NO A LA PERSECUCIÓN Y VIOLENCIA

La Catedral de Morelia fue “el refugio espiritual” para la “Noche de los Testigos”, donde recordó a las víctimas del odio sin sentido, por las cuales se oró.

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Alberto Calderón Ramírez

Tres víctimas de la violencia y la persecución religiosa, narraron sus testimonios para rechazar la violencia que se vive en México y en el mundo y concientizar de la importancia de la oración como signo de unidad; esto, en el marco de la Jornada de Oración y Reflexión por los Cristianos Perseguidos, conocida como la “Noche de los Testigos”, evento que se llevó a cabo por primera vez en la Iglesia Catedral la noche del jueves 15 de febrero.

«Hoy estamos aquí en la primera edición de “La Noche de los Testigos”, para recordar a las víctimas del odio sin sentido, para orar por aquellos por los que muy pocos rezan y no salen en las portadas de la noticias; estamos aquí para unirnos en oración por los cristianos perseguidos, por la Iglesia que más sufre y nos necesita, y por la violencia en México, hoy queremos denunciar y anunciarle al mundo lo que está pasando», destacó Julieta Appendini, Directora de la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada, organizadora de este evento, que desde hace nueve años se viene realizando en distintos países del mundo –y ahora por primera vez en México–, al dar la bienvenida a los asistentes.

Al caer la noche, la fachada de la Catedral se iluminó de rojo para recordar la sangre de los mártires que fueron asesinados a causa de la fe, mientras en el interior del recinto tres víctimas de la violencia y la persecución: Mons. Antoine Chadah, Arzobispo de Aleppo (Siria); la religiosa María de la Luz Roa, misionera durante los últimos 30 años en Sierra Leona; y María Herrera, una madre que tiene cuatro hijos desaparecidos por la violencia en México y que lleva diez años en su búsqueda, compartieron su testimonio con los cientos de asistentes que abarrotaron la Catedral. En un ambiente de oración y reflexión, los testimonios fueron acompañados por cantos y una exposición fotográfica, en la que se rindió homenaje a 28 personas asesinadas a causa de su fe alrededor del mundo y que han sido consideradas como mártires del siglo XXI –entre ellos, el P. José Alfredo López Guillén, sacerdote de esta Arquidiócesis, asesinado el año pasado– y cuyas imágenes fueron colocadas de manera solemne en la escalinata del altar, mientras transcurría el evento.

Después de casi una hora y media de oración, música y testimonios, en la que se recordó a los cristianos perseguidos por su fe, “La Noche de los Testigos” llegó a su fin con la Exposición del Santísimo Sacramento y la oración por los miembros de la Iglesia que padecen persecución y maltrato.

La Organización Ayuda a la Iglesia Necesitada

Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN, por sus iniciales en inglés), también conocida como Ayuda a la Iglesia que Sufre (AIS), es una fundación pontificia iniciada por el P. Werenfried van Straaten en 1947, cuya misión es servir a la iglesia Católica en su labor evangelizadora en todo el mundo, prioritariamente en las comunidades más necesitadas, discriminadas y perseguidas. ACN cuenta con oficinas en 23 países, donde desarrolla campañas de oración, información y caridad para apoyar alrededor de 6 mil proyectos cada año en 149 países.

La Fundación apoya activamente a la Iglesia en México desde 1964, en los últimos cuatro años se ha dado cobertura a más de 1,200 proyectos solicitados desde las diócesis más pobres del país.

TESTIMONIOS

MariaRoaMaría de la Luz Roa (Misionera Clarisa)

Oriunda de Penjamillo, Mich., lleva 30 años viviendo en Sierra Leona: «Es un país lleno de alegría, luz, danza, pero también con mucho sufrimiento:  violencia, contra la mujer, corrupción, pobreza, ignorancia, marginación. Un país sumamente rico, tiene minerales que se usan en la tecnología moderna, como el rutilio, tan apreciado, y diamantes… Aunque es un país musulmán en un 94%, la Iglesia se organizó para vivir junto a los pueblos que han sido dañados, y estamos juntos en la recuperación del país. Diez de mis hermanas de comunidad fueron secuestradas por tres días por los rebeldes; luego, siete Religiosas Javerianas fueron también secuestradas, permanecieron en manos de los rebeldes más de tres meses. Un grupo de sacerdotes fue encarcelado y torturado; el Arzobispo de Freetown (la capital) también fue torturado. Cinco Hijas de la Caridad de la Madre Teresa fueron secuestradas y muertas. Todo el país se movilizó por la persecución de los rebeldes, que mutilaban, cortaban las manos, el brazo, el hombro de las personas que cogían vivas. Esta experiencia de dolor nos unió y nos llevó a compartir todo lo que teníamos. Huíamos juntos, pero teníamos la confianza de que la Iglesia en todo el mundo estaba orando por nosotros, sentíamos en el corazón esa voz fuerte, consoladora, persistente que decía: ‘La Iglesia está orando por nosotros’. Gracias a Dios, todos hemos sobrevivido por la capacidad también de los sierraleoneses de perdonar. Decían ellos: “Conozco quién mató a mi padre, conozco quién mató a mi madre; conozco quién me cortó las manos; conozco quién quemó mi villa, pero debo perdonar, porque si no perdonamos, nos vamos a morir todos, todos los sierraleoneses nos vamos a acabar”. Por esa capacidad de perdón, esa capacidad de rehacer la vida con alegría, las lágrimas de nuestro pueblo, Sierra Leona, se han convertido en sonrisas. Ahora es un pueblo nuevo que está luchando y ha podido vencer el ébola».

