El corazón no envejece, el cuero es el que se arruga, Mac

envejecer no significa hacerse viejo

Mi buen amigo Mac:

¡Me llegó el tiempo! Empiezo a dar aldabonazos al portón de la senectud. La vida transcurre casi sin sentir y de pronto te encuentras ante el fenómeno de una notable pérdida de la energía que te acompañó en la juventud y en la madurez. Empiezas a sentir que las calles son más largas, que las banquetas son más altas y que es peligroso atravesar las avenidas con mucho tráfico, hay que hacerlo con mucho cuidado. Los pasos son más lentos, la vista es menos clara y aquel garbo con el que caminabas se ha acompañado por un bastón. El cambio me tomó por sorpresa y empezó, para mí, la no aceptación de esa realidad que a todos llega a su tiempo y que no podemos evitar.

Hubo días muy pesados porque muchas de las cosas que hacía ya no era posible realizarlas, la irritación y el enojo se instalaron en mi espíritu y pasé meses con una tristeza que me oprimía el alma. No me daba cuenta de que, como el Quijote, estaba luchando contra los molinos de viento, y el sufrimiento se acrecentó, en lugar de disminuir.

Tuve la gran fortuna de que mi hermana María me obsequiara un libro que en alguna Carta anterior te comenté y que me abrió un nuevo amanecer y un optimismo bien fundado. Si lo recuerdas, el libro se intitula “Las puertas de la tarde. Cómo envejecer con esplendor”, y su autora es Dolores Aleixandre. Las sugerencias que hace son como unas pepitas de oro que te permiten ver la vida –en la tercera edad– con una óptica llena de alegría y de aceptación de una realidad que no podemos eludir y, si es aceptada alegremente, nos permite tomar conciencia de que, sin importar la edad, los “betabeles” todavía tenemos mucho que aportar a la vida para hacerla más hermosa y útil para los demás.

Hay que cambiar totalmente las ideas que hay ahora sobre la vejez. Lo publicó Deepak Chopra en su libro: “Cuerpos sin edad, mente sin tiempo” y que te transcribo por considerarlo muy importante:

“Si lo joven es bueno, lo viejo debe ser malo. Si los jóvenes lo tienen todo lo viejos deben estar perdiéndolo. Si lo joven es creativo y dinámico, lo viejo debe ser tonto y serio.

“Si lo joven es hermoso, lo viejo debe ser feo.

“Si lo joven es excitante, ser viejo debe de ser aburrido. Si los jóvenes están llenos de pasión los viejos deben de ser indiferentes.

“Si los niños son nuestro mañana, los viejos deben de ser nuestro ayer”.

Todas estas premisas parece que han sido aceptadas sin meditarlas. L o importante es no permitir que entren en nuestra alma y, sin importar la edad que se tenga, no permitir que se nos arrugue el alma. Recordemos al Papa San Juan Pablo II que expresó, algunos meses antes de morir: “Soy un joven de 84 años”. Ése es el ánimo y la actitud con la que debemos vivir hasta que nos toque entrar en la eternidad.

Recibe, como siempre, mis parabienes y mi saludo lleno de un cariño afectuoso y sincero. Un fuerte y cálido abrazo. Mac.