"LOS CAMBIOS SON BUENOS Y HAY QUE ADAPTARSE"

23 1de1 3 Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma

Entrevista (Sres. Obispos Auxiliares Segunda Parte de Dos)

Alberto Calderón Ramírez

–A dos años de ministerio episcopal, ¿cómo se ha sentido?

–Ha sido un compromiso y un reto, porque hay que aprender a ser Obispo; tratar a los sacerdotes, saber convivir con los demás Obispos, el trabajo pastoral, aunque ya de alguna manera lo conoces y tienes ya una experiencia, sin embargo ya como obispo, es otro papel muy importante de estar al pendiente, sobre todo la Comisión que me dieron a mí, de encargado del Clero, pues es estar muy cerca de los sacerdotes acompañarlos, escucharlos, y sobre todo, estar en los momentos de transición, de cambio con ellos, que son momentos que les causan sus crisis, emocionales y familiares.

Ha sido también un momento muy importante para mí el abrirme a esta colegialidad con los demás Obispos, en la Conferencia Episcopal, donde recibes un buen trato, en un ambiente agradable de confianza, de estima, y también ha sido para uno tener una visión más amplia de la iglesia mexicana.

En estos dos años, estoy muy contento con mi episcopado. Por otra parte, me siento satisfecho y feliz, me siento aceptado y querido por el Presbiterio, yo también los estimo y los quiero, nos conocemos casi con todo el Presbiterio, con los grandes, con los más pequeños, han sido experiencias de cariño con el Presbiterio y sentirse uno estimado, lo hacen a uno sentirse feliz para servir con gusto y responsabilidad mientras Dios quiera que sirva aquí.

–¿Ya aprendió a ser Obispo?

–Yo creo que no, apenas son dos años, no es mucho, y en esto se aprende diario, porque son experiencias nuevas, hay experiencias inéditas, y uno se pregunta ¿y aquí cómo?, y en esas experiencias inéditas aprendes a través del mismo ejercicio, es decir, es como cuando uno quiere aprende a ser buen sacerdote en el Seminario, y no aprendes en el Seminario: ahí aprendes a ser seminarista, y cuando aprendes a ser sacerdote, es cuando ejerces tu sacerdocio. Lo mismo acá, aprendes a ser Obispo en el ejercicio de tu episcopado, entonces estás en un continuo aprendizaje en la medida que ejerces tu episcopado. Siempre Dios nos sorprende y nos va enseñando el camino para no ser herméticos o cerrados, sino con una actitud de aprendizaje.

–El trabajo que realiza con los padres en la Pastoral del Clero, ¿qué le ha dejado, cómo ha sido el caminar con los sacerdotes, tanto diocesanos como religiosos?

–Antes que nada, con los sacerdotes yo estoy muy agradecido, primero porque me siento parte de ellos y me lo expresan, no como parte de la diplomacia, sino con mucho cariño. De los sacerdotes siento su afecto, su cariño, me siento acogido por ellos, y también hay muchos sacerdotes en la Diócesis cuyo trabajo pastoral ha sido para mí una inspiración, porque son gente que te inspira, porque son delicados, responsables, generosos, creativos en su pastoral y realmente me da gusto y alegría contar con ellos, trabajar con ellos, te inspiran, te animan y vale la pena. Pero, por otra parte, las deficiencias que hay en su formación, en su vida personal, pues esto nos incita, me motiva a preparar mejor los temas de Formación Permanente, a buscar caminos para ayudarlos, de una forma más personal.

Con los hermanos religiosos, ha habido una cercanía atenta, respetuosa, cordial, de ellos hacia mí, yo reconozco el valor de sus carismas, que son necesarios en la Iglesia y que nos enseñan muchas cosas, como la espiritualidad comunitaria, su lucha por mantener vivo el carisma en medio de todas las circunstancias difíciles. Yo creo que los religiosos son un valor y un carisma que debemos aquilatar.

–¿Cuál ha sido su experiencia en las comunidades, con la gente?

–El contacto con la gente, con el pueblo de Dios, te alimenta y te nutre. Esto que dice el Papa de ‘oler a oveja’ implica ese contacto con la gente, pero no en teoría, porque podemos ser teóricos de la pobreza, teóricos de la Iglesia; pero la Iglesia se vive, se palpa en las comunidades, en su religiosidad, en sus acciones de fe, en la forma como se acercan al Obispo, cuando piden que los bendigas, y eso te hace crecer y te hace sentir no sólo útil, sino ejercer el ministerio como Jesús quiere que se haga siempre.

–Qué le diría a los sacerdotes, a los fieles, en esta etapa de transición, de nuevas formas de trabajo?

–Primero, que hay que tener paciencia y adaptarnos a las nuevas circunstancias. Yo creo que son dos hondas huellas que han dejado el Sr. Alcaraz y D. Alberto –entre ambos fueron 44 años– y ahora pues es momento de irnos adaptando a una nueva circunstancia, un nuevo Arzobispo que tiene un personalidad diferente a los anteriores, tiene un visión eclesiológica un poco diferente a los otros, y un estilo diferente de atender, de acompañar a los sacerdotes y las comunidades, y se siente y se resiente mucho este cambio. Pero yo les digo que los cambios son buenos, son necesarios, saludables; pero hay que saber adaptarse a los cambios con paciencia con aceptación, con colaboración, tratando de comprender los mecanismos, aunque cuesta trabajo, pero con paciencia colaborar con nuestras capacidades y talentos y dar lo mejor de nosotros mismos, para adaptarnos mejor y responder a las necesidades de las comunidades.

Me encomiendo a las oraciones de mis hermanos sacerdotes y fieles, que sepan que lo que hago, lo hago con mucho gusto, con muy buena voluntad, con entusiasmo de prepararme para dar el mejor servicio que pueda; y mientras Dios nos dé licencia de estar sirviendo en esta Arquidiócesis, cuenten con mi amistad, mi cariño, mi servicio desinteresado; y que también les pido que oren por mí.