La Adoración Perpetua del Santísimo Sacramento

01 2aHistoria de su fundación y carisma

Orden de la Adoración Perpetua del Santísimo Sacramento

¿Quiénes somos? ¿Qué hacemos? ¿De dónde venimos? ¿Quién es nuestra fundadora? ¿Dónde estamos? Es algo de nuestra historia que queremos compartir con ustedes...

Nuestra Orden presenta un proyecto de vida evangélica aprobado por la Iglesia. Y puesta bajo la protección de María Santísima Dolorosa; la monja adoratriz es una mujer llamada por Dios a transformarse en el misterio de su anonadamiento, contemplando y viviendo el Misterio Eucarístico en su totalidad y unidad. Por su carácter sacerdotal en su adoración y en su vida continúa las actitudes de Jesús Sacerdote Eterno, de: Adoración, Intercesión, Reparación y Acción de Gracias. Su apostolado específico: testimoniar la presencia real y permanente de Jesús en el Santísimo Sacramento y promover el culto Eucarístico.

La Madre Ma. Magdalena de la Encarnación, de nacionalidad Italiana, es quien recibe, acepta y encarna en sí la inspiración del Espíritu Santo, consagrando su vida al Señor, haciendo posible, con trabajos y buscando siempre cumplir con la voluntad de Dios, la obra del la fundación de nuestra santa Orden. Nace, pues, la Orden bajo la protección de S.S. Pio VII, a principios del siglo XIX, cuando la Revolución Francesa conmovía toda Europa, atacando hasta la misma Sede Apostólica. La Providencia preparaba un auxilio a su Iglesia con la fundación de una Orden religiosa consagrada exclusivamente al culto y Adoración Perpetua del Sacramento Eucarístico. El 8 de julio de 1807, Sor Ma. Magdalena reunió en Roma, en el Monasterio de “Las Cuatro Fuentes”, antiguo convento de los Padres Carmelitas españoles; ubicado frente al Palacio del Quirinal, residencia papal de la época; a las primeras Adoratrices, dando principio a una Orden que desde su nacimiento debía participar de las luchas y persecuciones de la Iglesia, para ayuda de la cual recibía la vida, cuando otras Órdenes eran suprimidas. Muchos fieles se unieron a aquel grupo de almas eucarísticas en adoración y alabanza ante el Santísimo Sacramento.

El día 2 de febrero de 1808, las tropas francesas ocuparon Roma. Este triste acontecimiento facilitó una larga audiencia entre Pío VII y Ma. Magdalena de la Encarnación. Ella, presintiendo tal vez que el amargo cáliz estaba próximo, le revela su destino: “Santísimo Padre, los franceses lo tomarán cautivo y lo llevarán desterrado, fuera de Roma. Vuestra Santidad estará entre ellos como manso cordero entre lobos rapaces, mas no podrán dañarlo. Este martirio durará años, mas después volverá triunfante y lleno de gloria al trono de Pedro”. De que el Santo Padre dio crédito a sus palabras no cabe duda, porque el día 9 de junio de 1809 llamó a su Palacio del Quirinal a la Madre, quería hablar con ella. Compartieron un amplio diálogo de confiada espera en la Providencia Divina que vela sobre su Iglesia. Veinte días después, fue sacado de Roma en carro cerrado y encarcelado en la fortaleza de Savona como prisionero de Napoleón.

Aprobación de la Orden

Casi a la misma hora que los ejércitos napoleónicos cometían sus desmanes el día 2 de febrero de 1808, el Vicario Apostólico, Cardenal de la Somaglia aprobó las Constituciones de las Adoratrices Perpetuas, aunque ad experimentum, dejando margen a alguna prudente reforma en caso necesario. Y declaró que lo había hecho impulsado por una fuerza superior, entendiendo ser ésta la única forma de consolar y desagraviar al Señor por la profanación de las iglesias y los atropellos inferidos al Clero romano. Por terribles vicisitudes hubo de pasar la santa Obra, mas, como era de Dios, salió de todas más fuerte, mereciendo que S.S. Pío VII, en la Bula de aprobación, el 22 de Julio de 1818, la llamara “Viña escogida del Señor”, así las confirma con su autoridad apostólica. Posteriormente, nuestras Constituciones fueron también confirmadas por S.S. León XII, el 6 de Julio de 1828, por Gregorio XVI el 21 de agosto de 1835 y por: S.S. León XIII el 7 de diciembre de1898, quien termina sus letras apostólicas así: “Con Nuestra Autoridad Apostólica, a tenor de las presentes, reconocemos, confirmamos para siempre y sancionamos, las Constituciones de las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento, etc., no obstante cualesquier Constituciones y ordenaciones apostólicas, u otra cosa que de algún modo pueda aducirse en contrario”. Las actuales Constituciones fueron aprobadas en decreto expedido por la Sagrada Congregación de Religiosos e Institutos Seculares el día 6 de marzo de 1985.

Revestida la Monja Adoratriz con la librea de los ángeles –pues el cómo vestiríamos le fue revelado a la Madre fundadora en una visión en la cual estaba Jesús Eucaristía en la Custodia y rodeado de ángeles vestidos de blanco y rojo…. hábito blanco: blancura adquirida por la Sangre del Cordero, expresa la pureza del alma consagrada al Dios de Amor, oculto bajo los blancos velos eucarísticos. Escapulario rojo: el espíritu de sacrificio que debe distinguirlas.. la Sangre del Cordero… mas no la sangre del sacrificio, sino el fuego del amor divino– debe como ellos cumplir sus dos principales deberes: alabar y adorar a Dios Trino y Uno. Y el rezo del Oficio Divino, con que ensalzan al Dios tres veces Santo, es como el eco del sacro Trisagio que resuena en los Cielos. Mas la Adoratriz no quiere ser sola en alabar y adorar al Dios oculto en la Eucaristía, está siempre ante el sagrario como lámpara que se consume sin ruido por Aquel a quien está consagrada, pero que dice a todos en su mudo lenguaje: “Dios esta aquí”. Por tanto, al despuntar el alba, ella invita a todas las gentes a conocer, amar y adorar a Dios, y cuando el Augusto Prisionero, antes de ocultarse en el Sagrario, bendice a sus fieles, canta el “Laudate Dominum Omnes Gentes…¡Adoremus in Eternum!” Al terminar el día lo cierra con la plegaria que resume su vida entera: “Sea de todos conocido, amado y adorado en cada momento el Santísimo y Divinísimo Sacramento”.

El 29 de noviembre de 1824, a los 54 años de edad, la Madre María Magdalena fue llamada a la Pascua con Jesús Eucaristía. Había sido escuchada en su clamor místico: “¡Mi dilecto Jesús, ven a tu esposa, que no ansía otra cosa que pronto verte! “ (Elevaciones Espirituales, n. 2). Y la obra creció, por esto estamos presentes en Europa, América, África y Asia.

La Adoración Perpetua continúa; muchos institutos y asociaciones la han promovido y mantienen en el seno de la Iglesia. Y aunque la crisis vocacional afecta también a los Monasterios de la Orden fundada por la Madre, su carisma eucarístico y mariano sigue teniendo la misma validez del primer día. Jesús Eucaristía, desde tantos sagrarios, sigue llamando a la puerta de los corazones de muchas almas jóvenes, invitándolas, como a Ma. Magdalena de la Encarnación, a adorarlo y alabarlo en todo momento en el Santísimo Sacramento… Lo difícil es saber decir sí como ella supo hacerlo.