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El manifiesto ecumenista

Fernando Sifuentes

El ecumenismo es el lugar, vamos a decir, sin límites, al que recurrimos para, previa invocación del Espíritu Santo, darnos a la tarea de reconsiderar el mandato de que todos seamos uno, en medio de la diversidad de confesiones religiosas y poder así recobrar aliento, en nuestra respectiva lucha y trincheras, por esparcir los valores del Reino.

Vivimos en una época de grandes transformaciones, es tiempo de dialogar y reconciliarnos, especialmente si profesamos la fe de Cristo y estamos en la Semana de trabajos y oración por la unidad de las diversas “expresiones de religiosidad”… o de “relacionarnos con Dios”, como algunos prefieren decir.

A modo de Manifiesto, ofrezco una apretada declaración de principios que respondan a la pregunta de ¿por qué hacer a un lado, de vez en cuando, las diferencias y avanzar hacia objetivos comunes?:

1. Porque el mundo anda de cabeza y tiende, cada vez más, a empeorar.

2. Porque, como dijera, en Altazor, el poeta chileno Vicente Huidobro: “No hay bien ni mal, ni verdad ni orden ni belleza”.

3. Porque vivimos en la era de la relatividad moral y desde los gobiernos, las ONGs y la misma ONU, se lanzan ofensivas en contra de la ley de Dios –aun cuando ésta, por supuesto, se corresponde con la ley natural–. Verbigracia, en materia de irrespeto a la vida y a la familia, de permisividad sexual y de ideología de género.

4. Porque el Nuevo Orden Mundial (NOM), más allá de las fake news [noticias falsas], ha puesto en marcha, del ‘68 a esta parte, la llamada Revolución Mundial, basada en el freudomarxismo y el nihilismo anarquista.

5. Porque es hora de demostrar que, desde lo más profundo de nuestro ser –o sobconciencia–, surge el llamado a ser virtuosos, por aquello de que, a decir de los Santos Padres de la Iglesia, “el alma humana es naturalmente cristiana”.

6. Porque el verdadero progreso, Charles Baudelaire dixit, consiste en “ir borrando del mundo las huellas del pecado original”.

7. Porque “las religiones tienen hoy un papel insustituible” –Karol Wojtyla–, y todas ellas, cuando son auténticas, atestiguan algún aspecto del misterio en el que estamos inmersos.

8. Porque, además, hay un papel desanimalizador, o desalienante y despertante, que cumplen las expresiones de religiosidad.

9. Porque el signo de los signos y la significación de todas las significaciones se nos revela sólo en Cristo, garante, hoy, ayer y siempre, de todo orden basado en la verdad, la bondad, la unidad y la belleza.

10. Porque dichas agrupaciones, sectas o Iglesias mal pueden subsistir sin la Eclessia, Qjal, o convocación originada en el Espíritu Santo. Pero además, porque es hora de asumir como propio todo agravio infligido en contra de tal o cual fe desde la “cultura” de hoy, cuando aquella es, como dije, auténtica.