157831202 Recordado y apreciado Mac:

Me gustaría conversar contigo sobre algo que me trajo pensativo unos cuantos días. En una película de esas que ves en casa y cuyo título nada tiene que ver con lo que ahí sucede, hay una escena que muestra a un escritor casi derrotado que se abandona porque su esposa encinta es acribillada durante un tiroteo en un asalto.

Este hombre era cliente de una tabaquería y un buen día se dio cuenta de que el dueño era aficionado a la fotografía y lo más curioso era que todos los días tomaba una foto del mismo entorno y a diferentes horas del día. Al ver los álbumes con centenares de la misma foto, extrañado le pregunta por qué siempre toma el mismo objetivo, y él le contesta que las contemple despacio y con mirada observadora.

Y ¿sabes qué? Descubre que los edificios, las calles, los postes, los aparadores son los mismos, pero las gentes que son captadas por la cámara son diferentes y esto hace que aquel desfile de fotografías sea un hermoso e inquietante panorama que muestra al ser humano sin maquillaje y con una carga de historia sobre sus hombros.

Me quedé cavilando cómo muchos de nosotros vamos convirtiendo el misterio y la magia de la vida en algo rutinario, repetitivo y fastidioso, nuestra existencia se vuelve una cadena sin fin de cosas hechas de manera mecánica y automática. Estamos tan acostumbrados a las personas y a las cosas que nos rodean, que no vemos el milagro de ese constante cambio que se realiza en ellas. Ya no nos asombra casi nada, los hijos van creciendo y no lo notamos hasta que nos dice la esposa: “A Juanito, Tere y Regina ya no les queda la ropa, hay que comprarles de otra talla”. Y en vez de saltar de alegría porque los hijos están desarrollándose normalmente, empezamos a chillar porque habrá que “gastar” en adquirir nuevas ropas. Vemos diariamente a nuestros vecinos, y como ya los etiquetamos, no nos fijamos en que un día lucen una sonrisa maravillosa, otro día salen con cara avinagrada, otro más se dignan saludarnos, y cada vez el desfile de actitudes, que nos podrían enseñar cosas muy hermosas, pasan inadvertidas por estar tan encerrados en nosotros mismos y dejamos pasar un caudal de fenómenos que enriquecerían la vida con un poco de observación.

Si tanto en la casa como en las calles tuviéramos la curiosidad de mirar lo que ocurre, lo más probable es que aprendiéramos tanto como leer decenas de páginas de alguna enciclopedia, pero salimos enconchados en nuestro yo. Importan sólo mis problemas, mis penas, mis compromisos, mis satisfacciones y mis alegrías y por ello perdemos muchos eventos que nos harían crecer tanto como si asistiéramos a las aulas de una universidad.

Mac, deseo que tu vida se desarrolle en esos bellos caminos de la contemplación que nos llevan hacia el amor, que es el sostén de una vida más plena. Te envío saludos cariñosos. Hasta pronto.