Madres en prisión Dolor y Consuelo

12y13 1Las madres de la cárcel

Alberto Calderón Ramírez

Una de las facetas más dolorosas para una mujer en la cárcel es el ser madre de familia y no poder convivir con su hijos. El noventa por ciento de las ochenta reclusas que purgan condena en el Centro de Readaptación Social “David Franco Rodríguez”, de Morelia, viven esta realidad, y tan sólo ocho de ellas tiene a sus hijos pequeños entre ellas.

Es sábado por la mañana, y mientras se autoriza el ingreso al área de mujeres para realizar las entrevistas, una abuelita y una tía llegan con dos niñas que estuvieron fuera toda la semana para realizar sus actividades normales como cada niño: ir a la escuela y pasar tiempo con su familia, pero dejan la libertad para pasar el fin de semana con su madre recluida en el penal.

Las dos pequeñas, con mochila en mano, son custodiadas hasta el pabellón donde se encuentra su madre. Habituadas a esta dinámica, ingresan sin ningún temor, como si estuvieran en su hogar.

Ya en el área de femenina del penal, las niñas se adaptan rápidamente al entorno, mientras se dirigen al pabellón en donde sólo pernoctan las madres que tienen a sus hijos ahí, las internas que andan por los pasillos haciendo labores cotidianas les dan la bienvenida y las saludan con gestos de cariño, a lo que ellas también esbozan guiños de alegría, mientras van acompañadas por una custodia que las escolta hasta su madre, quien las recibe con euforia por tenerlas a su lado después de estar fuera toda la semana.

Esta escena se ha convertido en algo cotidiano en muchas de las madres que viven el dolor de la reclusión, y que además cargan con la pena de no poder tener a sus hijos consigo, o sentir angustia y desesperanza por no poder acompañar a sus hijos que están fuera y realizan su vida cotidiana.

Así es la historia de dos madres: una con sus hijos que están fuera, y la otra que los ha criado en la cárcel desde que nacieron, dos historias que muestran el drama de ser madre y estar recluida en un penal.

Las madres sin los hijos.

Sabrina es una madre de familia con dos hijos: un hombre de 18 años y una mujer de 23, además de dos nietos. Desde hace siete años purga una condena de 14 años en el penal por un delito federal.

“Estar en la cárcel es muy doloroso, y el ser madre y no poder estar con los hijos es aún más pesado. Aquí se viven tiempos alegres y tiempos de tristeza; por ejemplo, sólo veo a mi hija y a mis nietos cada tres meses. Mi hijo no me visita, él se quedó con su padre y no me perdonó que le haya fallado y cometiera un delito y me perdiera gran parte de su vida, incluso me ha reprochado el no estar con él”.

Señala que la vida en la cárcel como madre es muy difícil, pero trata de mantenerse ocupada el mayor tiempo posible. Desde que despiertan a las 6:30 de la mañana va a trabajar a la panadería, luego da clases de zumba y atiende una estética, y los domingos y miércoles, que son día de visita, vende donas que ella misma prepara, y además es la encargada de cuidar y atender la Capilla para las celebraciones litúrgicas que ahí se realizan.

“En mi caso, a pesar de estar ocupada todo el día, no saco de mi cabeza a mis hijos. Estando aquí, para una como madre es una de las mayores tristezas perderse los momentos más hermosos de sus vidas, o los momentos de enfermedad, sus cumpleaños, ésa es una de las partes más difíciles como madre estando en la cárcel. Se siente mucho dolor, por ejemplo cuando los hijos están enfermos y una no puede estar a su lado, es muy triste”, relata.

Cuenta también que el Día de las Madres, la mayoría de las que son mamás reciben la visita de sus seres queridos, pero hay otras que no, incluso que nadie las visita, aunque tengan varios hijos, porque están resentidas con ellas, y para ellas se vuelve un día muy triste y de mucho pesar, aunque también de mucha alegría por las que si reciben la vista de sus hijos que les da mucho ánimo para seguir adelante.

“Aquí nos hacemos como una familia, aunque no somos de sangre, aprendemos a convivir, nos apoyamos con las demás, y así la vamos sobrellevando en los momentos de mayor apremio. Por ejemplo, una se hace mamá de todos los niños que viven con sus madres aquí, porque les ayudamos a cuidarlos, incluso cuando están enfermos, siempre buscamos que los atiendan, si es en la noche y están llorando, todas hacemos ruido para que llegue el guardia y los canalice con el doctor”, afirma.