MarIAhERRERAMaría Herrera de Trujillo

Oriunda de Pajacuarán, Mich., vive en Veracruz, es madre de 8 hijos, cuatro de ellos desaparecidos. Dos de ellos trabajaban el oro: el 28 de agosto de 2008, con cinco jóvenes más, se dirigían a Taxco, Gro., pero en Atoyac de Álvarez fueron interceptados por la Policía Ministerial, el comandante en turno y su grupo de policías: Jesús Salvador tenía entonces 24 años, y Raúl 19, desaparecieron. Dos años después, los otros dos (Gustavo de 27 años y Luis Armando de 24) fueron interceptados en Poza Rica, Ver., el 22 de septiembre de 2010, por policías. Y en 2013 en Querétaro intentaron llevarse a otro, pero lograron rescatarlo: «Yo soy una víctima más de las miles y miles de nuestro México. Se desató una guerra en México de una forma muy cruel, disfrazada, porque nos hicieron creer que la guerra era contra el narcotráfico; pero la verdad es que ha sido en contra de nuestras familias, de los jóvenes, sobre todo, y estamos viendo que, principalmente, en contra de los estudiantes... Han invadido las calles, están militarizando México y eso es una voz de alerta que debemos llevar en nuestros corazones y en nuestras mentes, porque tenemos que pensar qué México le vamos a dejar a toda esta juventud, a toda esta niñez que viene detrás de nosotros, debemos protegerlos. Y también quiero decirles que este dolor que yo llevo de tener a mis cuatro hijos desaparecidos, llevo casi diez años en su búsqueda, es un tormento para las madres, para las familias. No queremos que más madres, que más familias se vean sumergidas en este dolor. Pedimos su ayuda porque sólo Dios nos puede dar esa fortaleza para seguir de pie... Estamos organizándonos y buscando a nuestros hijos, ahora sí que por cielo, mar y tierra, y necesitamos también de la ayuda de todos ustedes. ¿Cómo? Divulgando, haciendo conciencia en toda la gente para que podamos dar con su paradero. Nos organizamos por medio de brigadas, y los invitamos para que estén más pendientes. Hay información que después quizá se les pueda pasar».

MONSCHAHDAMons. Antoine Chahdah

Arzobispo de Aleppo (Siria): «Siria vivía, antes de que comenzara la guerra, con bastante tranquilidad y paz. La gente andaba en la calle día y noche, cargando oro en la calle, nadie se metía a robar. Había sanidad, había seguridad. La gente vivía con mucha paz y mucho amor, y una unión muy buena entre cristianos y musulmanes. Ustedes saben que en Siria la mayoría es de musulmanes, y nosotros los cristianos formábamos [en Aleppo] casi el 40% de la población, y ahora con la guerra que comenzó hace ocho años, disminuyó la cantidad al 1%. Lamentablemente vino el terrorismo y la violencia de fuera del Medio Oriente y no sabemos por qué, pero sí sabemos que esta gente quiso meterse en el país por puros intereses materiales: para agarrar el petróleo del país y el gas y otros intereses también. Entonces entraron y empezaron a matar, a poner mucha violencia, destruir la dignidad del ser humano, matando, rompiendo, tumbando edificios, hospitales, iglesias, colegios. Esta violencia se sembró en esta tierra donde había paz, ahora vive en guerra. Esta guerra destruyó todo, todas las relaciones buenas entre los ciudadanos, y esto pasó desde que empezó la violencia viniendo desde el Occidente hacia el Oriente, pasando por Irak, Libia, Yemen, Egipto, Jordania, Líbano y ahora en Siria... ahora en Siria los cristianos somos mártires vivos, los que quedamos porque realmente hubo mucha muerte en la ciudad de Aleppo, que contaba con cinco millones de habitantes, y los cristianos que sufrieron tantas muertes, tanta violencia, empezaron a salir los que pudieron salir de la ciudad, salieron. Los que quedaron, la Iglesia se metió a ayudar a estas familias que quedaron pobres, todas sin comida, sin luz durante cinco años, sin electricidad, sin agua potable, sin medicina..., pedimos a ustedes rezar para que esta Iglesia, esta familia, esta cristiandad de Medio Oriente siga firme en su fe, es su tierra, tienen ahí porque, si se va la cristiandad de Medio Oriente, se acaba el mundo para nosotros.