Cada día es más difícil no enajenarse, Mac

nuevas tecnologias

Querido amigo Mac:

Estamos viviendo el imperio de la imagen. La televisión y el internet con sus redes sociales, han encontrado la forma de instalar grilletes en el alma, convirtiéndonos en esclavos visuales de emisiones que “tragan” nuestro tiempo casi sin sentirlo. La fascinación por la cultura de la imagen en movimiento ha dominado nuestra atención y podemos pasar horas y horas pendientes de ese ubicuo aparato que en millones de hogares se sitúa en el lugar preferente de la casa. Una pantalla nos tiene prendidos, con la atención constante en lo que quienes manejan a su arbitrio los medios de comunicación nos entregan. Y ahí nos tienen por horas y horas sumergidos en los programas y emisiones que se nos “entregan en vivo y a todo color”.

Estamos tan enajenados por la imagen, que perdemos la noción del tiempo y nuestro cerebro se obnubila, olvidando el pensamiento reflexivo que discrimina lo útil de lo superfluo; ello nos lleva a tomar decisiones equivocadas respecto de muchas cosas, incluyendo las verdaderamente importantes. Da la impresión de que estamos oprimidos por una serpiente enorme que nos impide pensar con claridad por estar prendidos de la imagen, perdiendo la capacidad de reflexión.

Pero, ¿qué es lo que vemos en la pantalla? ¿Cuál es el alimento cultural, espiritual o humano que nos entregan los cientos de canales que penetran en nuestros hogares? Toneladas de basura, empezando por las telenovelas, que ocupan las horas más importantes del día y donde el común de las gentes aprende a odiar, a asesinar, a engañar y a mentir. Todas las pasiones y los sentimientos negativos se deslizan en los argumentos repetitivos que nos presentan en los “teleculebrones” día tras día, penetrando en el alma del espectador y modificando de alguna forma sus criterios. ¿Qué observamos en las telenovelas repetitivamente? Gritos estentóreos, golpes, infidelidades, en donde salen a relucir armas y estallan las pasiones destrozando familias. Programas noticiosos que nos dan todos los días montones de noticias negativas que enturbian el optimismo y provocan el miedo cada día. El resultado de todo esto es una nube de inquietud que oculta todo lo que de bueno hay en las almas de las gentes. Así estamos, infortunadamente.

Otra cosa que está ocurriendo es que uno de los atributos más hermosos que el Creador nos regaló está desapareciendo: la imaginación. Ese don tan hermoso está casi en agonía. Todo lo queremos remasticado. Nos da flojera pensar e imaginar y queremos que todo nos lo den ya cocinado para que no pensemos y, por ello, uno de los dones más hermosos del Creador está en crisis.

El resultado es que el hábito de la buena lectura está desapareciendo. Ahora leemos revistas ilustradas con dibujos de héroes poderosos que nos hacen soñar con tenerlos y escapamos de la realidad a través de fantasías imposibles, que nos llevan al mundo de sueños impracticables. Aquellas horas entregadas al hermoso placer de un buen libro escrito con maestría, que nos enseñaba el arte del buen decir y nos llevaba al arte del buen obrar, casi ha desaparecido. Es muy lamentable y estamos pagando un precio muy alto por nuestro descuido. En el pecado llevamos la penitencia. ¿Podremos reaccionar ante los hechos que ya nos abruman? Hay ciertas dudas. Estamos tan inmersos en la mediocridad, que se necesita un fuerte movimiento que revierta esta situación. Ojalá se logre. Recibe mi saludo cariñoso y el abrazo cálido de siempre. Mac.