Sabrina, en medio de su cautiverio, hace una pausa para reflexionar y valorar el don de la maternidad en medio de cualquier circunstancia: “Yo tomé una decisión irresponsable y me ha tocado perderme gran parte de la vida de mis hijos, pero a todas las que son mamás y tienen la oportunidad de estar con sus hijos, yo les diría que siempre tomen decisiones responsables, que no afecten la convivencia, y que disfruten completamente a sus hijos; pero también que no pierdan la oportunidad de ser excelentes madres, cercanas a sus hijos. El no poder estar con mis hijos, para mí ha sido lo más doloroso de estar en la cárcel, porque quisiera poder disfrutarlos, salir a pasear con ellos, estar en sus momentos buenos y malos, una quisiera regresar el tiempo para no haber cometido los errores, pero ya no se puede, ahora sólo toca esperar, concluir mi sentencia, para poder disfrutar nuevamente a mi familia…”.

Crianza tras las rejas

Yohali Mariela ingresó hace ya casi cuatro años al Penal. Ella llegó embarazada y, después de nacer su bebé, al poco tiempo nuevamente se embarazó en el Penal. Actualmente, viven con ella sus dos hijas, una de tres y la otra de un año, además de tener también un niño de ocho años, que vive con su familia afuera.

Aún en proceso de sentencia, Yohali es profesionistas y durante el día realiza las actividades de administrar la tienda y los teléfonos, además, acude a la escuela como oyente para seguir actualizándose.

“Para mí ha sido la misma dinámica de criar a los hijos como si estuviera afuera, ya que estar aquí es como estar en un pueblo pequeño, lo que cambia es el lugar en donde estamos; pero, por ejemplo, mis dos niñas tienen su cama y su cuna, también tienen sus juguetes, y se han adaptado a este lugar sin ningún problema, además que estamos en un pabellón en donde sólo están las madres con hijos y es un ambiente sano donde todas nos damos la manos para cuidar bien a nuestros hijos, y no estén en medio de toda la población expuestas a algún peligro”, comenta.

Actualmente, el Penal cuenta con una Guardería que funciona también como Jardín de Niños para los más grandes, en donde los niños pueden jugar y desarrollarse como cualquier niño normal. Hay también espacios de recreación para ellos: “Incluso para ellos, hay alimentos especiales, y sobre todo, aquí tienen muchas mamás porque todas nos ayudan con los hijos, además cuentan con área especial, con la idea de darles un lugar especial, parecido a su hogar. Mis dos niñas han crecido aquí y se han adaptado bien porque no diferencian, ya que también salen con la familia”.

Yohali reclama que siempre se ha dicho que los niños de la cárcel no tienen nombre, “pero yo les digo que los niños de aquí tienen nombre y apellido, pero sobre todo tienen una madre que vela y da la vida por ellos”, resalta.

“Para mí, lo más difícil ha sido el no poder estar con el niño que está afuera, él tiene ocho años, y tener la incertidumbre de qué es de su vida; y el tiempo no perdona, se pasa sin poder disfrutar totalmente de la vida por el encierro. Sin embargo, hay una cosa buena: que a las niñas que tengo aquí les doy todo el tiempo, porque siempre están conmigo; aunque a veces me da tristeza el saber que, en cuanto cumplan seis años, ya no las podré tener conmigo porque es la ley de aquí, y tendré que desprenderme de ellas”, lamenta.

Segura de sí misma, señala que está convencida de que en cualquier lugar se puede ser feliz, y su fortaleza más grande para enfrentar la vida es el poder tener a sus hijas con ella. “Claro que extraño la libertad para poder pasear, para poder hacer muchas cosas afuera, pero aquí puedo disfrutar totalmente a mis hijas y, bueno, he tratado de ser feliz lo más que puedo para no amargarme la vida. Para mí como madre que puedo tener a mis hijos aquí, es una fortaleza muy grande, ellas me impulsan a seguir adelante, incluso en algún momento pensé en quitarme la vida, por los momentos de depresión que uno pasa aquí, pero ellas me dieron fuerza para seguir”.

Para saber...

Ochenta internas están recluidas en el Penal “David Franco Rodríguez” y más del 90 por ciento de ellas, son madres de familia.

Actualmente, hay ocho madres que tienen a sus hijos en el penal, con una población de 9 niños en total.

Tres mujeres están embarazadas, quienes procrearán a sus hijos en el Penal.

Los niños sólo pueden estará hasta los seis años con sus madres en el Penal.

Se ha procurado que los niños que viven con sus madres tengan una calidad de vida sana, con derecho a la educación, a la salud y a una sana alimentación.

Se han adaptado espacios especiales para los niños, como una Guardería, el dormitorio y espacios de recreación.