Tenemos toda esta semana para pensar en lo que más importa, Mac

maxresdefault 1

Querido amigo Mac:

En este domingo me gustaría reflexionar contigo sobre este suceso tan importante y vital para cada ser humano. Desde la infancia, recuerdo que la culminación de la Semana Santa era el Domingo de Resurrección. Después de la Cuaresma, que en la niñez nos parecía muy larga y con las vivencias de una semana de celebraciones religiosas, llegaba el ‘Sábado de Gloria’ –ahora Sábado Santo– con la quema de los ‘judas’, que nos permitían un gozo que no alcanzábamos a comprender, como no entendíamos la enorme trascendencia de la Resurrección del Salvador.

Recuerdo que los sábados nos enviaban los padres a la “doctrina” y ahí trataban de explicarnos el portento de Cristo Resucitado. No entendíamos nada porque repetíamos como pericos lo que no era bien explicado y menos bien entendido, dada nuestra edad y la poca pedagogía de los “catequistas”. Y creo que ya en la edad adulta y la madurez, muchos seguimos sin entender el hermoso y profundo significado que este admirable suceso histórico tiene para cada ser humano.

Al recitar el credo en la celebración de la Misa, decimos: “Creo en la Resurrección de la carne y la vida perdurable” Amén. ¿Eso qué significa? Pues nada menos que Jesucristo, el Maestro Bueno nos invita a no temer a la muerte y nos ha dejado la esperanza de tocar las puertas de la eternidad que nos consiguió con su Pasión y Muerte, unidos a la promesa de una vida que no termina al dejar este mundo. No es poca cosa, ¿verdad? Por ello, el temor a la muerte debe desaparecer de nuestros miedos. Al resucitar Cristo, nos unió con Él para lograr pasar los umbrales de la eternidad con el gozo y la alegría de una vida mejor y más fecunda que la que hoy experimentamos. Jesús derrotó a la muerte y nos invita vivir con Él el gozo de saber que la vida continuará después de ese paso que todos debemos dar, a su tiempo, y que a muchos nos asusta y tratamos de negar mientras vivimos.

Desterremos los miedos, y mejor tratemos de edificar una vida que nos haga acreedores a cruzar el portón de la eternidad sin sustos ni sobresaltos. Tratemos de vivir con honestidad, manejando valores que nos llevan a disfrutar de las promesas de un Dios que se hizo hombre, mostrándonos los senderos del amor y de la comprensión, dejando una doctrina que nos lleva a la hermandad y a la justicia, para vivir en un mundo más humano al practicar las enseñanzas que Él nos dejó en su paso por este planeta.

Sólo me gustaría añadir, mi buen Mac, que hayas vivido una Semana Santa con mucha reflexión sobre los hechos que recordamos y que las vivencias de los viernes de Cuaresma con la sabrosa capirotada, el arroz con leche y polvo de canela y la bebida de agua con betabel y lechuga hayan adornado tus recuerdos al revivir las experiencias de un pasado que fue hermoso y que podemos renovar para encontrar una felicidad a la que estamos llamados todos. Te deseo una Pascua con plenitud y llena de esperanzas por una vida mejor para todos. Recibe mi cálido abrazo y mis mejores deseos. ¡Ánimo!: Mac.