13692771 1725274317711512 6878206920340975443 oRogelio Vázquez Carmona, Responsable de la Dimensión Diocesana de Música Litúrgica y Sacra

La música al servicio de los misterios litúrgicos en la Iglesia Católica debe reflejar la alegría del gozo pascual, sí, “pero jamás deberá dar pie a cualquier otro tipo de manifestación gozosa que atente contra la sacralidad del recinto ni contra la misma Liturgia” (Cardenal Robert Sarah, prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos).

Realizar el ministerio del canto litúrgico implica que lo que se realiza es para la Gloria de Dios, esto significa que deseamos que Él reciba todo el honor y la alabanza de nuestra acción y que sea mejor conocido, amado y servido. Por tanto, renunciamos a nuestra propia gloria personal. En una celebración litúrgica, es inconcebible que músicos o cantores se conviertan en los protagonistas de la misma. La música litúrgica debe ser ofrecida a Dios igual que las oraciones. No nos reunimos en el nombre del Señor para disfrutar de la música o para apreciar su calidad de ejecución. La música es únicamente un medio que nos ayuda a celebrar de una manera más consciente y activa las celebraciones litúrgicas, principalmente la Eucaristía. La música litúrgica es una sierva de Dios; si se vuelve protagonista, se convierte en un estorbo, en un lastre que evita que el feligrés se encuentre con Dios. Hacer música para la Gloria de Dios es contribuir a que Dios sea conocido, tal como verdaderamente es, por el mayor número de personas.

Urge, por tanto, una toma de conciencia profunda y real de por qué la música fue admitida en las celebraciones litúrgicas, no como adorno, no para amenizar un rito, sino para “ser parte integral de la Liturgia” (S.C. 112) y a través de sus melodías y textos elevar los corazones a Dios, por parte de todos los responsables de nuestras celebraciones litúrgicas. El “problema es que muchas personas se han acostumbrado a la música ramplona e inapropiada que se ejecuta en muchos templos”. En algunos casos, so pretexto de las celebraciones jubilosas de Pascua “se ejecutan ritmos inapropiados (muchas de las veces tomados de la música comercial y profana de moda); aún más, cantos profanos y/o de otro credo distinto al católico, etc. Se palmotea la “música” y hasta se baila. Cuando se hace de esta manera, la Liturgia se convierte en un show mundano donde la sacralidad es lo que menos preocupa o interesa” (Cardenal Francis Arinze). (Continuará).