Retos de la Música Litúrgica hoy (IV)

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Rogelio Vázquez Carmona, Responsable Diocesano de la Dimensión Música Litúrgica

En los números anteriores, hemos hablado de los retos más apremiantes para la dignificación de la Música Litúrgica en nuestros días, en las Celebraciones Eucarísticas principalmente. Primeramente hablamos de la importancia de seleccionar un repertorio adecuado y digno para cada una de las partes del rito y de los momentos celebrativos. En segundo lugar, el reto de la participación activa de la asamblea, ya sea de manera directa en el canto, o en la modalidad de su participación pasivo-activa. Ahora, abordaré el reto de una adecuada formación del músico al servicio de la Liturgia.

Este reto, a mi parecer, es el más complejo de todos, debido a los criterios que imperan en muchas de nuestras comunidades eclesiales, en donde basta con tocar un instrumento, aunque sea de una manera muy precaria, para ejercer el ministerio de músico de Iglesia, y aunque se esté ayuno de las demás áreas de formación. Los documentos de la Iglesia son muy claros al respecto, en ellos se pide que el que ejerza este ministerio esté verdaderamente preparado para realizarlo, ya que su servicio tiene como única finalidad “la gloria de Dios y la santificación de los hombres” (S.C. Cap. VI. núm. 112).

En el documento Musicam Sacram del Papa Pablo VI, en el número 8, dice "Siempre que pueda hacerse una selección de personas para la acción litúrgica que se celebra con canto, conviene dar preferencia a aquellas que son más competentes musicalmente, sobre todo si se trata de acciones litúrgicas más solemnes o de aquellas que exigen un canto más difícil o se transmiten por radio o televisión” (Instrucción, 3 de septiembre de 1958, núm. 95.); en el Quirógrafo de San Juan Pablo II, en el número 8, nos dice “Así pues, el aspecto musical de las celebraciones litúrgicas no puede dejarse ni a la improvisación ni al arbitrio de las personas, sino que debe encomendarse a una dirección bien concertada, respetando las normas y las competencias, como fruto significativo de una adecuada formación litúrgica”. Estos fragmentos nos dan un claro indicio de la importancia de contar siempre con un ministro adecuadamente preparado para que ayude a su comunidad a que participe con su canto y lo eleve en oración.

Los Obispos de México, en un documento titulado “Orientaciones Pastorales sobre la Música Litúrgica” nos hablan claramente de que el músico de Iglesia debe contar con tres áreas de formación básicas, a saber: Formación Cristiana, Formación Litúrgica y Formación Técnica. (Continuará).