El adulto mayor, EN ABANDONO

centrales 3Alfonso Francisco Hernández Pérez

Las condiciones de vulnerabilidad más delicadas en el ser humano se presentan en la edad más temprana cuando aún se es niño y el cuerpo no se ha fortalecido, pero también en la más tardía, cuando el agotamiento físico y las enfermedades se vuelven frecuentes, el adulto mayor en este caso ya no puede realizar de manera óptima muchas actividades y requiere de apoyo para poder subsistir. Y, si a las razones biológicas le sumamos condiciones de vida precaria, como falta de alimento o de techo donde vivir, la situación se vuelve crítica.

Son muchos los adultos mayores que, aquejados por una enfermedad mental o por el abandono de la familia, problemas de drogadicción y alcoholismo, se encuentran en las calles. Sin un buen samaritano que cure sus heridas, muchos de ellos se vuelven incluso en imagen de cultura urbana, en ciudades como Nueva York y Los Ángeles, en la Unión Americana, y que ya se han vuelto, por su número, un gran problema. En nuestro país, las justificaciones culturales nos llevan a integrarlos a la cotidianidad y a llamarlos “teporochitos”; si a esto le sumamos una condición indígena, el estigma se agranda.

Efeméride

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) celebró la primer asamblea dedicada al envejecimiento en 1982. En ella declaró el 28 de agosto como el Día del Adulto Mayor. En México, un año después se instauró este día con carácter nacional. Desde entonces, los gobiernos locales y nacionales organizan actividades con la finalidad de integrarlos a la dinámica social. El Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), una de las instituciones encargadas de proveer recursos e infraestructura para dignificar su vida, lo hace a través de estancias del adulto mayor, en distintos municipios y, en algunos casos, en estrecha colaboración con la Iglesia, la cual por siglos ha participado de este apoyo por medio de religiosos y laicos. La Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) también cuenta con programas, sobre todo de carácter alimentario, o con pensiones de hasta 1,200 pesos bimestrales. Por otro lado, instituciones encargadas de la salud, como el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ofrecen a sus derechohabientes talleres de manualidades, actividades deportivas, como taichí o caminatas, y actividades culturales como baile y canto para alejar del sedentarismo y la depresión de los mayores; sin embargo, se estima que por lo menos el 5% de los adultos mayores se encuentran en situación de calle, es decir, más de 350,000 personas son invisibles para las autoridades y para buena parte de la sociedad, no así para instituciones que se dedican a su ayuda, desde asilos, comedores y clínicas de salud.

centrales 5Discriminación y exclusión

De acuerdo a cifras del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), el 55.2% de esta población entre los 65 y los 69 años se encuentra realizando una actividad productiva, por desgracia mal remunerada, y en actividades y oficios de alta demanda física, en una etapa en la que el 56% se sienten limitados físicamente para caminar, subir o bajar escaleras o correr, lo que implica levantar brazos, desplazarse con rapidez, estar expuestos a altas temperaturas en la cocina, agacharse, estar parado mucho tiempo o sentarse, lo que los hace objeto de discriminación en instituciones bancarias, por ejemplo, en donde el que se encuentra en situación de calle incluso suele dormir; entidades públicas como hospitales, en donde suele vérseles en pasillos, acostados por horas, con cuadros de salud agudos y ante la falta de personal médico capacitado y sensible para atender a quien incluso no habla o se encuentra harapiento y mal oliente, son de caminar lento y por lo tanto víctimas de accidentes viales, resbalamientos y caídas. Nuestra visión individualista y consumista nos lleva a tacharlos como “locos” o “poco entendidos” e incluso a gritarles o faltarles el respeto. Pequeñas acciones como ceder el asiento o conceder el paso van formando una mejor educación cívica en beneficio de nuestros adultos mayores.

UFASTA determina que el 67% de los adultos mayores se aíslan, lo que tiene asociado condiciones de depresión, algunos manifiestan que “creen no servir para nada”, “la gente los hace sentir inútiles”, “se sienten incomprendidos”, la gente cree “que se quedaron sordos y no pueden participar en las conversaciones”, “los menores tienen malas maneras hacia ellos”, por lo que un cambio de trato no nos vendría mal.

centrales 7Condiciones de Salud

La doctora Laura Méndez es médica general en el Patronato de Nuestra Señora de Guadalupe para la Atención del Anciano I.A.P., noble institución que comenzó precisamente con adultos en condición de calle. Nos dice que la prevalencia de enfermedades en esta población son las crónico-degenerativas, como lo son la diabetes melitus, la hipertensión arterial, así como algunos padecimientos reumatológicos, como artrosis, artritis reumatoide y la osteoporosis. Los tratamientos apropiados permiten que los pacientes se mantengan estables; teniendo control, por ejemplo, en sus alimentos, en los medicamentos, así como en la aplicación de insulina, se pueden lograr notables mejorías.

Son varias las instituciones de asistencia que ofrecen apoyo al adulto mayor, en ellas hay atención psicológica, enfermeros que se encargan de apoyar emocionalmente y, sobre todo, en actividades de fisioterapia. En algunos casos se requiere de tratamiento específico, por lo que resulta indispensable establecer convenios con centros psiquiátricos y hospitales del Sector Salud. El carácter preventivo de atención puede evitar que padezcan, por ejemplo, enfermedades respiratorias o diarreicas y para las cuales se deben extremar cuidados: los padecimientos crónicos que ya no tienen solución se pueden agudizar de no contar con todas las condiciones para su tratamiento. Son ejemplares los esfuerzos para lograr intervenciones para cataratas, o para llevar sillas de ruedas a esta población, pues la necesidad es mucha y los esfuerzos insuficientes, se requieren pañales, alimentos, cobijas, ropa y sobre todo mucho amor y acompañamiento.

El INEGI establece que en nuestro país existen 7 millones de personas mayores de 65 años, una población con un crecimiento exponencial, considerando que en 1970 esa población era de tan sólo 1.8 millones, lo que representaba 8 adultos mayores por cada 100. Datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENEIGH) 2016 señalan que hay 33.5 millones de hogares en el país y en 30.1% de éstos reside una persona de 60 años y más. En el caso de una persona en situación de calle, la cifra es difícil de determinar, dado que no existe un espacio físico en donde contabilizarlo, aunado a una posible falta de identidad. La encuesta intercensal 2015 establece que en las viviendas donde vive un adulto mayor, el 18% utiliza como principal combustible la leña o el carbón, el 6.4% no cuenta con drenaje y el 4.8% no tiene agua entubada y 3.8% tiene piso de tierra.