1087715369Julieta Appendini*

Se ha incrementado exponencialmente la entrada a nuestro país de miles de personas de varios países de Centroamérica, no sólo como paso a los Estados Unidos, sino como una alternativa para quedarse. ¿Por qué deciden dejarlo todo, a pesar de que hacerlo puede significar el fin de su existencia? Hace unos días, ante la visita de ACN a Honduras, un señor del lugar, dispuesto a emigrar a otro país, nos dijo: “Hay de dos: o mueres aquí o sales para sobrevivir… Nosotros salimos de aquí cansados, decepcionados de nuestro país, pobres, perseguidos, violentados, amenazados, con miedo, pero con fe de que el camino será fácil. Estamos hartos de no encontrar una vida digna en donde nacimos. Por eso, vamos en búsqueda de ella, no importan las fronteras y los límites”.

En este dolor que pasan cientos de migrantes y sus familias de muchas partes del mundo, Honduras, Salvador, Guatemala, Haití, Cuba, y algunas partes de África, la Iglesia Católica en México, junto con sus Obispos, sacerdotes, religiosas, religiosos y miles de laicos comprometidos, hace esfuerzos desesperados por atender esta situación y dar un trato humano y digno a todas estas personas.

La Conferencia de Episcopado Mexicano emitió un comunicado, en donde los Obispos externan su preocupación por la falta de acogida verdaderamente humanitaria a nuestros hermanos migrantes. Afirmaron que desplegar seis mil efectivos de la Guardia Nacional en la Frontera Sur no es una solución de raíz que atienda a las verdaderas causas del fenómeno migratorio. “El combate a la pobreza y a la desigualdad en México y en Centroamérica pareciera quedar sustituido por el temor ante el otro, nuestro hermano”.

También el Papa se ha manifestado en repetidas ocasiones ante la problemática migratoria, asegurando que se pueden alzar muchos muros y bloquear las puertas de entrada con la ilusión de sentirse seguros con las propias riquezas en detrimento de los que se quedan afuera, pero Dios destruirá las barreras construidas entre los países y sustituirá la arrogancia de unos pocos por la solidaridad de muchos.

No está en nuestras manos acabar con este drama de la migración, que, además, ha acarreado contingencias sociales en las principales zonas adonde llegan los migrantes y también a nivel general en el país. Sin embargo, sí tenemos una gran oportunidad de practicar la caridad y unirnos al trabajo de humanización que están haciendo muchos cristianos comprometidos en favor de nuestros hermanos necesitados migrantes.

Abramos el corazón hacia estas personas que llegan a nuestro territorio, recordando que lo que hagamos o dejemos de hacer por ellos es parte de nuestra responsabilidad como cristianos. Desde ACN seguiremos apoyando estos proyectos pastorales, en favor de los más necesitados. Esperamos tu oración y solidaridad.

* Directora de ACN-México