¿QUÉ ES EL PURGATORIO?

14y15 1de1 3

¿Qué es el Purgatorio?

Según el Catecismo de la Iglesia Católica (CatIC, nn. 1030-1032), “los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo. La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos, que es completamente distinta del castigo de los condenados.

“La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia y de Trento. La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1 Co 3, 15; 1 P 1, 7) habla de un fuego purificador.

“Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: “Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado” (2 M 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico (Cf. DS 856), para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos: Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su Padre (Cf. Jb 1, 5), ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos (San Juan Crisóstomo, hom. in 1 Cor 41, 5)”.

¿Cómo abreviarlo?

Ahora, cabe preguntarse qué hay que hacer para minimizar la “estancia” en el Purgatorio. Evidentemente, además de ser buenos católicos, hay que hacer algo más. Existe un “plan de fuga”, es decir, un plan para salir cuanto antes del Purgatorio: el Escapulario y las obras de misericordia (“Vengan, benditos de mi Padre, reciban la herencia del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; era forastero, y me acogieron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y vinieron a verme”, Mt 25,34ss).

El Escapulario es un símbolo de la protección de la Madre de Dios a sus devotos y un signo de su consagración a María. Nos lo dio la Santísima Virgen. Se lo entregó al General de la Orden del Carmen, San Simón Stock, el 16 de julio de 1251, con estas palabras: “Toma este hábito, el que muera con él no padecerá el fuego eterno”.

Alude a este hecho el Papa Pío XII, cuando dice: “No se trata de un asunto de poca importancia, sino de conseguir la vida eterna en virtud de la promesa hecha, según la tradición, por la Santísima Virgen”. El llamado “Privilegio sabatino”, reconocido por el mismo Papa Pío XII, consiste en que la Virgen, a los que mueran con el Santo Escapulario y expíen en el Purgatorio sus culpas, con su intercesión hará que alcancen la Patria celestial lo antes posible, o, a más tardar, el sábado siguiente a su muerte. De esta forma, el tiempo de estancia en el Purgatorio sería, como máximo, de siete días.

¿Cómo ayudar a salir de él?

Que la Iglesia primitiva rezaba por los muertos consta por la tradición tan bellamente recogida por San Agustín en el libro de las Confesiones (c. 9) al hablarnos de la muerte y sepultura de su madre Santa Mónica. Era costumbre ofrecer por los fallecidos el sacrificium pretii nostri, “el sacrificio de nuestra redención”, o como se le llama en otra parte, sacrificium pro dormitione, “sacrificio por los que durmieron”. La memoria o recuerdo de los difuntos en la Santa Misa es común a todas las liturgias desde el siglo III. Además de las Misas dichas por ellos, siempre se les recuerda en la plegaria pos-consecratoria. Estando presente entonces Cristo sobre el altar en estado de víctima, “representa para ellos un gran alivio y ayuda la oración que se hace durante aquel santo y tremendo sacrificio” (San Cirilo de Jerusalén).

La antigüedad cristiana había visto de primera intención en la muerte del cristiano el aspecto pascual y festivo del tránsito, del paso al seno de Dios, como un reflejo de las palabras tan dulces de San Juan: “Allí siempre estaremos con el Señor”. En los formularios antiguos, hay una paz que no se turba por nada. Los que han muerto en el seno de la Iglesia Católica “están en el Señor”.

¿Necesitan nuestra oración las almas del Purgatorio? La respuesta es afirmativa. Hemos de pedir por ellas al Señor, a la Virgen María y a algunos Santos para que las benditas almas salgan pronto del Purgatorio. El abogado de las almas del Purgatorio es San Nicolás de Tolentino.

Desde luego, no hay que olvidar, como ya mencionábamos al principio, las indulgencias y limosnas como medios en beneficio de las benditas ánimas del Purgatorio.

14y15 1de1 4

El Purgatorio en el arte sacro

Poetas, dibujantes y pintores de todos los tiempos han representado el Purgatorio desde los primeros siglos del Cristianismo. Dante Alighieri, al menos dos siglos antes del Concilio de Ferrara-Florencia que definió el Purgatorio, ya lo imaginaba y describía genialmente en su Divina Comedia.

En España e Iberoamérica es aún frecuente encontrar lienzos de gran tamaño, excelente ejecución y extremada belleza con este motivo. En nuestra Arquidiócesis, por ejemplo, tenemos el que Cristóbal de Villalpando hizo para el templo parroquial de Santiago Apóstol, de Tuxpan, Mich. (y que reseñamos en estas páginas). Un ejemplo notable lo es también el del cuadro ubicado en la nave mayor de la Iglesia de Santa Úrsula, de Adeje (Canarias).

De este último, destaca la composición piramidal del cuadro, estructurada en tres niveles. El lienzo tiene unas dimensiones de 260 x 194 cm, en posición vertical. Representa al Arcángel San Miguel, abogado de Dios, que con su balanza para las almas, juzga la gravedad de los pecados cometidos por los hombres en la tierra. Se le representa alado por su condición de enviado de Dios. A su derecha, la Virgen sostiene con el brazo izquierdo al niño y ofrece a las ánimas el Rosario con la mano derecha. A la izquierda del Arcángel aparece San Nicolás de Tolentino, con su hábito agustino salpicado de estrellas orando por las almas. Coronando a San Miguel se representa a la Santísima Trinidad entre nubes y acompañada por siete querubines. A los pies del conjunto, bajo las nubes sobre las que reposan las figuras, aparecen representadas las almas de diversos seres humanos que sufren en el purgatorio, sin gozar de ninguna prebenda o consideración a los cargos que ostentaban en la tierra ni a otro tipo de circunstancias. Así, vemos de derecha a izquierda a un alto jerarca de la Iglesia, una mujer joven, un monarca, una mujer de mayor edad y un fraile, rodeados por las llamas.

Es de autor anónimo pero vinculado a los círculos pictóricos del barroco canario. Posee elementos que lo singularizan, con respecto a otros cuadros de Ánimas, como que tradicionalmente es la Virgen del Carmen la que nos salva del Purgatorio y no la del Rosario, como en el de Adeje, quizás por la vinculación de los Ponte con la Orden de Predicadores.

Desde 1691 existió una cofradía de las Ánimas Benditas. Una de sus actividades eran los Ranchos de Ánimas por las calles de la villa con la finalidad de recaudar limosnas para las misas de las almas. También recibían ingresos por el alquiler del paño de las ánimas para los entierros.