¿Te das cuenta, Mac? ¡Se está muriendo gente que nunca se había muerto!

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Querido Mac: Te envío un saludo llenos de afecto:

Siempre que llega el otoño y se advierte la cercanía de la fecha que recuerda a los fieles difuntos, acude a mi memoria el hermoso poema de J.L. Martín Descalzo al que llamó Otoños del alma. Te transcribo parte, para que, como yo, lo goces. “Esta tarde de otoño he salido al jardín, y todo en él lloraba con lamentos de muerte; las penúltimas flores temblaban bajo el frío, se quejaban los árboles con su llanto de hojas, olía a cementerio lo que ayer fue verdura. Y levanté los ojos hacia el cielo para saber, ¡Dios mío¡ por qué has puesto la muerte como horizonte último de cuanto hay en el mundo”…

Hermoso poema que nos recuerda la fragilidad de la vida y nos permite pensar que en este mundo casi todo es efímero. Que duran más las catedrales hechas por la mano del hombre que los seres humanos que habitan este mundo por un corto espacio de tiempo. Se llega a concluir que en esta tierra todo es humo e ilusión. Los hindúes dicen que aquí en este planeta todo es “Maya”, es decir, espejismo y tiende a desaparecer más temprano que tarde. Ya Martín Abril, el prolífico y destacado escritor español, lo mostraba en un pequeño libro que con el título de “Humo” escribiera allá por los años de 1962,es decir a mediados del siglo pasado.

Con todo y múltiples y variados problemas que sufrimos, este hermoso mundo nos parece agradable y vividero y no queremos irnos, aun a sabiendas de que algún día, próximo o lejano, partiremos dejando sólo un tenue recuerdo de nuestro paso por la vida. Por ello es importante cuidar nuestras acciones para que nuestro recuerdo sea bendecido por los que aún permanecen.

Mi buen amigo Mac, quizá hayas observado que, en algunos corrillos de amigos o conocidos, al tratar el tema de la muerte se hace un pesado silencio y se elude la charla. No nos place hablar de algo que además estamos observando cotidianamente. Todos los días vemos cómo muere la gente, pero nosotros pensamos que sí, vamos a morir, pero dentro de mucho tiempo y la charla languidece pasando a temas más agradables. Ya el filósofo español Ortega y Gasset decía que el problema de la muerte no es para los que se van de este mundo: el doloroso sufrimiento es para los que se quedan con el vacío de la persona desaparecida.

Yo pienso que sí, la muerte es un drama humano muy fuerte, pero lo que quizá nos debería atenuar el dolor el gozo de llegar con el Padre Dios, saludarlo con un gran abrazo y entrar en su Reino no como se dice en las esquelas “Descanse en paz”, eso me parece una tontería. ¿Te imaginas estar toda la eternidad si hacer nada? Millones de gentes holgando sin actividad alguna, sería peor que lo que llamamos infierno. ¿O tú qué crees?

Y sobre todo no tengamos miedo: la muerte es tan natural como el nacimiento; además, ¿te parece una tragedia contemplar al Creador y poder platicar con Él, recibir el premio por tus acciones amorosas y llenas de afecto para los próximos que estuvieron cerca de tu vida? Yo diría que más que temer a la muerte, deberíamos temer a una vida sin dejar huella de nuestro paso por este maravilloso mundo. ¿No te parece? En tanto, te envío mis mejores deseos con esta cartita acompañada de un abrazo gentil y afectuoso. Mac.