Renueva cada día tu empeño y tu esperanza, Mac

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Querido Mac, recibe mis saludos afectuosos:

Cuenta la historia que, cuando Alejandro Magno decidió conquistar al mundo de su tiempo, repartió su reino entre sus generales, y éstos le dijeron: Alejandro, ¿y para ti qué dejas, y él contestó: “para mí, dejo la Esperanza”, y se lanzó a conseguir su sueño. El resultado es de todos conocido: fue un hombre que cambió la historia de su época y sus gestas fueron conocidas y admiradas hasta hoy.

Sería bueno preguntarnos, ¿y nosotros, cómo andamos de esperanza? En tiempos tan confusos y revueltos como los que vivimos hoy, ¿qué tan esperanzados estamos?, ¿cómo vemos el mundo que nos ha tocado vivir? Te levantas por la mañana con un ánimo optimista, con el deseo de emprender una aventura que te enorgullezca. Te ves en el espejo y lo percibes: es un rostro sonriente y lleno de vitalidad y con deseos de lograr, por medio de tu actividad, cosas que te llenen de satisfacción y sean útiles para ti y para los demás. Sales radiante de optimismo y con una energía que piensas aplicar en tu actividad para beneficio de todos, y cuando te enteras de las noticias y los sucesos que afectan al mundo, el alma siente un puñetazo que duele y lastima opacando la alegría matinal que se experimentaba al despertar. Todo lo que emiten los medios es un atadillo de malas noticias que te dejan sorprendida el alma: actos violentos, asesinatos, robos, accidentes viales que dejan un reguero de lesionados y muertos que enturbian la alegría de la mañana.

Ante esas noticias, ¿qué hacer? Lo que podamos, aunque sean actos que parezcan poco útiles. Si en lugar de lamentarnos de la porquería que es el mundo y todo quede en quejas que nada solucionan, cada uno, haciendo lo poquito que podamos a nuestro alrededor, ¡cómo cambiarían las cosas! Si todos hiciéramos esas cosas pequeñitas que parecen nimiedades, ya sumadas transformarían al mundo rápidamente y el planeta sería más vividero y humano. El mejoramiento del mundo es deber de todos, nadie puede sustraerse a esta encomienda sin ser un egoísta y un malvado. Entonces, manos a la obra. Nadie puede evadirse de algo tan vital como es ayudar a construir un mundo en el que todos vivamos mejor y tengamos las mismas oportunidades. Esto parece una utopía, pero lo cierto es que nadie puede hacerse “el occiso” y dejar de contribuir a mejorar la vida de todos los que habitamos este mundo que es de todos, aunque algunos abusones y vivales se lo repartan injustamente sin compartir con los demás.

Renovemos pues la esperanza, esa virtud teologal que nos permite avizorar un mundo justo y más equitativo para todos. No dejemos que nos envuelva el desánimo ante sucesos que parecen irremediables y que lesionan gravemente el optimismo y la alegría, ante la presencia de nubarrones que ocultan los colores y la belleza de nuestro planeta. Llenemos nuestro corazón de hermosos futuros que nos esperan, si cada uno pone su esfuerzo y su colaboración para que el cambio sea pronto y positivo. Con esa actitud llena de esperanza y con el trabajo inteligente y constante de todos, el futuro será más promisorio y hermoso para todos. Pongámonos a trabajar para hacer realidad los sueños de cada uno en esta Patria y veremos un resultado que a todos nos llene de orgullo por dejar una mejor Patria para todos. Recibe, mi querido, Mac mi saludo cariñoso y el abrazo cálido de siempre. Mac.