pexels photo largeMac de todo mi afecto:

Una de las cosas que más me sorprenden es que pueden pasar días, semanas, y quizá hasta años, sin que digamos algo bonito a las personas que viven junto con nosotros.

No sé por qué tenemos esa idea de que nos cueste tanto trabajo decir algo positivo, hermoso, agradable a las personas que están cerca de nosotros. Como que nos da pena, como que las palabras se atoran en nuestra garganta y no dejamos salir algo que podía ser muy bello que lo escuchara la otra persona. Eso sucede con demasiada frecuencia y la verdad es que daña la relación humana, se seca el corazón: ni podemos decir cosas bonitas ni las aceptamos. ¿Por qué seremos así los seres humanos? Tan remisos en decir algo que pudiera ser como una lluviecita muy agradable para una planta que está secándose.

¿Qué trabajo nos cuesta decir cosas bonitas a las personas? Pues sí, nos cuesta mucho trabajo. ¿Por qué? Quizá porque desde pequeños no estamos acostumbrados a que nuestros padres nos digan cosas bonitas. Nunca nos dicen “¡Qué niño tan bonito!”, “¡Qué hermoso es!”, “¡Qué aplicado en la escuela!”, “¡Qué limpio es!” Puras críticas escuchamos cuando somos niños: “No te bañas nunca, y debes bañarte todos los días”, y siempre estamos criticando a las personas. Interiormente siempre estamos motejando la forma de ser de las demás personas. Yo creo que esto debe cambiar. Debemos mejorar nuestras relaciones, sobre todo con las personas que están cerca. Pueden pasar días, semanas, quizá hasta meses, en que no podemos ni queremos ni decimos nada agradable a las personas que están cerca de nosotros.

Pensemos, por ejemplo, un detalle muy simple, cuando la mamá hace la comida, y estamos pensando interiormente, ‘¡qué sabrosa comida hizo mi mamá esta tarde!’ Pero lo pensamos y nunca se lo decimos, y eso puede cambiar mucho la relación. Te imaginas, toda la mañana en la cocina, haciendo la comida para que nosotros no digamos nada, no digamos ‘¡qué sabrosa comida hiciste, mamá (o tía o hermana)!’ Nos quedamos con las palabras dentro, y eso va dañando la relación.

Yo creo que es necesario cambiar la página, y hacer que la relación con las personas que están cerca de nosotros reciban, como una planta, un bañito de agua, diciendo cosas bonitas, agradables: ‘¡Qué sabrosa comida hiciste!’ ‘¡Qué rico platillo preparaste!’ ‘¡Qué hermosa está la casa!’ Cuando veo cómo trapea el piso y cómo exprime el trapeador, pienso ¡qué manera tan bonita de hacer las cosas, pero nunca le digo a la persona que está haciendo las cosas que la felicito por ello, y eso sería muy bonito. Por el amor de Dios, vamos a cambiar las cosas. Vamos a decir cosas bonitas a las personas. ¿Qué trabajo nos cuesta? Es nada más cambiar las palabras. Pero, eso sí, sentirlas acá adentro, no decirlas nada más de la boca para afuera.

Así que yo les invito, mi querido Mac, a ti y a todas las personas a que empiecen una campaña de decir cosas agradables a las personas. Cada persona tiene una peculiaridad, cada persona tiene algo que podamos alabarle, por la que podamos felicitarle. Todas las personas tienen algo que es muy de ellas y que cuando lo hacen, lo hacen con mucho cariño.

Así que te invito, mi querido Mac, a que empecemos una campaña de reconocimiento para las personas que hacen que las cosas sucedan. Verás cómo las cosas van a cambiar mucho.

Te deseo lo mejor, y empieza a trabajar este asunto que nos hará más felices a todos. Te mando un abrazo muy fuerte, muy cálido y cordial y mis mejores deseos. Mac.