16 1de2 3 Fiesta de luz Purépecha

P. José Luis García Silva, Responsable de la Dimensión Diocesana de Pastoral de los Pueblos Originarios

Los pueblos originarios de Tócuaro y Huecorio, de la Parroquia de San Juan Diego –con cabecera en San Pedro Pareo– celebran la fiesta de la Virgen María en sus advocaciones de Guadalupe y Candelaria respectivamente. Cada 2 de febrero, el calendario ritual de estos dos pueblos anuncia la celebración de las paranguas religiosas, heredadas por sus abuelas en torno a la Santísima Virgen. Festividades que tienen su raíz en la Fiesta del Fuego y Año Nuevo Purépecha, ritual prehispánico que congregaba a los antiguos purépechas al ritual del apagado del fuego viejo y entrar en reflexión y penitencia y al encendido del fuego nuevo, inicio del ciclo agrícola y revitalización de los meses sagrados e identidad cultural indígena. El Sacerdote Mayor (Petámuti), en ese día contaba la historia sagrada de los dioses, principalmente de Kuricaueri deidad principal del fuego. Se encendían las Paranguas en los templos purépechas y así iniciaba un año de fuego y de luz en todo el universo purépecha.

Tata Vasco de Quiroga mantuvo el fuego encendido en las paranguas de los pueblos de su querida Diócesis de Michoacán, conservando lo noble y puro de la religión del Fuego, la Religión de Kurikaueri.

Tata Vasco, hombre de luz divina, de amor mariano, instauró paranguas de la Virgen en muchos pueblos, como es el caso de Tócuaro y Huecorio. Desde hace 450 años, priostes y cargueros, fieles a su fe indígena y cristiana, dirigen y juntan a estos dos pueblos para hacer la fiesta y así tener el fuego de Dios y de la Virgen en sus asambleas, en sus faenas y en sus cargos.

Estos dos pueblos, con arraigadas tradiciones y de hermosa fe cristiana, aún conservan la tradición de sus mayores, tradición que los hace pueblo y los compromete a continuar acercando el ocote de su esfuerzo por mantener el fuego sagrado y la luz que alumbra su mundo en esta sociedad que irradia en muchos momentos oscuridad y desvalora lo indígena, marginando lo antiguo con lo que los pueblos mantuvieron la unidad.

Tócuaro es un pueblo de místicas máscaras y bordados finos, que hacen alusión a manos de mujeres artesanas y creadoras de historia y cultura. Pueblo de oficios artesanales que embellecen a Michoacán, tiene marcado su camino de tradición para hacer la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe cada 2 de febrero. Este camino inicia en la asamblea general del pueblo, eligiendo a los cargueros, después la coronación de estos cargueros con flores hermosas, símbolos de verdad e identidad indígena en el templo. Se continúa con el Parandi, donde la Virgen de Guadalupe recorre las calles de Tócuaro, visitando los hogares, acompañados de la dulce chirimía y el tambor, instrumentos sagrados que convocan a oración y devoción. Los cargueros llevan la imagen y decenas de niñas y niños acompañan tan santa procesión. Los pobladores reciben la visita de la Virgen con cariño y obsequian dulces y fruta a los niños, que serán después los continuadores de esta tradición.

El dos de febrero es el gran día: Misa de función y Rosario, hermosa pastorela y diablos que portan las máscaras hechas en su pueblo. El día 3 de febrero por la mañana, el pueblo se reúne a la Misa de la Sirangua, Misa de inculturación del Evangelio, donde los símbolos y signos purépechas están presentes. Por la noche de este día, el pueblo se reúne a la Parakua del pan y del atole de la Virgen de Guadalupe, compartiendo como hermanos y escuchando hermosas melodías purépechas, culminando así los cultos religiosos, para continuar después con la fiesta del pueblo.