bkhkjlJulieta Appendini*

A lo largo de la historia, México ha sido un país que ha recibido a muchas personas de todo el mundo que han tenido que emigrar por diversas razones. Es probable, incluso, que muchos de los que estén leyendo este artículo sean hijos de inmigrantes; sin embargo, en estos días, nuestro país vive una situación muy difícil por el tema de la migración. Se ha incrementado exponencialmente la entrada a nuestro país de miles de personas de varios países de Centroamérica, no sólo como paso a los Estados Unidos, sino como una alternativa para quedarse.

¿Por qué deciden dejar todo, a pesar de que hacerlo puede significar el fin de su existencia? Hace unos días, ante la visita de ACN a Honduras, un señor del lugar, dispuesto a emigrar a otro país, nos dijo: “Hay de dos: o mueres aquí o sales para sobrevivir”.

La Iglesia Católica en México, junto con sus Obispos, sacerdotes, religiosas, religiosos y miles de laicos comprometidos, hace esfuerzos desesperados por atender esta situación y dar un trato humano y digno a todas estas personas.

La Conferencia de Episcopado Mexicano (CEM) emitió un comunicado en donde los Obispos externan su preocupación por la falta de acogida verdaderamente humanitaria a nuestros hermanos migrantes, que muchas veces no refleja nuestras convicciones en materia de reconocimiento y protección de los derechos de todos los seres humanos por igual. Afirmaron que desplegar seis mil efectivos de la Guardia Nacional en la Frontera Sur no es una solución de raíz que atienda a las verdaderas causas del fenómeno migratorio.

También el Papa se ha manifestado en repetidas ocasiones ante la problemática migratoria, asegurando que se pueden alzar muchos muros y bloquear las puertas de entrada con la ilusión de sentirse seguros con las propias riquezas en detrimento de los que se quedan afuera, pero Dios destruirá las barreras construidas entre los países y sustituirá la arrogancia de unos pocos por la solidaridad de muchos.

No está en nuestras manos acabar con este drama de la migración, que además, ha acarreado contingencias sociales en las principales zonas a donde llegan los migrantes y también a nivel general en el país. Sin embargo, sí tenemos una gran oportunidad de practicar la caridad y unirnos al trabajo de humanización que están haciendo muchos cristianos comprometidos en favor de nuestros hermanos necesitados migrantes.

* Directora de ACN-México.