centrales14Sergio Estrada/Alberto Calderón

Alrededor de las doce del día del pasado 4 de mayo, entró la procesión por el pasillo central de la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe, anunciando el inicio de la Celebración Eucarística por la Beatificación de la Venerable María Concepción Cabrera de Armida, originaria de San Luís Potosí.

Fue el delegado del Papa Francisco, el Cardenal Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, quien presidió la ceremonia solemne, acompañado del Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México, el Nuncio Apostólico Mons. Franco Cóppola, 80 Obispos, además de sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles en general que abarrotaron la Basílica Mariana cantando alabanzas por la alegría de la Beatificación de María Concepción Cabrera.

Previo al inicio de la Misa, se realizó el rito de Beatificación, en el que se leyó la carta apostólica enviada por el Papa Francisco. Posteriormente, entre los aplausos de miles de fieles al interior de la Basílica, una reliquia de la Beata (una venda con su sangre) fue llevada en procesión hacia el altar por su nieta, la Hermana Consuelo Armida, y Jorge Guillermo Treviño, la persona que recibió el milagro por su intercesión.

Durante este momento, el Cardenal Aguiar Retes hizo esta solicitud: “Como Arzobispo Primado de México, a nombre de todos los Obispos de la CEM, de la Familia de la Cruz y de los fieles laicos, pido que se digne inscribir en el número de Beatos a la Venerable Sierva de Dios María de la Concepción Cabrera”.

En respuesta a esta petición, el delegado del Papa, Cardenal Angelo Becciu, leyó la carta en la que su Santidad Francisco inscribe en el libro de los Beatos a la Venerable Sierva de Dios María de la Concepción Cabrera. De esta manera, la nueva Beata quedó inscrita en la lista.

Durante la homilía, el Cardenal Becciu destacó la santidad de la Beata: “María Concepción Cabrera fue una figura maravillosa como esposa, madre y viuda, inspiradora de institutos religiosos e iniciativas apostólicas. Su testimonio consiste en que desde su adolescencia se consagró al amor absoluto de Dios, que significó abrazar su voluntad como esposa y madre”, dijo.

Señalo también que “se preocupaba por su crecimiento humano, pero sobre todo espiritual, aunado al modelo de madre para presentar los aspectos positivos y corregir los defectos. Animada por una profundo amor a Dios, se encaminó a fundar nuevas familias de Vida Consagrada en la Iglesia. Hablaba de Dios de manera convincente y desde su juventud se esforzaba en transmitir la fe. Dedicaba gran parte de la noche con interminables horas de adoración ante el Santísimo Sacramento, por lo que vivía una constante actitud interior de oración y unión mística con Cristo”, dijo en su mensaje el Delegado Apostólico.

El Cardenal Becciu subrayó que la nueva Beata se preocupaba por la santidad de los sacerdotes, por quienes rezaba mucho y se sacrificaba: “En estos momentos de la Iglesia, en tiempos turbulentos y lacerantes a causa de los escándalos de obispos, sacerdotes, religiosos que han deformado su rostro y se ha visto afectada su credibilidad, frente a este escenario doloroso, en donde los fieles han perdido la confianza, mientras que otros han atacado aumentado las heridas, ante esta situación, Concepción Cabrera nos enseña a sostener con la cercanía espiritual y con la oración a cuantos viven cada día su vocación con fidelidad y abnegación”, recalcó.

Entro momento, el Cardenal Becciu destacó: “La Beata María Concepción Cabrera, caso único en la historia de las fundaciones religiosas, inspiró y promovió cinco Institutos, denominados las ‘Obras de la Cruz’: dos Congregaciones Religiosas y tres Obras Apostólicas, sin asumir ni el papel de fundadora ni, mucho menos, la carga y los poderes de Superiora General”.

Finalmente, pidió para que la Iglesia en México “sepa imitar la mirada profética y el corazón abierto” de Concepción Cabrera.

centrales20Su vida

María de la Concepción Loreto Antonia Cabrera Arias Lacavex Rivera, o “Conchita” –nombre con el que fue conocida–, nació en San Luis Potosí el 8 de diciembre de 1862. Era una laica católica seglar, esposa y madre de familia, fundadora de las Obras de la Cruz. Considerada como prolífica escritora y mística mexicana.

Sus padres, Octaviano Cabrera Lacavex y Clara Arias Rivera, eran de posición acomodada, pero sencilla. Contando con 21 años de edad, firmó compromiso con Francisco Armida, contrayendo nupcias en la Iglesia del Carmen el 8 de noviembre de 1884. El matrimonio tuvo, entre 1885 y 1899, nueve hijos. El 17 de septiembre de 1901, muere Francisco Armida. Concepción Cabrera se dedicó, tras quedar viuda, al estudio y al apoyo del estudio de sus hijos, nunca entró a la vida religiosa. Su primera obra fue el Apostolado de la Cruz, en 1895, para aquellas personas que desean santificar los actos de su vida.

De pequeña, fue una niña sencilla y común, noble y traviesa como cualquiera otra, sin embargo, profesaba un amor especial a la Eucaristía.

Sus biógrafos señalan que un hecho que marcó su itinerario espiritual fue la visión que tuvo de la Cruz del Apostolado mientras oraba en la iglesia de la Compañía de Jesús en San Luis Potosí.

Combinó la vida marital con una vida laica espiritual. Al respecto, Conchita decía: “A mí nunca me inquietó el noviazgo en el sentido de que me impidiera ser menos de Dios. Se me hacía tan fácil juntar las dos cosas. Al acostarme, ya cuando estaba sola, pensaba en Pancho y después en la Eucaristía que era mi delicia. Todos los días iba a comulgar y después a verlo pasar. El recuerdo de Pancho no me impedía mis oraciones, me adornaba y componía sólo para gustarle a él, iba a los teatros y a los bailes con el único fin de verlo. Todo lo demás no me importaba”.

El 17 de septiembre de 1901 fallece su esposo. Sin embargo, lucha por sacar adelante a sus hijos, confiando en Dios y siguiendo el ejemplo de la Virgen María.

Conchita escribió un legado teológico de sesenta y seis volúmenes manuscritos, el cual representa una obra tan amplia como la de Santo Tomás de Aquino.

Fundadas las cinco Obras de la Cruz, Concepción Cabrera de Armida Conchita siguió adelante y durante el Gobierno de Plutarco Elías Calles refugió a varios sacerdotes que eran perseguidos.

Uno de ellos fue Mons. Ramón Ibarra y González, primer Arzobispo de Puebla y gran amigo de las Obras de la Cruz.

Murió el 3 de marzo de 1937, a la edad de 75 años. Actualmente sus restos mortales se encuentran en la cripta del Templo San José del Altillo, en la Ciudad de México.

El Arzobispo de México inició la causa de Beatificación y Canonización con el proceso ordinario instruido en los años 1956-1959, a este proceso se añadió el proceso rogatorial de San Luis Potosí. La Congregación para las Causas de los Santos aprobó el decreto el 27 de febrero de 1986. El 19 de octubre de 1999 el congreso de teólogos y el cardenal Alfonso López Trujillo, declararon que “la Sierva de Dios María de la Concepción Cabrera había observado las virtudes teologales, las cardinales y las anexas a éstas en forma heroica”. Fue reconocida como Venerable en Roma el 20 de diciembre de 1999 por Juan Pablo II.

Y el 8 de junio de 2018, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, el Papa Francisco autorizó a la Congregación de la Causas de los Santos la promulgación de un decreto para reconocer un milagro atribuido a la Venerable Conchita Cabrera de Armida para declararla Beata.