macsMi querido Mac:

Te saludo con todo el cariño de mi corazón para comentarte en esta carta con motivo de la Semana Santa –que por cierto ya terminó–, que las cosas no han cambiado o, mejor dicho, sí han cambiado. Han cambiado porque el mundo sigue cambiando, porque las cosas son diferentes cada vez, y ahora vemos cómo cientos o hasta cientos de miles de representaciones de la vida de Cristo y sobre todo de su Pasión se escenifican en diferentes partes, no sólo de la república, sino también del mundo. Es algo que a mí, en lo particular, no me gusta porque como que se desgasta la devoción que deberíamos tener para ese tipo de sucesos cuando los recordamos.

¿Se vive intensamente el cristianismo? Yo creo que no, yo creo que en lugar de ser auténticos cristianos que viven la doctrina de Cristo en toda su plenitud, somos nada más unos adeptos, que nos conformamos con las exterioridades y con las cosas que nos causan motivos para la fiesta y para la risa y el folclor.

No podemos volver a los tiempos pasados. Lo que sí podemos hacer es rectificar. No podemos hacer las mismas cosas que hacíamos hace 50 años para conmemorar la Pasión del Señor, pero sí podemos hacer cosas diferentes sin perder el sentido profundo de la Semana Santa.

Por tanto, yo creo que es importante que nosotros meditemos , aunque sea un día en esa semana, aunque sea una hora, nos sentemos a meditar en lo que significa que un Dios haya venido al mundo para sacrificarnos, morir de la manera en que murió, lastimado por nosotros mismos, herido con la corona de espinas, azotado y sobre todo muerto en la Cruz. Es algo que nosotros no podemos menos que pensar un poco más profundamente, no para cambiar el mundo, porque yo creo que no es posible, pero para cambiar cada uno de nosotros, para que la actitud nuestra sea lo que Jesús vino a traer. ¿Qué vino a traer Cristo? Vino a traer la doctrina del amor. Acuérdate del pasaje del Evangelio en el que dice aquel personaje que le pregunta a Jesús: ‘Maestro, ¿cómo podemos salvarnos?’ ‘Ve y haz por el otro lo mismo’, que es lo que en la parábola del Buen Samaritano se narra con tanta precisión y con tanta belleza.

Te invito, pues, a que en un futuro próximo, si Dios nos permite vivir otra Semana Santa, hacer un pequeño cambio, aunque sea para lograr que las cosas sean diferentes y que tengamos la capacidad de lograr una Semana Santa alegre, sí, pero muy profundamente religiosa.

Te envío un buen abrazo y un saludo. Espero que pronto podamos disfrutar de una manera diferente de un hecho tan importante y tan esencial como es la venida de un Dios que se hizo hombre para que nosotros pudiéramos hacernos ‘pequeños dioses’: Mac.