gibran khalil gibran

Quizá estés de acuerdo conmigo en que todas las relaciones interpersonales se dan en el ámbito del conflicto. Todas. Los estudiosos nos indican que cualquier relación tiene un movimiento pendular entre el amor y el odio, otros afirman que el odio es un “amor al revés” y esto causa muchos sufrimientos e incomprensiones en la comunicación entre las personas. Toda relación lleva en su desarrollo una compleja mezcla de emociones, que a veces no acertamos a comprender y que causa fricciones en el grupo familiar y en diferentes reuniones de personas.

Para ilustrar este argumento, me gustaría transcribirte un poema del libanés Jalil Gibrán, donde muestra lo difícil que resulta la comunicación humana. En mi ciudad natal, vivían una mujer y su hija, dos mujeres con toda la ternura y cariño femenino filial. Ellas caminaban dormidas, eran sonámbulas.

Una noche, mientras el silencio envolvía al mundo, caminaron dormidas hasta que se reunieron en un jardín lleno de niebla. La madre habló primero diciendo: “Al fin puedo decírtelo a ti, mi enemiga, que destrozaste mi juventud y que has vivido edificando tu vida en las ruinas de la mía; tengo ganas de matarte”. Luego la hija habló así: “Oh mujer odiosa, egoísta y vieja, te interpones entre mi libertad y mis deseos, quisieras que mi vida fuera un eco de tu propia vida marchita, desearía que estuvieses muerta”. En aquel instante cantó el gallo y ambas mujeres despertaron: “Eres tú, tesoro”, dijo la madre con ternura. “Sí, soy yo, madre querida”, respondió la hija con igual ternura.

Este diálogo nos sorprende por su amalgama de emociones ambivalentes, que ponen al descubierto sentimientos hundidos en nuestro interior, que no nos atrevemos a manifestar por temor a ser evaluados negativamente y con mucho rigor.

Los poetas tienen una mirada que penetra en lo más recóndito del alma y, con la hermosa forma de decir las cosas, nos muestran lo complicado que es el corazón humano.

Al meditar sobre ello, se puede deducir que haya tanta incomprensión en el trato con los demás, porque no hay un diálogo que muestre los sentimientos que experimentamos y, al no expresarlos –por supuesto, con delicadeza, amorosamente– la relación pierde autenticidad y se complica.

¿Quién no tiene momentos de enojo, de fastidio, de hartazgo en una relación? Creo que todos pasamos por esas vivencias. Y se vale.

Pero lo importante es no quedarnos con sentimientos, sean positivos o negativos, soterrados en el alma. Es vital comunicarlos y hacerlo con suavidad y sin lesionar la sensibilidad de los demás.

Amigo querido, una buena a forma de mejorar las relaciones, creo yo, sería no decir nada que no sintamos.

Emerson decía: “Lo que eres habla más que lo que dices”.

Que cada palabra que salga de tus labios la sostengas con tu conducta. Creo que es tiempo de recuperar la credibilidad y restaurar la humanidad y el amor que hemos perdido.

Entonces, a empezar por lograr un mundo más lleno de amor y comprensión. Recibe mi abrazo cálido y mis mejores deseos. Mac.