Epicentro evangelizador Agustino

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Alberto Calderón Ramírez

El Ex Convento de Tiripetío; epicentro de la evangelización de los Frailes Agustinos en Michoacán, a más de 480 años de su fundación, sigue siendo un espacio cultural y dinámico, donde aún se percibe la esencia de lo que se consideró la “Primera Casa de Altos Estudios de América”. Aquí, se siguen enseñando, ya no las cátedras de Teología y Filosofía que impartía el gran maestro Fray Alonso de la Vera Cruz, sino las bellas artes que grandes artistas contemporáneos exhiben en este espacio, hoy resguardado en perfectas condiciones por la Universidad Michoacana.

Tiripetío, que significa en purépecha “Lugar de Oro”, fue el cuartel de las misiones de los Agustinos en la Tierra Caliente, y uno de los edificios más importantes para esta Orden en toda la Nueva España. Los Agustinos llegaron a Michoacán en 1537, invitados por el encomendero de Tiripetío Juan de Alvarado. En esta población se establecieron Fray Juan de San Román y Fray Diego de Chávez.

En mayo de 1537, los Religiosos decidieron iniciar la Evangelización de la Tierra Caliente, para esta misión evangelizadora fueron nombrados los Padres Fray Juan de San Román y Fray Diego de Chávez y Alvarado, éste último, sobrino del encomendero. De esta manera, salieron los Religiosos de México el 22 de mayo y arribaron al pueblo en la Pascua de ese 1537. Desde ese día, y gracias al apoyo del encomendero y a la buena disposición de los indígenas, los frailes iniciaron el trabajo de enseñar en estas tierras el Evangelio cristiano.

Los Padres San Román y Chávez comenzaron su labor evangelizadora trazando, construyendo y planeando el pueblo y la construcción de un convento que les sirviera de centro doctrinal.

En cuanto a las obras del conjunto conventual, se sabe que la primera construcción que tuvo la función de Convento consistía en una casa de adobe con varios cuartos a manera de celdas. Posteriormente, se inició la construcción de un convento de dos pisos, con un patio central a manera de claustro y construido todo de piedra basáltica y cantera. Este convento estaba techado por una cubierta de madera que seguramente sostenía un tejado a una y dos aguas. De ese primer convento quedan sólo algunos restos y no forman parte del edificio que ha sobrevivido a los embates del tiempo.

A partir del año 1543, el P. Fr. Diego de Chávez comenzó a edificar un nuevo convento más grande, cómodo y a su entero gusto, pues el primero lo había edificado el Padre San Román. Este nuevo convento constaba solamente de dos salones con bóveda de cañón, sobre los que edificó el dormitorio, alterando la portería del primer convento para construir las escaleras de acceso a la planta alta. El convento representaba una completa innovación en cuanto a la tradición constructiva de conventos se refiere, no sólo entre la Orden Agustina, sino también en toda la Nueva España, pues el carecer de un patio central generaba un modelo arquitectónico completamente nuevo que no respetaba los patrones tradicionales. La construcción de este convento se terminó en 1553. Tiripetío fue uno de los pocos pueblos en el cual todas las obras, urbanas y arquitectónicas, se culminaron en un solo periodo constructivo, lo que nos indica el auge que experimentaba el pueblo en el primer siglo de la dominación española.

En el mes de noviembre de 1540 se realizó el Capítulo Provincial de los agustinos en la Ciudad de México, y dentro de las resoluciones tomadas allí, se decidió crear un centro de estudios mayores de Artes y Teología. Y Tiripetío se eligió como sede del primer “Centro de Estudios Agustinos” en el Nuevo Mundo. Los estudios que se impartieron en Tiripetío a partir de 1540-1541 poseían las características de la enseñanza que se impartía en las universidades españolas. La enseñanza de las Artes se basaba en enseñar y explicar las siete disciplinas libres del Trivium (Gramática, Lógica o Dialéctica y Retórica) y el Cuadrivium (Geometría, Aritmética, Astronomía y Música). Los frailes recibían una educación que comprendía el estudio de la naturaleza y del ser humano; además, se estudiaban las obras de San Agustín, Santo Tomás de Aquino y San Alberto Magno, entre otros.

Durante el mismo Capítulo en que se eligió a Tiripetío como Colegio de Estudios Mayores, se realizó la elección del maestro que sería el Lector de Artes y Teología, siendo designado por sus altas cualidades el Maestro Fray Alonso de la Vera Cruz.

El Colegio de Tiripetío obtuvo su fama en buena parte por la presencia de Fray Alonso, considerado el hombre más sabio de la Nueva España. Los estudios continuaron en este pueblo a lo largo del siglo XVI, pero con el paso del tiempo fueron trasladados a otros Conventos como el de Valladolid o Yuriria.

