dfsJulieta Appendini*

Ésta es una historia que narra el trabajo invaluable, incansable e insustituible que realiza una misionera que está en el mundo y es un oasis en el camino de la Iglesia que sufre.

Samia Syiej es religiosa y misionera, coordina la catequesis para un grupo de niños en la Iglesia de Altip, al sur del Barrio Viejo, de Homs, en Siria. Ella se encarga de curar las heridas de la guerra.

“Las familias nos han ayudado a reparar dos partes del techo de la iglesia que estaban destruidas por los bombardeos. Pero además entre todos tenemos que ayudar a reparar la destrucción que no sólo ha quedado fuera, sino dentro de los corazones. Yo soy misionera y mi primera responsabilidad es dar testimonio espiritual y ayudar a la gente. Esto es lo que me mueve. Hemos vivido la guerra de cerca. La catequesis es importante para curar heridas”.

La Iglesia en Siria está viva, a pesar de más de 8 años de guerra. Los sacerdotes, religiosos y religiosas presentes en el país se han convertido en un motivo de esperanza. “No hemos dejado nunca de ofrecer nuestro apoyo, oración y acompañamiento. Todo se hace con la colaboración de sacerdotes, religiosas y laicos. Trabajamos juntos en la organización de estas actividades”, dice la hermana Samia.

Esta misionera, además de coordinar la catequesis, trabaja en un centro de atención a niños con discapacidades intelectuales, y durante la parte más cruenta de la guerra, se encargó de proporcionar las palabras de esperanza y fe.

“Siempre hemos tenido proyectos con ACN, durante el verano, por ejemplo, hay varios campamentos para los jóvenes, que dan esperanza a muchas personas. Esto nos anima”.

Miles de misioneros, como la hermana Samia, viven en zonas de pobreza extrema y zonas de guerra. Sólo gracias a la ayuda de Dios, a través de personas como tú, pueden recibir un apoyo para su sostenimiento y llevar así la buena noticia de la fe, la esperanza y la caridad a las personas que más lo necesitan.

* Directora de ACN-México