10 1de1 2P. José Luis García Silva, Responsable de la pastoral de Pueblos Originarios

La luz de Cristo inundó el pueblo originario de Naranja de Tapia, con motivo de la Tsintskua Diocesana de la Juventud Indígena. Jóvenes provenientes de las diferentes comunidades originarias de la Arquidiócesis y un grupo de la diócesis de Zamora llegaron a Naranja convocados por la Dimensión de Pastoral de Pueblos Originarios. Alegría, Fe, Historia y Tradición fue lo que caracterizó esta VI Tsintskua Diocesana.

Al entrar a la comunidad, los esperaban con el desayuno preparado por el prioste joven y sus orhetspiticha, después el Rito de purificación a los visitantes y la coronación de los anfitriones. La Sagrada Tsintskua adornada de pan, flores y hermosas costuras preparadas para su gran día.

Después, en el templo, su servidor haría el enlace con la Tsintskua pasada de San Bartolo Pareo, donde el tema fue la construcción de la Paz y el aporte de los jóvenes a sus comunidades. Ahora tocaría reflexionar sobre la Presencia de Cristo en el alma de los jóvenes indígenas. Se tendría que partir del evangelio de los Discípulos de Emaús, donde ellos gozarán de su presencia y lo reconocerán al partir el pan. Un elemento importante para esta reflexión es tomar el dato de la experiencia religiosa de los pueblos prehispánicos para lograr una verdadera inculturación del Evangelio. Por eso retomamos lo que nos dijeron nuestros abuelos. Que Dios estaba presente en los ríos, en los lagos de Pátzcuaro, Zirahuen, Camécuaro. Dios estaba en los altos montes y cerros sagrados, Dios vivía en el trabajo diario de los antepasados, lo veían en el sol, la luna, la estrella y el rayo. En la lluvia y en la madre tierra.

Los jóvenes meditaron sobre la presencia de Dios en la historia y en la actualidad. Los aportes que dieron de su reflexión dio como luz el que la mayoría de los jóvenes indígenas aún conservan el respeto por Dios y saben que Dios está con ellos en sus familias, en los templos, en la naturaleza, en sus fiestas.

El compromiso sería que Tsintskua llegara a todas las comunidades indígenas para reforzar la fe y la cultura de todos los jóvenes.

Un momento muy sagrado para esta fiesta juvenil es cuando se realiza el ritual del Tsintskua, que en esta ocasión se hizo tostando el maíz morado en una Parangua, para después molerlo en el metate y hacer el pinole. Se trata de que los jóvenes aprecien lo que cada pueblo tiene en sus usos y costumbres y para el Pueblo de Naranja este delicioso alimento es parte de su cultura.

En el momento de tostar el maíz se le puso copal a la Sagrada Tsintskua, que es la cruz con la Resurrección del Señor. También se purificó a quienes harían el pinole. Se entregó una pulsera blanca para atarse Cristo y a la Virgen María y a las costumbres y tradiciones heredadas por Tata Vasco. Se danzó por la alegría de la Pascua de Cristo y por la identidad indígena que se rescata con esta celebración.

La Santa Misa fue presidida por el Señor Obispo Don Alejo Zavala, él reforzó la celebración de Tsintskua con un hermoso mensaje de la Ascensión del Señor, donde animó a los jóvenes indígenas a ascender con sus comunidades a una vida más fraterna, más llena de Dios, valorando su cultura y su tradición.

Como es costumbre, después de la Misa, la Tsintskua sale a recorrer las calles del pueblo sede para iluminar con su luz la comunidad y a todos los presentes. Terminando, se sigue a la asamblea de líderes juveniles de las comunidades, donde se va a elegir la nueva sede. Para el año 2020, la sede de Tsintskua Diocesana será en el pueblo de Ajuno, de la Parroquia de San Juan Tumbio, municipio de Pátzcuaro.

Agradezco a los párrocos por su apoyo a esta gran celebración, párrocos de las comunidades Otomíes, pirindas, náhuatl y purépechas.

Felicidades a los jóvenes de Naranja de Tapia, muy buen trabajo realizado para rescatar el corazón y el rostro de nuestros jóvenes indígenas