“Junto a los jóvenes, llevemos el Evangelio a todos”

14y15 1de1 02Domund, Domingo Mundial de las Misiones

Cada año, en nuestra Iglesia Diocesana de Morelia, siguiendo la convocatoria del Santo Padre Francisco, realizamos una Jornada de Oración y colaboración en favor de las Misiones, en ellas apoyamos a los más necesitados y vulnerables en tierras donde se está implantando el Evangelio.

Sabemos que es un gran deber de todo cristiano bautizado el ser solidario con sus hermanos que aún no conocen el Evangelio o que viven en necesidad, con los hermanos misioneros que están entregando su vida y ministerio en favor de los frágiles y débiles ante los ojos del mundo. Así, pues, para llegar a la realización de esta noble tarea, se ha institucionalizado una Jornada llamada Domund.

¿Qué es el Domund?

El Domund es una Jornada universal que se celebra cada año en todo el mundo, el penúltimo domingo de octubre, para apoyar a los misioneros en su labor evangelizadora, desarrollada entre los más pobres.

El Domund es una llamada a la responsabilidad de todos los cristianos en la evangelización. Es el día en que la Iglesia lanza una especial invitación a amar y apoyar la causa misionera, ayudando a los misioneros.

Los misioneros dan a conocer a todos el mensaje de Jesús, especialmente en aquellos lugares del mundo donde el Evangelio está en sus comienzos y la Iglesia aún no está asentada: los territorios de misión.

Tiene cinco grandes objetivos:

1. Oración ferviente al Señor para acelerar su reinado en el mundo.

2. Hacer comprender a todos los fieles el formidable problema misionero.

3. Estimular el fervor misionero de los sacerdotes y de los fieles.

4. Dar a conocer mejor la Obra de la Propagación de la Fe.

5. Solicitar la ayuda económica en favor de las Misiones.

¿Quién instituyó esta Jornada?

En febrero de 1926, se publicó la encíclica Rerum Ecclesiae, en la que el Papa Pío XI reafirmó la importancia y urgencia de los objetivos misioneros programados al principio de su Pontificado y manifestó su resolución de acortar las etapas para su realización. “La Iglesia” –afirma en esta encíclica– “no tiene otra razón de ser sino la de hacer partícipes a todos los hombres de la Redención salvadora, dilatando por todo el mundo el Reino de Cristo”.

En ese contexto, un breve rescripto de la Sagrada Congregación de Ritos, firmada por el Prefecto Cardenal Vicco, con fecha 14 de abril de 1926, fue el acta fundacional del Domingo Mundial de las Misiones, cuyo acrónimo Domund fue creado por Ángel Sagarminaga, primer Director nacional de las Obras Misionales Pontificias de España en 1943.

¿Por qué se celebra?

La actividad pastoral, asistencial y misionera de los territorios de misión depende de los donativos del Domund. Este día es una llamada a la colaboración económica de los fieles de todo el mundo.

Las necesidades en la Misión son muchas. Mediante el Domund, la Iglesia trata de cubrir esas carencias y ayudar a los más desfavorecidos a través de los misioneros, con proyectos pastorales, sociales y educativos. Así, se construyen iglesias y capillas; se compran vehículos para la pastoral; se forman catequistas; se sostienen Diócesis y comunidades religiosas; se mantienen hospitales, residencias de ancianos, orfanatos y comedores para personas necesitadas en todo el mundo.

En los territorios de misión, la Iglesia sostiene casi 27,000 instituciones sociales, que representan el 24% de las de la Iglesia Universal, y más de 119,000 instituciones educativas, que representa el 54.86 % del total de centros educativos que atiende la Iglesia en todo el mundo.

Todos estos proyectos son financiados con los donativos recogidos en el Domund. Las misiones siguen necesitando ayuda económica, y por eso es tan necesaria la colaboración de todos.

El Mensaje del Santo Padre para esta Jornada del Domund

En relación con el Sínodo de los Obispos “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”, que es está realizando en Roma, el Santo Padre ha querido darle una temática juvenil al Domund, con la intención de que nuestra Iglesia reflexione sobre la noble e importante tarea que ellos tienen en la Evangelización. Por tanto, su Mensaje hace un llamado a reforzar la Fe con la Misión.

Cada hombre y mujer es una misión, y ésta es la razón por la que se encuentra viviendo en la tierra. Ser atraídos y ser enviados son los dos movimientos que nuestro corazón, sobre todo cuando es joven en edad, siente como fuerzas interiores del amor que prometen un futuro e impulsan hacia adelante nuestra existencia. Nadie mejor que los jóvenes percibe cómo la vida sorprende y atrae. Vivir con alegría la propia responsabilidad ante el mundo es un gran desafío.

Las Obras Misionales Pontificias (OMP) nacieron de corazones jóvenes, con la finalidad de animar el anuncio del Evangelio a todas las gentes, contribuyendo al crecimiento cultural y humano de tanta gente sedienta de Verdad. La oración y la ayuda material, que generosamente son dadas y distribuidas por las OMP, sirven a la Santa Sede para procurar que quienes las reciben para su propia necesidad puedan, a su vez, ser capaces de dar testimonio en su entorno. Nadie es tan pobre que no pueda dar lo que tiene, y antes incluso lo que es. Me gusta repetir la exhortación que dirigí a los jóvenes chilenos: «Nunca pienses que no tienes nada que aportar o que no le haces falta a nadie: Le haces falta a mucha gente, y esto piénsalo. Cada uno de ustedes piénselo en su corazón: ‘Yo le hago falta a mucha gente’».