¿Por qué no recuperamos algunas prácticas, Mac?

abrazo amigos

Querido Mac, te saludo con afecto:

Amigo mío, creo que cuando escuchas atentamente a la vida, ésta te ofrece enseñanzas que difícilmente puedes encontrar en las páginas de los libros. Lo inesperado de los sucesos a veces nos coloca en situaciones que, de meditarlas, pueden darle un giro inesperado a nuestra vida.

¿A qué viene todo esto? Hace unos días entré a una tienda para surtir algunas cosas que necesitaba; al pagarlas y dar las gracias, la persona que me atendió pronunció una frase que, de momento, me sorprendió. Me dijo: “Gracias por su compra, que Dios lo bendiga y lo acompañe”.

Te juro que no supe cómo reaccionar; me pareció insólito que alguien me bendijera por comprarle sus mercaderías, y te confieso que fue tan sincero ese deseo expresado por él, que experimenté un gozo interno muy profundo, y un sentimiento de gratitud muy grande nació en mí. Le di las gracias por atenderme y salí de la tienda muy alegre y, al mismo tiempo, pensativo.

Y me pregunto: ¿Por qué se han perdido en la sociedad actual tantas pequeñas prácticas que facilitaban los contactos y hacían la vida más agradable? Podemos poner muchos ejemplos: Ceder en los camiones el lugar a las damas, si todos los asientos estaban ocupados. Saludar a las personas de edad, aunque no las conociéramos. Ayudar a los ancianos, a los discapacitados y a los niños a cruzar las calles, y tantas otras cosas que parecen minucias, pero que endulzan la vida y la mejoran.

Y hay otras cosas que este mundo secularizado ha desterrado totalmente por considerarlas obsoletas y cursis, para cambiarlas por otras más prácticas y anodinas. Quizá recuerdes aquel tiempo en que la Morelia conventual era más silenciosa y calmada; las campanas de la Catedral se escuchaban con claridad y, a las doce del día, a las tres de la tarde y a las siete de la noche, al escucharlas, todos se detenían y respetuosamente rezaban, para continuar su camino al terminar el sonido que se esparcía por todo el valle. Y recuerdo aquel hermoso cuadro de la Oración de la Tarde, en el que Millet magistralmente plasmó la devoción de una pareja de campesinos que, al escuchar el Ángelus, elevan su corazón a Dios.

Son detalles estos que se han perdido en el olvido, en una sociedad que ahora se preocupa sólo por la productividad, los resultados rápidos y el éxito a cualquier precio.

Y me pregunto, mi apreciado Mac, si no sería hermoso y hasta práctico que aquellas conductas retornaran, para humanizar la vida y hacerla más llevadera. En fin, sólo son elucubraciones que nacieron al escuchar un “Que Dios lo bendiga y lo acompañe”. Te deseo, mi buen amigo, lo que esta persona me dijo, tan sincera y bellamente. Mac.