otuogouoRogelio Vázquez Carmona, Responsable Diocesano de la Dimensión de Música Litúrgica

Tomado el título de una tesis teológica presentada por el sacerdote David Tapia Zavala de la Diócesis de Tacámbaro, en esta frase se refleja muy bien lo que debe buscarse por parte de los ministros de música en nuestras iglesias.

Estamos muy acostumbrados a realizar celebraciones con cantos, algunas mejor preparadas que otras, pero quedándonos únicamente en el aspecto meramente musical, sin llegar a aterrizar en que verdaderamente se provoque en los feligreses, que asisten a ellas, una plena, activa y fructuosa participación a través de la música que interpretan los ministros del canto y la música litúrgica. Muchas de las ocasiones, queda en una mera ambientación musical de la celebración, en conciertos bien preparados, donde la feligresía se torna un mero espectador pasivo de los cantos sin llegar a la trascendencia que los haga unirse, al escucharlos o cantarlos, en una oración de “suave fragancia que se eleva a Dios” (S. Agustín de Hipona.)

Éste es uno de los principales retos a los que nos enfrentamos hoy en día: que verdaderamente se integren los cantos a los momentos y ritos celebrativos en nuestros sacramentos y sacramentales, principalmente en nuestras Eucaristías.

Para lograr esto, se necesita una auténtica y verdadera planificación pastoral para nuestras celebraciones, principalmente las dominicales. Para conseguirlo, es necesaria la corresponsabilidad participativa de todos los que desempeñan una función importante en las celebraciones litúrgicas. “La efectiva participación de cada celebración litúrgica hágase con ánimo concorde entre todos aquellos a quienes atañe, tanto en lo que toca al rito como al aspecto pastoral y musical, bajo la dirección del rector de la iglesia y oído el parecer de quienes a ellos directamente atañe” (“Planificación Pastoral para la celebración” Conferencia Episcopal de los EE UU).

El poder de una celebración litúrgica está en lograr una unidad de todos los elementos que la conforman, extraída de la fiesta o de la temporalidad litúrgica: de una adecuada preparación de cada uno de sus elementos y de los ministros que han de intervenir en ella; de las lecturas indicadas en el Leccionario y de la unidad artística que emana de la hábil y precisa selección de los cantos que han de intervenir en ella, de manera que los feligreses intervengan en las partes que les correspondan y todos en unidad “se conviertan en agradable ofrenda a Dios”.