La labor de los Frailes Agustinos no se limitaba al aspecto meramente espiritual, pues apoyados por el encomendero, también se preocuparon por llevar a los indios de Tiripetío el conocimiento de técnicas artesanales para que trabajaran todos los materiales a la manera española e indígena. De esta manera, los indios de Tiripetío aprendieron oficios de pintores, tallistas y canteros, entre otros. El dominio de estos oficios, sumados a los tradicionales del pueblo purépecha, le permitió a Tiripetío situarse como uno de los principales centros artesanales de Michoacán.

La doctrina y convento de Tiripetío permanecieron bajo la administración de los Frailes de San Agustín por un periodo de 265 años, pero en el año de 1802, poco antes del fin del periodo colonial, la doctrina fue entregada al Clero secular. A partir de entonces, el edificio fue cayendo en un lento pero progresivo olvido y deterioro.

12y13 5 1Espacio de difusión de la cultural y las bellas artes

Entre los años de 1938 y 1940, el Presidente Lázaro Cárdenas dispuso la restauración del edificio del ex Convento y lo incorporó al patrimonio de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, misma que durante los siguientes años permitió el funcionamiento de las escuelas primaria y secundaria del pueblo.

Ya con un notable deterioro, en 1980 lo volvió a retomar la Universidad, para darle una exhaustiva restauración, y desde entonces funciona como un centro de cultura e investigación, pero, sobre todo, como un espacio para la extensión universitaria a las zonas rurales.

“En la actualidad, el ex Convento tiene las funciones sustantivas de la Universidad, que es la Difusión cultural y la Extensión Universitaria. Hacemos mucho trabajo con la zona rural, es el contacto de la Universidad con la zona rural, pero también es un espacio cultural, donde se exhiben obras de arte, hay conciertos de música, representaciones de teatro, de balen folclórico, y todas las diferentes actividades que se engloban en las Bellas Artes se presentan aquí”, destacó la Lic. Elizabeth Moreno Carachure, Directora del Ex Convento.

Comentó que durante las tardes, y los sábados por la mañana, en el ex Convento también se imparten talleres gratuitos de Guitarra, Caligrafía, Diseño Floral, Danza Contemporánea, Artes Plásticas, Dibujo y Pintura, en los que participan niños, jóvenes y adultos que vienen de las distintas las comunidades rurales aledañas a Tiripetío,

“Albergamos también el Centro de Documentos Históricos Microfilmados, que cuanta con una gran cantidad de documentos procedentes en su mayoría del Archivo General de Sevilla, España, y un área de investigación, en donde se trascriben documentos, y las salas donde se exponen obras de pintura”, comentó la Directora de esta institución.

“El ex Convento sigue teniendo esa esencia de lo que fue en su fundación, de un centro de estudios donde se impartían grandes cátedras y se enseñaban oficios, hoy también se acerca a las gente a las artes y la cultura. En aquel tiempo, se dedicaba a preparar a la gente, y de aquí salieron músicos, canteros, herreros. Los Frailes se preocupaban por preparar a la gente en esos oficios, y ahora también este espacio trata de acercar a la gente a las Bellas Artes, con todas las actividades que aquí se realizan”, afirmó la Directora del ex Convento.

12y13 12Templo parroquial de San Juan Bautista

Junto al ex Convento, se levanta también el templo dedicado a San Juan Bautista. Comenzó a edificarse a mediados de 1538, casi un año después de que los Frailes llegaron al pueblo y se terminó hacia 1548. Este edificio fue construido con una planta sencilla, de una sola nave, con el ábside en forma trapezoidal. Las crónicas mencionan que la fachada del templo era una de las más hermosas que se habían construido no sólo en el Obispado de Michoacán, sino en la Nueva España entera… En el interior de la iglesia se levantaban dos corredores de arcos torales que servían como división para los fieles, tratando de dar una apariencia basilical, quizá con la idea de imitar las basílicas de los primeros siglos del cristianismo. Este templo no sobrevivió al tiempo, pues en el año de 1640, cuando uno de los indios iba a llamar a Misa, la antorcha con que se iluminaba prendió la estructura de madera del coro, destruyéndose para siempre la referida grandeza. Con este incendio, el fastuoso templo de Tiripetío perdió su decoración, su fachada y hasta sus dimensiones, reedificándose con más austeridad, tal como se ve en la actualidad. Esta reconstrucción se terminó hacia 1650, pero nunca pudo igualarse a la que había consumido el fuego.

Aunque la Parroquia está dedicada a San Juan Bautista, la fiesta más grande se la dedican el martes de Carnaval a la Virgen de los Prodigios, representada en una pintura antiquísima que preside el altar mayor y que es venerada con gran devoción.