Último adiós al P. Elías Correa

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Martín Rojas Arroyo

Tras la muerte el pasado 13 de noviembre del P. J. Elías Correa Coria, más de 30 padres, entre ellos compañeros de generación en el Seminario y otros de la Foranía de Salvatierra, participaron en las Misas de exequias, celebradas a las 13:00 y 17:00 horas el pasado 14 de noviembre en la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, de Cupareo (Mpio. de Salvatierra), Gto., donde se desempeñaba como párroco. La de las 5 pm fue presidida por el Vicario Episcopal de la Zona IV (Bajío-Salvatierra) “Nuestra Señora de la Luz”, Fr. Manuel Álvarez Solano, OSA, manifestando que “los ministros de la Iglesia, actuamos llevando la representación sacramental y eficaz de Cristo; pero hemos sido tomados del barro común y también sobrellevamos nuestra carga de debilidad”.

Durante la homilía Fr. Manuel dijo: “Nada más justo que este gesto de caridad hacia quienes consagraron sus vidas a la causa del Evangelio. El autor de la Carta a los Hebreos nos exhorta a hacer memoria de los pastores que ya concluyeron su vida terrena y a retener sus buenos ejemplos: ‘Acuérdense de quienes los dirigían, porque ellos les anunciaron la Palabra de Dios: consideren cómo terminó su vida e imiten su fe’ (Heb 13,7)”.

“Un sacerdote es alguien que vive anunciando el Evangelio, santificando a los hombres con la gracia de los Sacramentos, y guiando a las comunidades cristianas en su testimonio ante el mundo. Pero estas tres funciones de su oficio sagrado, se ejercen todas juntas principalmente en la celebración de la Eucaristía, que es el centro de nuestro ministerio (cf. LG 28)”.

Finalmente, el día 15 de noviembre su cuerpo fue trasladado a su tierra natal, Rancho del Maíz, perteneciente al municipio de Cd. Hidalgo, Mich., para ser sepultado, previa otra Eucarística celebrada al mediodía.

Los fieles de su comunidad de Cupareo recuerdan que encabezó la restauración de la iglesia y sonido de la parroquia. Músico de corazón, tocaba la guitarra, la mandolina, promovía los coros parroquiales, estudiantinas y rondallas.

Sus compañeros recuerdan también que, en el Seminario Menor y Mayor, promovía el ejercicio, le gustaba caminar, organizaba paseos, destacando el que hacía a “Chorro Prieto” para admirar la cascada –era caminar varias horas (6 horas) de ida y vuelta, invitaba a todos los grupos de seminaristas, participaban entre 20 y 30.