14y15 1de1 071Esperanza Morelos Borja

Los maestros con frecuencia nos preguntamos cómo podemos acompañar a nuestros alumnos y alumnas para potenciar sus habilidades y actitudes ante el aprendizaje, cuando los vemos con inquietudes, temores, enojos y más aún, con rechazo a su familia, o a la escuela o a Dios

Muchos maestros y estudiantes se encuentran inmersos en una dinámica de vida en su casa y particularmente con los dispositivos electrónicos que hace que su realidad esté centrada en el mundo virtual, sin convivencia ni contacto físico con su familia y amigos. Además, las terribles consecuencias de la pobreza, la corrupción, la violencia, el conflicto, etc. los desalientan y tienden a normalizar la violencia, a verla como algo natural en sus vidas y en la comunidad; y aunque tienen ideales y sueñan con actos heroicos y de justicia, no saben cómo participar e incidir en la construcción de una sociedad más justa y pacífica. Su inteligencia y voluntad se confunden ante la frivolidad de algunas autoridades y medios de comunicación, no encuentran modelos y testimonios suficientes que impulsen el desarrollo y madurez de su sensibilidad y afectividad, por lo que la cultura del descarte y la indiferencia avanza entre ellos.

Los maestros tenemos que aceptar que repetimos patrones de la violencia que vivimos y así la transmitimos, sin darnos cuenta, a nuestros alumnos con el agravante de la autoridad que ejercemos sobre ellos; de manera que al ignorarlos, gritarles o castigarlos seguimos normalizando la violencia en la escuela. Necesitamos llamar por su nombre al control, la amenaza, la humillación, el chantaje, el rechazo, la discriminación, el culpabilizar, la descalificación, las prácticas inequitativas, etc. que hacemos a otros: son violencia y debemos reconocerla para identificándola trabajar en eliminarla por medio de la libertad y voluntad buscando alternativas que construyan acuerdos y oportunidades de crecimiento. Aquí les proponemos participar en el taller “Construyamos Juntos una Cultura de Paz” que la Dimensión de Educación y Cultura de la Arquidiócesis de Morelia ofrece.

En este taller iniciamos con la rectificación personal, luego compartimos con maestros y alumnos para ir transformando nuestras escuelas en centros de construcción de Paz, donde haya reconocimiento de que la interculturalidad y las diferencias nos enriquecen, se hagan acuerdos de diálogo para resolver conflictos y capacidad de asumir reglas, transgresiones y consecuencias. Escuelas en las que la autoestima, la responsabilidad y el respeto por la dignidad humana sean la base de las conductas, decisiones y acciones tomadas. Lograr que en el aula se expresen sentimientos, necesidades y gustos, y se escuche lo que otros quieren, “ponerse en sus zapatos” para que las diferencias se valoren positivamente y sean motivo de progreso personal, de oportunidad de crecimiento, de renovación de símbolos y de solidaridad. En una expresión: modificar la forma de relacionarnos, reconociendo los propios sesgos, evitando juzgar a los demás.

Los papás, maestros y estudiantes que participen en el taller “Construyamos Juntos una Cultura de Paz” encontrarán herramientas para:

1. “Hacerse conscientes de conductas violentas en su vida cotidiana, para evitar ser generadores de violencia en el entorno en el que viven a través de ejercicios que les permitan reaprender a convivir, partiendo del análisis reflexivo de la propia experiencia sobre el uso de la autoridad, el poder, el amor, el contacto físico, el perdón, los tiempos y espacios compartidos.

2. Apropiarse de alternativas de convivencia colaborativa que restablezcan vínculos, fortalezcan la pertenencia a la comunidad, favorezcan la participación, la equidad, el cuidado y establecimiento de acuerdos a través del diálogo y el consenso”[1].

Hoy, en la escuela, tenemos la oportunidad de que además de enseñar conocimiento y habilidades, podemos redimensionar los intereses de los alumnos promoviendo que sea el bien común y no el individual el que prevalezca, que el amor y no la indiferencia sea nuestra respuesta ante la necesidad del otro, que sea la PAZ y no la violencia la que se construya; formando en la colaboración entre compañeros y en el trabajo de equipo de forma que no haya rivalidad y enfrentamiento entre estudiantes sino cooperación y fraternidad, de manera que el ser o desarrollar cualidades sea prioritario sobre el obtener primer lugar, y el participar y ocuparse de la solución pacífica de diferencias y conflictos sea la opción frente a la apatía, la preocupación, la parálisis o el enfrentamiento; así los logros serán de todos y particularmente nos comprometeremos con una nueva cultura de paz, porque la paz es un derecho que debemos visibilizar y es nuestra responsabilidad esforzarnos por darle vigencia.

Su Santidad Juan Pablo II, en su Mensaje de la XXXIII Jornada Mundial de la Paz del 1 de enero de 2000, afirma que “no hay verdadera paz si no viene acompañada de equidad, verdad, justicia y solidaridad. Está condenado al fracaso cualquier proyecto que mantenga separados dos derechos indivisibles e interdependientes: el de la paz y el de un desarrollo integral y solidario. «Las injusticias, las desigualdades excesivas de carácter económico o social, la envidia, la desconfianza y el orgullo, que existen entre los hombres y las naciones, amenazan sin cesar la paz y causan las guerras. Todo lo que se hace para eliminar estos desórdenes contribuye a construir la paz y evitar la guerra»“. Por lo tanto el conocimiento y habilidades que se obtienen en la escuela deben promover un desarrollo integral y solidario si queremos que la paz sea una realidad