Déjame que te cuente la historia de un misionero de verdad, Mac

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Querido amigo Mac:

¿Qué lleva a un ser humano a realizar acciones que parecen sobrehumanas, dejar a familia, amigos, terruño y todo su agradable entorno para ir en pos de un ideal nacido en el alma desde la niñez? Tal es la historia del sacerdote jesuita Segundo Llorente, español de León, que, desde la infancia, marcó su vida por un hermoso ideal: ir a las misiones en las heladas tierras de Alaska para convivir con los esquimales y comunicarles el amor de Cristo, en un entorno con temperaturas de hasta 23 grados bajo cero. Yo no sabía de su existencia hasta que tropecé con su nombre e una revista misionera. Su nombre me pareció desusado y hasta simpático, Segundo y con un apellido muy castellano Llorente. Pues este hombre singular con un ideal que desde niño marcó su vida para siempre, se lanzó a una de las aventuras más grandes de su tiempo. Entró al seminario y al terminar sus estudios se despidió de su familia y se fue a Alaska para emprender la aventura de mostrar a Cristo a los habitantes de aquellas inhóspitas regiones heladas de este planeta.

Por su puesto, se encontró con grandes desafíos empezando por el complicadísimo idioma de los esquimales. Ellos no utilizan los pronombres, solo usan los adjetivos demostrativos para comunicarse, lo que complica el hecho de que la participación entre el hombre occidental y los habitantes de aquellas gélidas tierras sea difícil de establecer. La prueba fue superada después de arduos estudios y eso facilitó que el misionero pudiera desarrollar su catequesis entre los habitantes de aquellas tierras. El padre Llorente tuvo que aprender a convivir con ellos y aprender a alimentarse con algo que a nosotros nos parece poco agradable. Comer unas bolas de grasa de foca, vestir con trajes que lo defendieran de las bajísimas temperaturas y vivir en los “iglús” que sirven de habitación para aquellas gentes

Lo que más me impresionó fue la enorme alegría que siempre derrocho en su actividad misionera. Al ver su fotografía, lo que más agrada es su sonrisa, la expresión luminosa de sus ojos y la actitud receptiva de su lenguaje corporal. Los esquimales terminaron aceptando y queriendo a aquel hombre que los comprendió y os amó intensamente. ¿Cuánto tiempo estuvo el Padre Segundo en esa misión? ¡40 años!, comunicando la doctrina del Maestro bueno en aquellas latitudes. dejando la semilla del amoroso ejemplo de Jesús.

Y la pregunta que salta es: ¿Conoces tu a algún “redentor” de los que abundan en la política, que esté dispuesto, por ejemplo, a ir unos meses con los indígenas para aliviar u poco los sufrimientos y la marginación de que son objeto? Solo promesas se escuchan. Decenas de planes y de programas duermen en los escritorios de muchos trepadores de la pirámide quienes dicen servir al pueblo y no sucede nada de lo que prometen. La situación de los pobres y marginados empeora cada vez más y lo que vemos es que cada año se añaden miles de indigentes a las estadísticas que se publican sin que suceda nada efectivo.

La verdad, no creo que en este tiempo existan Padres Segundos que se atrevan a ofrecer su vida y actividades a aliviar el sufrimiento de los pobres y marginados de nuestra patria. Sin embargo, no perdamos la esperanza en un futuro mejor para todos los que vivimos en este país. Recibe mientras tanto mis saludos esperanzados en un mejor porvenir para todos. Un abrazo. Mac.