SACRAliRogelio Vázquez Carmona, Responsable de la Dimensión Diocesana de Música Litúrgica y Sacra

“Si el canto que escuchas durante la celebración litúrgica te mueve a mover las caderas y no mueve tu corazón a la contemplación del Altísimo y al misterio que celebras, entonces ese canto no es litúrgico” (Pbro. Manuel E.). Cuánta razón al decir esto, ya que muchas veces creemos que para atraer a la gente a nuestros templos se necesita hacer “circo, maroma y teatro” para hacerles “atractivo” el ir a Misa o a cualquier otro sacramento, olvidándonos de que lo que vamos a celebrar en cada celebración Eucarística es nada menos la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. “Si lo que quieres, en una Celebración Eucarística, es pasarla bien, divertirte, te has equivocado de lugar; para eso hay ‘discos’, bares, etc.; en un iglesia, lo que encuentras en una Eucaristía, es el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo” (Cardenal Robert Sarah).

“El canto debe expresar su unidad con el canto y éste debe convertirse en vínculo y vehículo de unidad y santidad. Para conseguir esto, siempre el canto debe estar en estrecha unión con el signo y el momento litúrgico. Por tanto, hay que evitar que los cantos rompan, ya sea por su mala ejecución o por su mala selección, la acción litúrgica”. (Eucaristía, culmen y fuente. Congreso Nacional de Música Litúrgica y sacra en la Arquidiócesis de Tijuana). Es por ello la importancia de contar siempre con músicos verdaderamente formados para las acciones litúrgicas, en donde no sólo dominen su instrumento, sino que verdaderamente ayuden al pueblo a acercarse a estos misterios. “El pueblo que canta su fe no la pierde, es por ello que el canto debe ser formado y promovido para que éste sea adecuado”: Mons. Jonás Guerrero. (Obispo presidente de la Comisión Episcopal para la Liturgia).

Necesitamos retomar la importancia de la sacralidad de nuestra música al servicio de la liturgia eucarística y sacramental, de manera que verdaderamente ayude a los feligreses a tener un encuentro íntimo y personal con Cristo, lo cual permita, en unidad con la Iglesia Universal, “cantar el cántico nuevo”, como dice el salmo. Se debe fomentar la educación litúrgica “de manera paciente y diligente” –esto incluye la musical– (S.C); sólo de esta manera se logrará la participación activa, interna y externa, de los fieles tan deseada por el Vaticano II.