Como cada cuatro, años, enajenados por el futbol, Mac

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Saludos afectuosos, querido Mac:

Por fin, terminó el Mundial de Futbol. Gracias a Dios, porque cómo nos tenían enajenados hasta el cepillo escuchando a todas horas las incidencias de los partidos: los comentarios de los narradores y los pronósticos de los conocedores de este bello deporte convertido en un espléndido negocio que se ha explotado en todo el planeta y del que gozan unos grupos que se han adueñado de este fenómeno deportivo que se disfruta en todo el mundo.

Que el futbol es un fenómeno mundial, nadie lo puede negar; lo han estudiado minuciosamente los científicos de la conducta. Sociólogos, psicólogos, psiquiatras y estudiosos del quehacer humano. Hasta los humoristas y escritores han dejado caer sus opiniones sobre este frenesí que se ha apoderado de las masas en una forma contundente. El escritor inglés Chesterton escribió sobre él opinando sobre “la tendencia del ser humano a seguir utilizando los pies en lugar de la masa encefálica” y Fernández Flores decía que “era curioso que 22 hombres en calzoncillos corrieran ardorosamente detrás de una pelota, siendo que lo lógico sería lo inverso: que los 22 hombres corrieran desaforadamente detrás de un calzoncillo”.

¿Qué vieron millones de gentes en los medios? La habilidad técnica de los jugadores para patear el balón con efectividad y así vencer al adversario, teniendo como marco a miles de espectadores deseando que ganar su equipo favorito, gritando, manoteando y dejando escapar algunos insultos por jugadas equivocadas. Vimos el sufrimiento de los directores técnicos al ver que algunos jugadores no seguían sus indicaciones, y al final del Campeonato fuimos testigos del llanto de los perdedores y el júbilo de los ganadores.

¿Qué secretos sentimientos están en el fondo de los espectadores que se comportan de formas totalmente infantiles y en ocasiones muy agresivas? Lo vimos, desafortunadamente, en la “fiesta” por la victoria de Francia. Se desbordaron las pasiones. Afloraron las frustraciones de miles de aficionados que con el pretexto de celebrar la victoria de su equipo, se dedicaron a saquear comercios, a destrozar autos y romper cristales de muchos comercios y a dar ejemplos salvajes de la forma como una turba de patanes “celebra” la victoria de un equipo y manchan idiotamente la fama y la civilidad de una nación como Francia.

¿Qué secretas frustraciones hay en una turba de gañanes que se comporta de forma tan primitiva? Así como hay sociólogos que estudian el fenómeno del deporte del balompié, habrá que estudiar por qué miles de gentes se comportan tan salvajemente con el pretexto de ganar un Campeonato. Algo está podrido en esa sociedad y habrá que atenderlo antes de que se convierta en un problema mayor.

Quizá por ello muchos niños y jovencitos que no ven oportunidades de progreso empiezan pateando botes de cerveza, con la esperanza de descubrir habilidades que les permitan llegar a ser jugadores de renombre y ganar cifras millonarias. Sueños que muy pocos alcanzan.

Otro fenómeno que nos está afectando es que apenas termina un Campeonato y ya estamos pensando en el de los siguientes cuatro años. Vivimos anticipadamente el futuro y, por supuesto, tenemos que pagar el precio por vivir aquí y ahora. En el pecado Ilevamos la penitencia. Guarda el balón por lo menos un mes. Y vive otras aventuras Recibe como siempre mi saludo cariñoso y acepta el cálido abrazo que siempre te envío: Mac.