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Rogelio Vázquez Carmona, Responsable de la Dimensión Diocesana de Música Litúrgica

Durante las celebraciones litúrgicas que cotidianamente se realizan en nuestras iglesias, la música, como parte integrante de la misma, “debe corresponder siempre al misterio al cual sirve; por tanto, el uso de formas y ritmos “comerciales” o de uso propiamente profano son totalmente ajenos al ámbito de lo sagrado, ya que distraen a los fieles del mensaje central que cada uno de los sacramentos manifiesta a través de sus signos y sus ritos: el “mensaje salvífico de Cristo” (Cardenal prefecto de la Congregación para la disciplina de los sacramentos, R. Sarah).

Cuando la música se mundaniza y ésta se ejecuta dentro de las celebraciones, principalmente la Eucaristía, hace que en muchas ocasiones no se distinga lo sagrado en donde todo debe hablarnos de ello. Es por esto que, en muchas ocasiones, los mismos fieles que asisten a las celebraciones se pregunten ¿y cuál es la diferencia entre lo que acabamos de oír en la radio de lo que es este momento se ejecuta en tal o cual sacramento?, o se lleguen a comentarios tales como “me siento en un antro y no en una iglesia”, o “con esta música me dan más ganas de bailar que de rezar”; esto sin mencionar las confusiones que se generan cuando se escuchan los mismos cantos de Iglesias cristianas no católicas, durante las Misas en nuestras iglesias.

San Agustín, en su frase “Dime lo que cantas y te diré en lo que crees”, nos llama claramente la atención, ya que muchas de las melodías que suenan “en los sagrados umbrales de los templos” (S. Pío X) son lo más alejado de lo que debe ser una plena, activa y participativa manifestación de nuestra fe católica; esto sin mencionar que desafortunadamente nuestras iglesias parecen, por el uso indiscriminado de estas piezas musicales, ya sea por su texto o por su arreglo musical, todo menos casas de oración y culto.

La liturgia sagrada es “un tesoro viviente que no puede reducirse a gustos , recetas y corrientes”, señaló recientemente el Papa Francisco durante la audiencia que concedió a la Asamblea Plenaria de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos este pasado 14 de febrero, donde también dijo que “para que la vida sea verdaderamente una alabanza agradable Dios, es ciertamente necesario cambiar el corazón”. (Continuará).