14y15 18

Orígenes

El investigador José Félix Zavala refiere que los primeros misioneros, dentro de la llamada Conquista espiritual de México, en el siglo XVI, trataron de reforzar la enseñanza a los indios de la nueva religión por medio de representaciones teatrales parecidas a los autos sacramentales de su país de origen. Se atribuye a Fray Diego de Soria, a finales del siglo XVI, las primeras “jornadas”, como se llamaban entonces, en el convento de Acolman [Estado de México], para recordar el camino de José y María de Nazaret a Belén.

La celebración se fue enriqueciendo de la costumbre franciscana de representar con imágenes este pasaje bíblico (entre ellas, señaladamente, el empleo del pesebre o “nacimientos”, que, según la tradición, se deben al mismísimo San Francisco de Asís). De estas celebraciones y de los autos sacramentales europeos, surgieron las pastorelas y los villancicos y desde luego las Posadas.

Cabe señalar que, a la llegada de los españoles, los antiguos mexicas celebraban, durante el final del otoño e inicio del invierno, el advenimiento de su principal deidad, Huitzilopoztli, durante el mes Panquetzaliztli, que equivaldría aproximadamente del 7 al 26 de diciembre de nuestro calendario. “Por esa razón”, conjetura el citado investigador, “y aprovechando la coincidencia de fechas, los primeros doctrineros agustinos promovieron la sustitución de personajes y así desaparecieron al dios prehispánico y mantuvieron la celebración, dándole características cristianas”.

Sea de ello lo que fuere, el hecho establecido es que la práctica de las Posadas se originó en el poblado de San Agustín de Acolman. En 1587, el mencionado fray Diego de Soria obtuvo del Papa Sixto V la Bula que autorizaba la celebración, en el Virreinato de la Nueva España, de las Misas llamadas “de aguinaldo”, del 16 al 24 de diciembre, y que se realizarían en los atrios de las iglesias. Junto con las Misas, se representaban escenas de la Navidad. Luego de la Misa, se realizaban festejos con luces, pirotecnia, piñatas y villancicos.

14Y15 22Formas de representación

Así pues, nuestras tradicionales “Posadas”, llamadas originalmente –y aún hoy en día así se las conoce en Sudamérica– “Novena” o “Misas de Aguinaldo”, remontan su origen al siglo XVI, en los inicios de la evangelización de nuestro Continente. Así lo comenta la historiadora Rosario Camargo Espriú: “...el hilo conductor del origen de las Posadas arranca de las Misas de Aguinaldo, promovidas en 1586 por Fray Diego de Soria... Es un hilo tenso de religiosidad, que el pueblo, sin quitarle su esencia, va coloreando, adornando con ramas de pino, con flores de Nochebuena y nardos; con canto y con música, con luces y sabor a fruta” (“Navidad popular”, México, Ed. Fondo Cultural Banamex, 1980, pág. 11).

En México, han existido diferentes formas de celebrar las Posadas. Así, por ejemplo, el antropólogo germano Klaus Jäcklein describe –en su libro “Un pueblo popoloca”, traducido del alemán por la historiadora michoacana Mª Teresa Martínez Peñaloza– el caso de San Felipe Otlaltepec, Puebla, en donde diez familias deben darle posada a dos figuras de madera de María y José. Cohetes, banda, piñata, velas, copal, café, pan dulce, carne, mole, tortillas, refrescos y cigarrillos son sólo algunos de los elementos que la familia que recibe a los peregrinos debe ofrecer. Con esto, “el jefe de familia gana prestigio social de manera proporcional a la generosidad que los felipeños constatan, especialmente en la cantidad de la comida repartida”.

Los cantos y danzas fueron elementos que el indígena mexicano supo adaptar muy bien a la Navidad. En los grupos mazahua-otomí de los Estados de México y Michoacán se han distinguido las llamadas “pastoras”, quienes portan sombreros de paja adornados con flores y listones y le cantan en su lengua al Niño Dios. Otro caso son los llamados “negritos”, que en Cuetzalan, Puebla, le bailan al Niño Jesús.

En general, como en San Agustín de Acolman, los misioneros o clérigos convocaban al pueblo al atrio de las iglesias o conventos y ahí rezaban una novena, que se iniciaba con el rezo del Santo Rosario, acompañada de cantos y representaciones basadas en el Evangelio, como recordatorio de la espera del Niño y del peregrinar de José y María de Nazaret a Belén para empadronarse.

Las Posadas se llevaban a cabo los nueve días previos a la Navidad. Al terminar cada Posada, los monjes repartían a los asistentes fruta y dulces como signo de las gracias que recibían aquellos que aceptaban la doctrina de Jesús y se cantaban villancicos, género poético y musical de contenido religioso festivo, pero que, por cierto, no es exclusivo del tiempo de la Navidad, pues se componía para otras festividades, como la Asunción o la Natividad de la Virgen, como lo muestran los publicados profusamente por Sor Juana Inés de la Cruz y otros autores.

En el siglo XVIII, la celebración, aunque no dejó de realizarse en las iglesias, pasó a tomar más fuerza en los barrios y en las casas, y la música religiosa fue sustituida por el canto popular.

La ceremonia consiste en una procesión desde las Iglesias o en las casas particulares donde se lleva en andas a los Santos Peregrinos, o sea a las imágenes de María y José, algunas veces acompañados de un burro o guiados por un ángel.

Así, hoy en día, las Posadas comienzan con el rezo del Rosario y el canto de las letanías. Durante el canto, los asistentes forman dos filas que terminan con 2 niños que llevan las imágenes de los “Santos Peregrinos”.

En algunos lugares, varias familias con anterioridad se reparten las Posadas, es decir cada noche una familia distinta organiza “la posada” y los peregrinos irán pidiendo ser recibidos de una casa a otra.

Para entonar las letanías, se dividen en dos grupos: uno entra a la casa y otro pide posada imitando a San José y la Santísima Virgen cuando llegaron a Belén. Después de varios intentos infructuoso en que los Peregrinos son rechazados, en la última “posada” reciben finalmente acogida por parte del grupo que se encuentra en el interior. Los Santos Peregrinos son depositados en el “nacimiento” (también llamados pesebres o belenes). Luego sigue la fiesta con el canto de villancicos y más tarde, en los atrios o en los patios, se cuelgan y se rompen las piñatas, ollas decoradas que con papel de China, que toman múltiples formas, y que se rellenan de frutas, cacahuates y dulces; y se distribuyen también los “aguinaldos” (colación y fruta) y el ponche.