En memoria de Mons. Salvador Flores Huerta

 obispoemerito

Segundo Obispo de Ciudad Lázaro Cárdenas

Lo conocí en 1953, cuando yo ingresé al Seminario de Morelia; él tenía entonces 19 años y estaba terminando los estudios de filosofía. Nació en Coeneo, Mich., y desde niño, siendo monaguillo del Sr. Cura Vivanco, sintió el llamado de Dios al sacerdocio. A los 11 años, llegó a la Escuela Apostólica San Juan Bosco de Morelia, en donde el padre Saturnino García preparó a centenares de niños y adolescentes que después entraron al Seminario. Se distinguió siempre por su carácter afable, trato bondadoso, dedicación al estudio, espíritu apostólico, vida de piedad y oración.

A los 24 años de edad, recibió la ordenación presbiteral junto con varios compañeros de manos del Sr. Obispo Auxiliar, Don Salvador Martínez Silva. Su primer destino fue la Parroquia de San Diego de Alcalá en Quiroga donde, como Vicario del Sr. Cura Diego Gutiérrez, se ganó el aprecio y la confianza del pueblo. Párroco de Santa Ana en Jeráhuaro y de San Francisco de Asís en Etúcuaro, realizó su ministerio con ejemplar entrega.

En 1965, de forma sorpresiva, se le comunicó por escrito que, por mandato del papa San Pablo VI, varias parroquias del Arzobispado de Morelia pasaban a pertenecer a Tacámbaro y que, por ello, él quedaba incardinado a aquella diócesis, cosa que aceptó con espíritu de fe y obediencia. Se integró a aquel presbiterio sin mayor dificultad. Trabajó en Tecario donde construyó el nuevo templo parroquial dedicado a Nuestra Señora de los Dolores, en el Santuario de Fátima y luego en la Parroquia de Santiago Apóstol de Ario de Rosales.

Ya estando yo como Obispo en Tacámbaro, en 1987 lo invité a colaborar como Vicario General y Director Espiritual del Seminario Mayor. En 1993, el papa San Juan Pablo II lo nombró segundo Obispo de Ciudad Lázaro Cárdenas, como sucesor de Mons. Jesús Sahagún de la Parra. El 24 de junio de ese año recibió la ordenación episcopal, y durante 13 años sirvió a la Iglesia en aquellas tierras de las costas de Michoacán y Guerrero. Por motivos de salud, presentó su renuncia a los 72 años de edad y se retiró a una vida escondida en el Monasterio de Clarisas Capuchinas de Ario de Rosales, quienes lo atendieron con gran caridad hasta su muerte, acaecida el 14 de este mes de diciembre, en la memoria de San Juan de la Cruz.

Si quisiera definir en una frase la personalidad de Mons. Salvador, me atrevo a decir que fue un hombre que vivió las bienaventuranzas, especialmente la pobreza, la mansedumbre, la misericordia y la limpieza de corazón. Que el Señor lo reciba en su Gloria.

† Alberto Cardenal Suárez Inda,

Arzobispo emérito de Morelia