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Las Tres Garantías: origen de los colores del lábaro patrio

Dice el historiador Lucas Alamán que, en su expedición contra la guerrilla de Vicente Guerrero, y habiendo meditado durante varios meses un plan de Independencia (suscitado por la reciente adopción de la Constitución de Cádiz por el Monarca español), a principios de 1821, Iturbide “había reunido en Iguala a la mejor y más numerosa parte de sus huestes, había hablado de antemano, primero uno por uno, luego por grupos y luego a todo el conjunto de la oficialidad, confiándoles su plan. Había desde entonces noblemente dado libertad a los que no quisiesen seguirle, para retroceder como lo hicieron, a las filas españolas. La mayor parte acogieron con entusiasmo la idea del plan y luego, al día siguiente, 24 de febrero de 1821, publicó Iturbide un manifiesto que se llamó el Plan “de las Tres Garantías”: Religión, Independencia y Unión, conocido como “Plan de Iguala”.

Según Alamán, “las tres garantías no eran un Plan político vano, sino una muy sentida necesidad de Religión, de Independencia y de Unión, que se imponían por sí mismas en el fondo de las conciencias y de las colectividades... Para no pasarse a las Tres Garantías, tenia cada soldado que estar en pugna consigo mismo y en pugna también con todo el ambiente social que le rodeaba...”.

De estas tres garantías, tomó el nombre el Ejército que sostenía aquel Plan, y a esto aluden los tres colores de la Bandera que se adoptó y que ha venido a ser la bandera nacional mexicana, significándose por el blanco la pureza de la Religión; por el encarnado (más tarde, rojo) la Unión de la nación entre americanos y los nacidos en España, cuya cucarda es de aquel color, y cuyos individuos debían ser considerados como mexicanos; y el verde se aplicaba a la Independencia.