1Alberto Calderón Ramírez

El Día del Padre es una celebración u homenaje dedicada a los padres. En general, la tradición católica europea lo conmemora el 19 de marzo, día de San José, padre adoptivo de Jesús.

Sin embargo, varios países europeos (como Francia o Reino Unido) y la mayoría de países iberoamericanos, adoptaron la fecha estadounidense, por lo que actualmente festejan el Día del Padre el tercer domingo de junio.

Esta fecha tiene como finalidad agradecer a los padres de familia su esfuerzo y dedicación ante el cuidado de los hijos.

En México, la celebración del Día del Padre comenzó a generalizarse en los centros escolares hacia la década de 1950, y hasta la fecha el tercer domingo de junio está dedicado a los papás y es una ocasión para la reunión familiar y para el reconocimiento a los padres.

En México, el Día del Padre se celebra con relativa tranquilidad y con mucho menos intensidad que el Día de la Madre. Según datos del INEGI, sólo 50% de los mexicanos celebran el Día del Padre, muy alejado del 78% de mexicanos que celebran el Día de la Madre.

Día del Padre en la cárcel

La alegría que supone para muchos celebrar una fecha como el Día del Padre junto a sus seres queridos se convierte en tristeza y dolor cuando se trata de pasar esta fecha en un lugar como la cárcel, alejado de esas personas que se quieren.

Así lo refiere el testimonio de dos padres de familia, que desde hace muchos años suelen pasar esta fecha en prisión: uno, sin poder recibir un abrazo de felicitación de sus seres queridos, y el otro sin el calor que da el hogar y la pesadumbre del encierro.

Alfredo, recluido desde 2008 y Pedro, de edad avanzada, con 8 años ya en la cárcel, cuentan que, a pesar de que ya son muchos Días del Padre los que han pasado en la cárcel, sigue siendo muy “doloroso” pasar una fecha tan significativa, encerrados tras las rejas.

Alfredo, sin poder ver a su hija

“Pasar días así (como el Día del Padre) es complicado. La gente piensa que nos acostumbramos al encierro y a ser indiferentes ante ciertas fechas como ésta, pero no es verdad, realmente uno se dobla y le llega la nostalgia de no poder estar con mi hija”, señaló Alfredo, recluido por delitos graves, de los cuales prefiere no platicar. “El porqué estoy aquí es mejor no acordarme, hay cosas muy profundas que me cuesta trabajo platicar, porque es rememorar cosas que hice mal y mejor no acordarme de todo eso, y son de las cosas que quiero olvidar porque creo que ya me perdoné, y quiero olvidarme del pasado y dejarlo a la misericordia de Dios. Estoy enfocando en el presente y preparándome para una vida mejor y fructífera para mí y mi familia”.

Alfredo platica que es padre de una jovencita de 16 años de edad que no ve desde que está en prisión; sin embargo, guarda muy buenos recuerdos de su hija cuando la conoció de pequeña, y espera con anhelo el poder estar a su lado para abrazarla y pasar tiempo con ella, “desde que caí en prisión, no veo a mi hija; estaba pequeñita y hasta el día de hoy no la he visto. Ahorita ya tiene dieciséis años; de niña me conoció como su padre, pero ahorita pues no la he visto, pero me ha enviado cartas para hacerme saber que tiene ganas de conocerme y yo también quiero verla, tengo ganas de estar con ella, demostrarle que la quiero y que estar aquí no es lo más malo del mundo, porque también he aprendido a valorar todo en la vida”, compartió.

Lamentó el hecho que muchas veces la sociedad los etiquete como personas no gratas, como padres no gratos para sus hijos, “pero aquí uno ve la necesidad de provocar un cambio en la vida, sobre todo para ser un mejor padre, aquí nosotros probamos lo que es el sufrimiento y tenemos la experiencia de vivir lo que causó el sufrimiento, pero también buscamos ser mejores, mi padre estuvo lejos de mí, y he cometido el mismo error de no ver crecer a mi hija, pero quiero revertir esta situación”, afirmo Alfredo.

“El Día del Padre para un recluso es difícil, por ejemplo para mí, que no viene mi hija, es muy difícil porque quisiera estar con mi familia, y es más triste al ver a los compañeros, que vienen sus hijos y les traen un regalo, sé que aún falta mucho para salir de este procesos, pero tengo la esperanza de que muy pronto pueda estar con mi hija”.

En la cárcel, pero cercano a los suyos

Por su parte, don Pedro, de avanzada edad, compartió que desde hace algunos años, sus tres hijos lo vistan en el penal con mayor frecuencia; sin embargo, recuerda que los primeros tres años ninguno lo visitó debido a que se sentían avergonzados por los delitos que había cometido, pero pudo recibir el perdón, tanto de sus hijos, como de su esposa y ahora lo están apoyando en su proceso en la cárcel.

“Yo ya estoy viejo, antes de estar aquí, conviví mucho con mis hijos, fui cercano con ellos, y los vi crecer, sin embargo cometí un error y me constó la cárcel. Ya tengo aquí 8 años, y ha sido muy difícil, sobre todo por mi familia, los primero años aquí fueron los más complicados, mi esposa y mis hijos se alejaron de mí, esa etapa fue muy dolorosa, la pase muy mal, sentí que les había hecho mucho daño a mis hijos al estará aquí, pero afortunadamente supieron entender que todos nos equivocamos y me perdonaron, ahora vienen con frecuencia, y puedo pasar tiempo con ellos”.

Don Pedro se siente afortunado pese a estar en la cárcel, ya que afirma que la conexión con sus hijos no se ha dañado, pues la cárcel no ha sido un impedimento para ser un padre cercano a sus hijos: “Estoy encerrado, pero puedo seguir dándoles consejos a mis hijos, estar cercano a ellos. En las visitas pasamos el tiempo como familia normal, y los sigo disfrutando, ya están grandes, incluso ya tengo nietos, y me siento afortunado de poder verlos y estar con ellos. Veo otros compañeros, cómo a pesar de que tienen familia nadie los visita, y yo estoy con mi familia frecuentemente, y ése es un un regalo muy grande; es verdad, extraño el calor del hogar, pero los puedo tener conmigo”.

“El Día del Padre es un momento especial, recuerdo que fue precisamente un Día del Padre cuando recibí la visita de mi familia después de tres años sin verlos. Llegaron y les pedí perdón, mis hijos me abrazaron y pudimos volver a estar juntos, por eso cada año esta fecha la espero con mucha alegría, porque es también un momento para sentir el cariño y la cercanía de la familia. Ojalá que todos los padres valoraran a sus hijos y, por ellos, no cometieran errores que los alejen de ellos, como el que yo cometí. Sé que aún me faltan algunos años de mi condena, pero también, aquí estoy aprendiendo a ser un mejor padre, y una mejor persona…”.