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Hola Mac, mis saludos afectuosos:

Una vez que ha pasado la algarabía de tanta fiesta, creo que sería bueno hacer algunas reflexiones que nos encaminen a mejorar nuestra vida. ¿Te parece bien? Y me gustaría platicar contigo acerca de la amistad. Hoy tenemos muchos conocidos, pero poquísimos amigos. Lo que hemos ganado en extensión, lo hemos perdido en profundidad. ¿Tenemos amigos? Yo diría más bien que tenemos muchos conocidos a los que tratamos muy superficialmente. Es difícil, con la complejidad de la vida moderna, establecer un diálogo sabroso y útil, que nos permita una comunicación que linde con la intimidad; ahora las almas apenas se tocan, dejando una especie de vacío interior que nos deja desangelados y pensativos.

¿Podríamos decir que nos sentimos amigos del lector de noticias o del comentarista que escuchamos cotidianamente? Indirectamente influyen en nosotros; los vemos en la televisión, los escuchamos en la radio, pero no hay una interacción en ambos sentidos, y eso nos hace sentir incómodos si en algunas cosas que expresan no estamos de acuerdo, porque no hay un "cruce" de miradas ni un apretón de manos que selle la amistad o la expresión de una opinión por parte nuestra.

Falta el contacto físico del buen amigo que al interactuar con nosotros nos ilumina el alma con sus centellas de alegría. Cómo no agradecer las cosas hermosas, originales, preocupantes a veces, casi siempre agradables y hasta las críticas bien intencionadas de personas a las que les importamos, a quienes escuchamos con atención y con simpatía. Son gentes que enriquecen los pensamientos, iluminan la vida y que quizá nos permitan en lo íntimo de nuestro corazón pensar: Gracias, Señor, por esta amistad.

La vorágine de la vida moderna nos impide establecer un diálogo con nosotros mismos, y eso evita la creación de ideas originales que puedan ser comunicadas a los que están más cerca de nosotros. ¿Cómo vivimos los seres humanos de hoy? De prisa, preocupados excesivamente de lo que pasa fuera de nosotros. La televisión y otros medios colocan grilletes en nuestra alma, sólo estamos pendientes de sucesos que son dramáticos unos; dolorosos, otros, y los más, intrascendentes. Llenamos nuestro interior de basura, se nos olvida que en el alma hay territorios inexplorados, en donde existen riquezas de las que ni cuenta nos damos, y quizá nos vayamos de este mundo sin habernos conocido, dejando infecundo el espíritu.

A lo mejor, todos soñamos con realizar grandes cosas, hazañas monumentales, olvidando la belleza y la trascendencia de las pequeñas cosas. No todos estamos destinados a ser personajes de renombre, héroes de la historia, exitosos hombres de empresa o populares artistas de los medios de comunicación modernos. Olvidamos la enorme importancia de las cosas pequeñas, de esas minucias al parecer sin importancia que, debidamente valoradas, nos darían el secreto de una vida fructífera, permitiéndonos hacer de nuestra existencia una obra de arte, de la cual muchos probablemente no se enterarán, pero que el Señor sí conocerá. Qué hermoso será que al llegar a Su presencia nos reciba con una amorosa sonrisa y unas palabras de aliento y de felicitación. ¡Qué suerte, amigo mío! Te envío mis saludos con un gran afecto y te abrazo efusivamente. Mac.