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Amigo Mac, recibe mi saludo afectuoso:

¿Es bueno leer mucho? Pienso que sí, pero autores y títulos muy bien seleccionados. Desde hace algunos años me he alejado de la enorme cantidad de basura que se publica con el pretexto de un “realismo puro”, en novelones que ni están bien escritos ni te dejan un mínimo de inquietud, ni te incitan a la reflexión. Si un libro no te agita el alma al recorrer sus páginas, ¿para qué leerlo? Cuando esto sucede, es mejor salir a recorrer las calles de la ciudad vieja; sentir la caricia del solo el aire, o simplemente sentarte en una humilde banca de nuestra Plaza de Armas y contemplar los edificios cargados de años y de historia. Eso nos deja más que mil páginas de sórdidas historias, que nada bueno dejan.

Tú sabes que hay libros en los que difícilmente llegas a las veinte páginas, y los arrojas, descontento por su contenido; fastidiosos y soporíferos. Nada te ofrecen para mejorar la vida, antes bien, te la complican. En cambio, hay otros que merecen varias relecturas, por la riqueza incomparable que encierran en sus páginas. En éstos hay que caminar despacio para poder asimilar la fragancia de frases bien construidas, cargadas de pensamientos trascendentes.

A veces leo desordenadamente; abro este libro y abro el otro, picando aquí y allá, y aunque esta práctica puede tener muy poco de bueno, nos permite, si no ser amigo de los escritores, por lo menos ser sus conocidos. Por supuesto, esta práctica no es muy recomendable, porque el olvido tiende su capa de polvo sobre lo leído, y no se trata de acumular conocimientos, sino de obtener cultura.

Leamos, pues, libros sencillos, claros, directos. Aquellos que se meten en tu esencia e incitan a cambiar tu actitud frente a la vida haciéndola más fructífera e interesante; más reflexiva y apasionante.

Quisiera, además, comentarte que ha llegado a mis manos un libro que debí leer desde hace muchos años. Es el segundo de una trilogía con tintes autobiográficos de un político como quisiéramos que hubiera muchos hoy. Me refiero a José Vasconcelos, Secretario de Educación en tiempos de Álvaro Obregón. En él, no solamente te enteras de los acontecimientos históricos que rodearon a este hombre, sino de su actividad incansable en pro de la educación en nuestra Patria. Creo que con unos cuantos políticos de esta envergadura, México hubiera tenido otro destino.

Hombre incansable, polifacético y con un acendrado amor a la Patria, nos narra todas las incidencias vividas en su desempeño como servidor público, y, con tristeza, te das cuenta de cómo los políticos de ese tiempo siguieron las viejas prácticas de convertir a la nación en botín de un grupo que, todavía en pleno siglo XXI, sigue creyendo que México es un trofeo de su exclusiva propiedad. Pienso que este señor tiene una estatura gigantesca, no sólo en nuestra Patria, sino en todo el mundo. Incansable viajero y prácticamente desterrado, nos deja en sus páginas –escritas con un estilo muy hermoso– todas las vicisitudes por las que tuvo que pasar por estar en contra de aquel troglodita llamado “Jefe Máximo”. Si quieres conocer algo de nuestra historia contemporánea, es necesario leer a Vasconcelos en esa obra monumental que forman los tres tomos autobiográficos que encierran toda una gama de sucesos que van a mejorar, si los leemos, nuestra postura acerca de la historia de nuestro país. Te envío un abrazo y te saludo con mucho afecto. Mac.