al viernes después del cuarto domingo de Cuaresma.

Cuando Pío IX fue exiliado a Gaeta (1849) tenía como su compañero el santo Don Giovanni Merlini, tercer superior general de los Padres de la Preciosísima Sangre.

Al llegar a Gaeta, Merlini le sugirió a Su Santidad que hiciera un voto de que si el volvía a obtener la posesión de los dominios papales, extendería la fiesta de la Preciosa Sangre a toda la Iglesia.

El Papa consideró el asunto, pero pocos días después envió a su prelado doméstico Jos. Stella a Merlini con el mensaje:

“El Papa no considera oportuno obligarse por un voto, sino que Su Santidad se complace en extender la fiesta inmediatamente a toda la cristiandad”.

Esto fue el 30 de junio 1849, día en que los franceses conquistaron a Roma y los republicanos capitularon. El 30 de junio había sido un sábado antes del primer domingo de julio, por lo cual el Papa decretó (10 de agosto de 1849) que en adelante cada primer domingo de julio debe estar dedicado a la Preciosísima Sangre.

En la Arquidiócesis de Morelia

Entre las Parroquia de nuestra diócesis, las de San Diego de Alcalá, de Quiroga y la de Nuestra Señora del Socorro de Yuriria, Gto., se destacan por una devoción especial a la preciosas Sangre de Cristo. En esta última, de hecho, se le hacen dos grandes festejos: el primer domingo de julio y el 1ºde enero.

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La imagen del Señor de la Preciosa Sangre de Quiroga es una escultura ligera de bulto redondo y tamaño natural, policromada en su totalidad, que representa a un hombre delgado cuyo cuerpo se encuentra en posición perpendicular a sus brazos cruciformes al representar a Jesús crucificado. Tiene su cabello, barba y bigote tallados, lleva una corona de espinas sobre su cabeza y se encuentra semidesnudo ataviado sólo con un cendal.

El rostro del hombre desfallece hacia su lado derecho y lleva sus ojos entrecerrados al igual que su boca, en clara señal de que ha muerto. La policromía de su cuerpo reprodujo los múltiples golpes y heridas que Jesús recibió en su recorrido al Monte Calvario, destacando las llagas de sus rodillas por las caídas sufridas durante su Pasión y la herida del costado, provocada por la lanza del soldado. Las manos y los pies del Señor de la Preciosa Sangre se encuentran traspasados por tres clavos metálicos que lo mantienen sujeto a una Cruz de madera en cuyo extremo superior aparece el acrónimo con las letras latinas “INRI”. Complementa la escultura un cendal de tela de factura reciente que lleva sobrepuesto al cendal en pasta de caña propio de la escultura. Actualmente el Señor de la Preciosa Sangre se ubica en el muro testero del lado nororiente del templo dentro del espacio del presbiterio.

Durante la primera mitad del siglo XX la imagen en referencia no se ubicaba en el presbiterio del templo y se hacia acompañar de una Virgen Maria (Soledad) y San Juan, aludiendo al pasaje bíblico de la crucifixión de Jesús, devoción que al paso de los años mermó, quedando la escultura en abandono “en el nicho inferior del altar de Nuestra Señora de Guadalupe” con su consecuente deterioro. A la llegada del P. Jesús Olivares a la comunidad y siendo devoto de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, mandó arreglar el antiguo Cristo con el escultor Francisco España, con la intención de adaptarlo a la iconografía del Señor de la Preciosa Sangre, lo que provocó una intervención general de la obra con modificaciones en sus rostro, brazos y policromía en general.

La primera procesión con la Imagen renovada se realizo por el interior del templo de en julio de 1942; dos años más el recorrido ya abarcaba la totalidad del atrio. Poco a poco el fervor a la imagen por los milagros concedidos fue creciendo al punto que, en la actualidad, el Señor de la Preciosa Sangre ocupa el lugar principal dentro del presbiterio, aun y cuando el recinto religioso está dedicado a San Diego Alcalá. Y cada año se festeja el primer domingo de julio, con la visita de miles de peregrinos de la región, del interior del estado incluso de algunas otras partes del mundo.

Este años la fiesta será el domingo 7 de Julio y la presidirá el Arzobispo † Carlos Garfias Merlos.

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Por su parte, en Yuriria, dentro de la Parroquia de Nuestra Señora del Socorro, los Padres Agustinos tienen a su cargo la atención de un Santuario especial dedicado al Señor de la Preciosa Sangre, edificado a principios del siglo pasado.

Los misioneros agustinos llegados en 1538 trajeron consigo valiosas imágenes de Cristo Crucificado. Por ejemplo, el Señor de Araró, el Señor del Perdón en Villa Morelos, las imágenes de la Divina Clemencia en Santa Ana Maya y San Agustín del Pulque, así como el Señor del Amparo en Huandacareo, el Señor de la Expiración en Capacho y el Señor de la Inspiración en los Cerritos de Cuitzeo (el Señor de Esquipulitas fue posterior). Con todas estas imágenes del Cristo Crucificado trajeron también al Señor de la Preciosa Sangre de Cristo.

El año de 1648, Fr. Alonso de la Fuente llevó a Yuriria una hermosísima imagen de Cristo Crucificado. La bendita imagen también patrocina la Villa de Torrijos en España, de donde fue traída nuestra imagen, de tamaño natural y de color negro; que originalmente se colocó en una capilla de segunda importancia en Yuriria Barrio de Tafetán, hasta que en 1902 el P. Fr. Miguel Zavala la entronizó en el templo que hoy conocemos de la Preciosa Sangre.

Los yurirenses se enamoraron de él y prácticamente lo hicieron Titular de la Parroquia, iniciando poco a poco un santuario a él dedicado. Fue hasta el año 1900 cuando se inauguró el templo, agregándose en materia de gracias espirituales a la basílica romana de San Juan de Letrán, por SS León XIII.