"En la Iglesia hacen falta más militantes que adeptos, Mac"

18 786263 manualRecibe mi afecto y un saludo corazonado:

Hoy tuve la fortuna de escuchar una homilía dominical que me dejó el alma con más respuestas que preguntas. El Sr. Obispo Auxiliar D. Hércules Medina Garfias en la Misa de las 9 de la mañana por la TV, expresó unos pensamientos que, espero, hayan penetrado profundamente en la mente y en el espíritu de los fieles. Con lenguaje sencillo, sin florituras ni angelismos, nos invitó a no estar pidiendo a Dios lo que nosotros podemos hacer con las facultades y la inteligencia con que nos dotó, para dar solución a los problemas que vamos encontrando en el camino de la vida y que con actividad y trabajo podemos solucionar sin estar constantemente pidiendo y esperando que la Providencia lo haga por nosotros.

Estas palabras penetraron en el alma como un hermoso mensaje en muchos de los fieles, tratando de eliminar esa cómoda posición de estar sentados e inactivos, esperando que el Señor haga por nosotros lo que cada uno debe de hacer, para despejar de obstáculos el sendero de cada vida que pasa por este mundo. Desde hace siglos se instauró la tradición de que Dios quite de nuestro sendero todos los problemas que aquejan al hombre y nosotros permanezcamos perezosamente sólo estirando la mano, recibiendo lo que pedimos al Creador, sin nuestra intervención. Alguien decía muy atinadamente: “Cuando un padre ayuda y sostiene a su hijo pequeño, todo el mundo aplaude y ríe; cuando un padre ayuda y sostiene a su hijo adulto, todo mundo llora”.

Se me ocurre que los laicos iniciemos una actividad en unión con los sacerdotes, para proponer que en las Eucaristías de cada día, se preparen con cuidado las homilías, proponiendo que sean cortas, sencillas y sin florituras para que lleguen al corazón de los fieles, las escuchen con atención y salgan a la calle a ponerlas en práctica en sus actividades cotidianas. Por supuesto, esto requiere un arduo trabajo tanto de los fieles como de los sacerdotes. Y como en todos los movimientos que pretenden cambiar al mundo, es necesario formar líderes que emprendan e inicien este difícil camino. Recordemos aquel proverbio chino que eliminaba toda posibilidad de fracaso: “Un camino de mil kilómetros se inicia con un primer paso”. ¡Pues, démoslo!, y seamos los primeros en colaborar para que un nuevo amanecer en la Iglesia sea posible. Es necesario acabar con lo que el sacerdote José Antonio Pagola decía en uno de sus libros: Es preciso acabar con una Iglesia llena de “adeptos” y sustituirlos por verdaderos militantes que lleven a la práctica en todos lados las enseñanzas de Cristo y su doctrina de amor y comprensión hacia el prójimo.

Esto, que de momento es sólo un sueño, se trasforme en una realidad que permita una época de paz y comprensión en este mundo que, por ahora, se encuentra en una crisis de violencia y de desencuentro de las almas que hacen sufrir a los que lo habitamos. Tenemos la esperanza de un cambio que inicie una nueva era de comprensión entre todos los que vivimos en él.

Mientras esto se hace realidad, te invito, amigo querido, a contribuir a que en esta sociedad, tan revuelta y compleja, encontremos el camino de la hermandad entre todos nosotros. Recibe como siempre mis deseos por tu bienestar y el de todos y el cálido abrazo que siempre te envío. Mac.