FALTA FORMAR CONCIENCIA SOCIAL

MONSEÑORHERCUMons. Herculano Medina Garfias

Entrevista con los Sres. Obispos Auxiliares (Primera Parte de Dos)

Con ocasión del 2º Aniversario de Ordenación Episcopal de los Sres. Obispos Auxiliares de Morelia D. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma y D. Herculano Medina Garfias (que se cumplirá mañana lunes 26 de febrero), presentaremos a nuestros lectores sendas entrevistas en este y el siguiente número, en orden a darles a conocer la labor que han realizado ambos en estos dos años, cómo han vivido la transición del episcopado de D. Alberto Suárez al de D. Carlos Garfias, las expectativas que tienen para su propio ministerio y cuáles son a su juicio los principales retos pastorales de la Arquidiócesis.

Mons. Herculano nos recibe gentilmente en su oficina del “Guadalupano” (Etapa de Nivelación del Seminario Diocesano).

De entrada, y aunque no deja de ser cosa anecdótica, no nos resistimos a formularle la obvia pregunta –siendo él de Cd. Hidalgo y Mons. Carlos Garfias de la cercana Tuxpan, es decir, casi paisanos y compartiendo ese último apellido– de si son parientes, contesta que lo que han averiguado es que la abuelita de D. Carlos y la mamá de D. Herculano son ambas originarias del cercano pueblo de Agostitlán y son parientes, pero no han determinado en qué grado.

En relación a las tareas que se le han confiado, Mons. Medina responde que con D. Alberto estuvo al frente de la Vicaría Episcopal para la Pastoral Social y, con D. Carlos, de la Vicaría Episcopal para la Vida Consagrada, en virtud de la renuncia que a ésta hiciera el hoy Obispo Auxiliar Emérito D. Octavio Villegas. También sigue como responsable diocesano del Hospital de la Salud y de la Escuela de Enfermería, y continúa viviendo y colaborando en la Etapa de Nivelación del Seminario Diocesano.

Respecto a la Vida Consagrada, señala que este ámbito no le era desconocido, pues anteriormente había tenido la oportunidad de estrechar vínculos con diversas Congregaciones tanto a través de los retiros y ejercicios que les ha dirigido, como de su labor docente en el Interreligioso del “San Juan Pablo II”.

Sobre el grado en que ha logrado insertarse la Vida Consagrada en la pastoral diocesana, lamenta que los religiosos en general se sienten al margen del proceso; anteriormente, se hacían reuniones para integrarlos, pero no han continuado. Existe entre ellos un gran interés por resignificar la Vida Consagrada desde su carisma, desde su identidad.

Otro aspecto relevante es su preocupación por la Formación Permanente de los Religiosos(as) de votos perpetuos, que anteriormente no se planteaba, pero hoy resulta muy necesaria. Un ejemplo de afrontar este reto lo ve en los Salesianos, que se han dejado ‘actualizar’ por los Misioneros del Espíritu Santo. Hay ideas, iniciativas de formar un Equipo Técnico para afrontar diocesanamente esta necesidad.

También resultaba inevitable abordar con él la “cuestión social” diocesana, que ha sido uno de sus “fuertes”, tanto por su formación académica como por su trayectoria ministerial y la tiene personalmente “a flor de piel”. Le preguntamos si, a su juicio, se ha debilitado entre fieles y sacerdotes la preocupación o el sentido solidario en los últimos años. Desde su larga experiencia como formador del Seminario contesta que, lamentablemente, se tiene una pobre formación social de los presbíteros, y, en general, ha faltado la formación de la conciencia social de los cristianos, y como resultado, no se es solidario, la fe no tiene una proyección social y no hay una cultura cristiana. Ha faltado trabajar más los procesos pastorales en las Parroquias, y ha faltado continuidad y actualización en los programas. Hace falta también trabajar en la organización, porque la institución se ha vuelto en este aspecto tan vulnerable como la misma sociedad a la que busca servir. “Los grupos o agentes, sin organización, son como células muertas”, deplora.

Respecto de qué actitud ha de tomar la Iglesia ante una economía cada vez más disgregante del tejido social, se anima y afirma que, frente a la economía capitalista, que ha debilitado a la sociedad (“modelo nocivo, máquina que produce pobres”), la Iglesia tiene programas de economía solidaria. Menciona que, según datos del año 2000, la mayor parte de la riqueza del mundo la concentraban sólo 368 familias; para 2014, los diez más ricos magnates acumulaban la mayor parte de la riqueza. Lamenta que la corriente a favor de la igualdad de género ha provocado que, al insertarse la mujer plenamente y en gran número en el mercado laboral, el núcleo familiar se debilita, mientras que la Iglesia (y cita ‘Laborem Excercens’) ha pugnado no por que la mujer no trabaje, sino por que no se vea obligada a hacerlo y a descuidar a la familia. La economía solidaria, en cambio, pone en el centro de la actividad económica a la persona y no a la ganancia.

Por lo que toca a sus expectativas como Obispo, comenta que ve el reto de que trabajen más en equipo los Obispos Auxiliares con el Sr. Arzobispo, a lo que manifiesta su disponibilidad permanente de colaborar con él, caminando juntos en esta etapa de aprendizaje, sin descuidar sus cometidos. Comenta que ha tenido la oportunidad de conocer la Iglesia en los diferentes planos (desde laico hasta Obispo) y por otra parte valora la preparación que pudieron obtener él y D. Víctor en el Curso para Obispos noveles que recibieron en Roma en el año 2016.

En razón de que, al ser consagrados en febrero de 2016, se acababa de concluir la reestructuración de Comisiones y Dimensiones de la CEM, ya no les tocó encabezar ninguna de las “carteras” del Episcopado, pero participan regular y plenamente en las Asambleas como cualquier otro prelado y han tenido oportunidad de conocer las estructuras de la Conferencia.

Finalmente, en lo que hace a los desafíos que ve en el actual episcopado de Mons. Garfias, señala los siguientes: 1º) La revitalización de las estructuras diocesanas; 2º) resolver la situación económica (el déficit), sensibilizar a los sacerdotes, pues urge que éstos se solidaricen; 3º) crece el número de sacerdotes mayores de 75 años (edad de retiro), y hoy llega al centenar; 4º) el de las vocaciones, que es muy grande, pero no imposible de afrontar (“si cada sacerdote se comprometiera a mandar a un joven al Seminario cada año, se resolvería”, afirma); y 5º) el trabajo de evangelización (“tenemos un 90% de bautizados pero no evangelizados, que no saben lo que significa ser bautizados”, señala).

Mons. Medina se despide amablemente de nosotros, agradeciendo a este semanario, y en general al Presbiterio y a todos, y se reitera dispuesto “a servir en lo que más pueda”. Su usualmente apretada agenda que publicamos cada ocho días así lo muestra.