Deja el futbol y las novelas, Mac, y piensa bien cómo vas a votar

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¡Hola, amigo querido!

Acabo de ver en la televisión un suceso que me arrugó el alma y me dejó un sentimiento de venganza en contra del tipejo que lo cometió. Una ancianita, con su bolso en la mano, se acercó inocentemente a una camioneta para preguntar algo al que la manejaba y este malnacido le arrebató al bolso con violencia y arrancó su vehículo dejando tirada en el suelo a su víctima huyendo cobardemente. Estos sucesos son de los que dejan en el alma un deseo casi irrefrenable de desaparecer a quien los comete o castigarlos con todo el rigor de la ley. Queda grabada en la mente –quizá durante mucho tiempo– la imagen de algo tan cruel que sucede cotidianamente en diferentes ciudades.

Y la pregunta que salta en la mente es: ¿Qué nos está pasando a los seres humanos, que somos capaces de realizar tales tropelías? Cómo explicarse algo tan deleznable en contra de un ser indefenso que no puede responder ante ataque tan artero y tan vil. Creo que ni los animales pueden efectuar ataques tan graves en contra de su propia especie. Y sin embargo el hombre, ser pensante, puede hacer un daño irreparable a un semejante. ¿Qué tendrán estos sujetoides en su pecho en lugar de corazón? Y ante la impotencia de sufrir un acto tan cruel por parte de un homínido, nos queda en el alma un sentimiento de frustración y desencanto, al ver que una persona realice tales actos que atentan contra sus semejantes y queden sin castigo.

Y la televisión, esa caja mágica situada en lugar preferente de casi todos los hogares, nos informa cada mañana de la violencia, casi imparable, que afecta a todos sin excepción y nos da cuenta de las decenas de muertos que aparecen a lo largo y ancho de la Patria. ¿Eso nos afecta? Ya no. Casi ni nos importa. Mientras no nos afecte personalmente a nosotros, seguimos sumergidos en fenómenos de masas como el futbol y otros deportes que nos tienen dormidos y casi idiotizados. En los corrillos de la gente sólo se habla de equipos de futbol. ¿Fue penal o no? ¿Ganó el América y perdió el de las Chivas? Y así nos pasamos el tiempo discutiendo puras nimiedades, mientras en la Patria se juega el destino nuestro y de los hijos, ante las próximas elecciones del primero de julio. Nuestros valores están devaluados, nos importa más quién patea mejor un balón que elegir con cuidado quien quede al frente de los destinos de la Patria. Y, mi querido Mac, en el pecado vamos a llevar la penitencia, por andar recordando a la madre de los árbitros, nos olvidamos de lo más importante y urgente, y pagaremos con creces nuestro descuido y desinterés por las cosas que realmente valen que nos ocupemos por ellas.

Sigamos gritando a todo pulmón ¡goooooool! y si seguimos sin que nos importen las cosas que verdaderamente nos afectan más pronto o más tarde nos lamentaremos el Día de la Madre y el resto del año. Recibe como siempre mi afectuoso saludo y un cálido abrazo. Mac.