portada 1Envía, Señor, tu Espíritu a renovar la tierra

† Alejo Zavala Castro, Obispo Emérito de Chilpancingo-Chilapa

Jesucristo y su Iglesia nos enseñan insistentemente, con toda claridad, que todas sus acciones, en el mundo entero, las realizan siempre con la inspiración y la ayuda del Espíritu Santo.

Hoy es Domingo de Pentecostés y precisamente celebramos con mucho fervor la fiesta del Espíritu Santo.

La Iglesia tiene una doctrina muy amplia y muy clara sobre este tema.

Los invito a reflexionar y a hacer oración, especialmente sobre dos puntos que se encuentran muy claros en el Evangelio de San Juan. San Juan, como Apóstol, siempre aparece muy cercano a Jesús. Por esta razón nos damos cuenta de que nuestro Salvador nos habla en varias ocasiones de la necesidad de la presencia del Espíritu del Señor. Así, encontramos en el capítulo 14, versículo 26: “pero el defensor, el Espíritu Santo que el Padre va a enviar en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que Yo les he dicho”. También, en el capítulo 15, versículo 26, encontramos algo parecido: “pero cuando venga el defensor que Yo voy a enviar, de parte del Padre, el Espíritu de verdad, que procede del Padre, Él será mi testigo”.

El libro de los Hechos de los Apóstoles, en el capítulo primero, versículo 8, nos dice lo siguiente: “pero cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, recibirán poder y saldrán a dar testimonio de Mí en Jerusalén, en toda la región de Judea y Samaria y hasta en las partes más lejanas de la Tierra”.

En varias otras partes del Antiguo Testamento, se menciona este acontecimiento del Espíritu Santo.

Actualmente también la liturgia, especialmente en el Sacramento de la Confirmación, nos invita a pedir con insistencia la venida del Espíritu Santo; refiriéndose a todos los que se confirman, se hace oración de la siguiente manera: “Dios Todopoderoso, haz nacer de nuevo a estos hijos tuyos, envía sobre ellos al Espíritu Santo consolador, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia, de piedad y de tu santo temor.”

El día de Pentecostés, los Apóstoles recibieron una presencia muy especial del Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego.

Desde entonces, los obispos y los sacerdotes autorizados para confirmar transmiten el Espíritu Santo con la imposición de las manos.

Afortunadamente, en nuestros tiempos ya existe un conocimiento de la presencia del Espíritu Santo y también todos nosotros sentimos la necesidad de su participación en todas las actividades que realizamos los diferentes miembros de nuestra Iglesia, también existe entre el Pueblo de Dios la intención de consagrar todas las actividades al Espíritu Santo.

Hay algo muy notable en las costumbres de nuestro pueblo, y es que todos pedimos unos por otros y que sin duda alguna produce frutos abundantes.