La paz (junto con una sonrisa sincera) sea contigo, Mac

sonrisa

Querido Mac, saludos llenos de afecto y buenos deseos:

Amigo mío, ¿alguna vez te has preguntado por qué somos tan remisos en ofrecer una de las caricias más hermosas y menos caras que el buen Dios puso en el rostro de cada ser humano: la sonrisa? Esa casi etérea curvatura de los labios que abre el corazón a la comunicación entre los hombres y suscita el encuentro entre las almas invitando a la confidencia y a la amistad. Tenemos la sonrisa guardada bajo siete llaves y, siendo tan fácil de ofrecer, la tenemos arrinconada en el alma, como si tuviéramos un costal de diamantes que no nos atrevemos a mostrar y menos a ofrecer, siendo tan barata y tan redituable en la comunicación con todos los seres humanos. La guardamos celosamente, como si fuera un lingote de oro y que al ofrecerla nos empobrecería dejándonos en la indigencia. Nada más falso. La sonrisa es la manifestación humana de afecto y cariño más bella que podemos ofrecer y que enriquece acercando las almas de las personas a las que nos acercamos para establecer algún contacto, aunque sea momentáneo.

José Luis Martín Descalzo –mi admirado escritor– decía que estaremos más dispuestos a ofrecer sonrisas si, antes de salir a la calle, en el umbral de tu puerta, te detenías un momento y te decías a ti mismo: “Estoy contento” con todo el peso de la sinceridad de tu corazón. Eso, si lo decimos con firmeza y buen ánimo, nos predispone a salir con optimismo y buen humor a repartir afecto por todos los sitios donde vayamos, prodigando alegría y simpatía a todos los seres que nos encontremos, derrochando afecto y una amistosa actitud hacia todas las personas que se crucen en nuestro caminar. Por supuesto, esto no es nada fácil, nos envuelve uno de los miedos más letales: el miedo al ridículo. ¿Cómo voy a manifestar cariño a alguien que no conozco? ¿Cómo recibirá mi actitud; pensará que me falta un tornillo?

Pongamos un ejemplo cotidiano. En la Misa, cuando el sacerdote invita a ofrecer la paz, ves detalles que te asombran. Sólo escuchas u gruñido que nada significa. Las personas estiran la mano con displicencia, como si les fueras a arrancar un pedazo de piel. Ofrecen una mueca de indiferencia y a eso le llaman ofrecer algo tan bello como es la paz del alma. No te miran a los ojos, como si les fueran a quitar un pedazo de alma y, con actitud anodina, como haciéndote un favor, te extienden una mano fría, como si fuera un pescado muerto el que hace contacto con tu mano. Olvídate de la sonrisa. No te la ofrecen porque quizá piensan que se les va a desgastar el alma, y un acto sencillo que pudiera acercar las almas queda convertido en una “musaraña” sin ningún valor. Desperdiciamos lamentablemente una oportunidad de acercarnos a las almas en un momento tan hermoso como es el acto de decir: “La paz sea contigo”, en un acto de amor, si supiéramos lo que eso significa.

Te invito, amigo Mac, a dar el valor que este pequeño acto litúrgico tiene si lo ofreces con sinceridad y amorosamente. Si no se hace así, creo que pierde su objetivo principal. Querido Mac. no pierdas la oportunidad de ofrecer “carretadas” de amor por medio de tu sonrisa, ya verás cómo se te regresa al mil por uno. No dejes de hacerlo, es un secreto para ser más feliz. Te envío como siempre mis mejores deseos en compañía de un fuerte y cálido abrazo: Mac.